Los fichajes de Trump

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Andy Robinson

Trump ficha al gran calamar-camaleón-gatopardo chupa-sangre

 

TrumpEl poderoso conglomerado financiero Goldman Sachs apoyó a Hillary Clinton en las elecciones pero ahora se reacomodó tras su rival.

Washington,- Tras el nombramiento del veterano financiero del todo poderoso banco Goldman Sachs, Gary Cohn, para presidir el Consejo Nacional de Asesores Económicos en la Casa Blanca de Donald Trump, no solo se comprueban las cualidades gatopardianas del faux populismo de Donald Trump, que se describieron aquí.. Demuestra también las cualidades reptiles de Goldman tal y como se explicaba ayer de manera muy oportuna en el suplemento Dinero de La Vanguardia.

Cuando el periodista “gonzo” de Rolling Stone Matt Taibbi calificó a Goldman Sachs como un calamar gigante vampiro con su tentáculo global extendido por todo el planeta chupando la sangre , se le olvidó mencionar su piel del camaleón. Cambia de color según el entorno político y económico. Goldman se adapta a cualquier gobierno que le abra la puerta giratoria desde Washington a Nueva York. Hasta el de Trump. Solo Boy George lograría describir la capacidad de Goldman Sachs para demostrar que los presidentes de EE.UU.- desde Ronald Reagan, George Bush (ambos), Bill Clinton y Barack Obama- son sus amantes y no sus rivales.

En la campaña electoral Goldman financiaba a Hillary Clinton, cuyo compromiso con la disciplina fiscal y la globalización,- tan imprescindible para una responsable gestión macreconómica, según los expertos de Goldman-, estaba comprobado frente a la retórica proteccionista y los planes de elevar el déficit de Donald Trump. Hillary había entrado dentro de la barriga del gran calamar-camaleón, dejándose digerir y disolverse en todo tipo de jugos estomacales, para dar una serie de conferencias (cobró más de medio millón de dólares) cuyo contenido fue filtrado por Wikileaks y puede leerse en este libro.

Quedaba muy clara en esas conferencias la preferencia del presidente de Goldman Lloyd Blankfein por los Clinton. Blankfein, al igual que Bill Clinton, es un incondicional de Davos y de la globalización filantrópica y lucrativa de monopolios transnacionales que Trump supuestamente rechaza. (Dicho sea de paso, no sé si la decisión del Foro Económico Mundial de rechazar mi solicitud de acreditación para Davos el mes próximo tiene que ver, pero Blankfein me dijo hace tres años en Davos cuando traté de preguntarle si los fondos buitre de Goldman compraría más viviendas públicas en Madrid: ”No venimos a Davos para hacer esto (o sea, hablar con periodistas como yo)”. Blankfein se llevaba de maravilla con Hillary y odiaba la retórica proteccionista de Donald Trump que sacó partido de eso tachando a Clinton de la candidata de los odiados banqueros de Wall Street.

Pero el calamar-camaleón no tardó en cambiar de color tras las elecciones presidenciales.. Cohn será el aliado goldmanista en la Casa Blanca del nuevo secretario del Tesoro Steve Mnunchin, que pasó 17 años en Goldman también antes de incorporarse al mundo híper especulativo de los hedge funds. Ambos irán adoptando los elementos más apetecibles del ecléctico programa electoral de Trump como recortes de impuestos por mas de 1.000 millones de dólares que sumarían cientos de millones de dólares a la deuda publica. . Mientras, irán suavizando los instintos anti globalización del inmobilario delirante.

La mega deuda que se vaya generando en EE.UU. será una mala noticia para los operadores del mercado de bonos del tesoro en el rascacielos de Goldman en Jersey City. Pero, “hey!”, no se preocupe, el camaleón tiene mil colores. Sus operadores del mercado de divisas y los brokers de la Bolsa en sus respectivos departamentos de Goldman Sachs se lo están pasando pipa. Los índices Dow y S&P han batido los récord en Nueva York desde el anuncio del plan de Trump de recortar impuestos–sobre todo para las rentas más altas y los beneficios empresariales- por nada mensos que cinco billones (con B) de euros, de invertir en infraestructura y aumentar el gasto militar. Y el dólar acaba de alcanzar su cotización más alta desde el 2002.

En los noventa Robert Rubín, ex presidente de Goldman explicó al joven Bill Clinton que para satisfacer a los mercados la estrategia tendría que ser la reducción del déficit para permitir bajadas de tipos de interés. (“¿quieres decir que mi programa económico depende de un jodido panda de operadores en bonos?””, se lamentó Clinton en 1993). Rubín explicaba que la disciplina fiscal y la expansión monetaria serian la policy mix para la nueva era de globalización. Funcionaria para que Clinton fuese reelegido pero a finales de los noventa la enorme burbuja que el dinero barato inflaba en Sillicon Valley pronto llegaría a su gran pinchazo.

Ahora Mnunchin y Cohen defienden justo lo contrario. La política fiscal sumará cientos de millones de dólares a la deuda pública y probablemente abrirá el camino a una serie de subidas de tipos de interés. . El instituto Capital Economics calcula que el déficit público subirá del 3,5% del PIB al 5% del PIB. Es el policy mix de políticas fiscales muy expansivas, y una política monetaria más restrictiva de lo que se pensaba. (Ya veremos que dice Janet Yellen). Y si Rubín, al igual que Blankfein, era el defensor de la globalización modelo Davos, Mnunchin y Cohen ,al menos en su discurso público, tendrán que hacer concesiones a una nueva era de nacionalismo económico que horrorizaría a los Goldman Sachs de los noventa. No es por nada, quizás que Mnunchin en sus actividades en Hollywood haya producido una película (dirigida por el actor de izquierdas Warren Beatty) titulada: “Rules don’t apply” (las reglas no importan).

¿Hasta qué punto será Trump una ruptura con el mundo del Goldman Sachs anterior, cuya piel sintonizaba con los Alpes nevados de Davos? Para buscar una respuesta, hablé con Sherle Schwenninger, que lidera la mesa redonda del World Policy Institute en Washington en la que participan varios asesores de Trump.

“Creo que veremos una suerte de keynesianismo militar”, explicó . “El Congreso tanto los republicanos como demócratas no van a aceptar grandes inversiones en infraestructura financiadas por la emisión de deuda, así que quedan los recortes de impuestos y el aumento del gasto en defensa”. Según las dimensiones pactadas del programa de infraestructura, la economía crecerá entre el 3% y el 5%, sostiene.

Trump quiere oponerse con vigor a lo que considera el mercantilismo de China y Alemania, siguió Sherle. “No puede ser que Alemania mantenga un superávit por cuenta corriente del 8%”, dice Schwenninger. Wilbur Ross, el nuevo secretario del Comercio, y Peter Navarro, uno de los asesores económicos de la campaña, han roto con el consenso económico dominante en Washington al resaltar que los déficit comerciales registrados por EE.UU. han sido un freno para el crecimiento .

Trump no firmará el acuerdo transpacífico pero Schwenninger cree poco probable que desmantele acuerdos existentes como el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá o que aplique aranceles a las exportaciones de China. “No lo va a poder hacer; intentará satisfacer el voto anti TLC mediante la repatriación de inversiones.”, dice.

Pero el súper dólar no ayudará al nacionalismo económico de Trump. Y, por mucho que se renegocie los acuerdos comerciales y se mejore la “competitividad fiscal” de las empresas estadounidenses en el extranjero para que vuelvan a localizar su producción en tierra estadounidense, será muy difícil reducir el déficit comercial si el dólar no se deprecia. Las expectativas del crecimiento, las bajadas de impuestos corporativos y las subidas de tipos de interés están ejerciendo cada vez más presiones alcistas sobre el dólar. Mucho dinero se dirige hacia los mercados de Nueva York. (Por cierto, ojo lo que pueda ocurrir en las emergentes como Brasil si salen los flujos de dinero caliente para regresar a Wall Street).

Hay quienes creen que Trump tratará de negociar un gran acuerdo para bajar el billete verde al igual que se hizo con Japón con el acuerdo Plaza de 1987. Pero “el resto del mundo, Europa, China, esta en muy malas condiciones; mucho peor que EE.UU. Trump le gustó el Acuerdo Plaza pero no creo que pueda hacer nada ahora”, dijo Schwenninger. En cualquier caso, aunque la sobrevaloración de la tasa de cambio fuerte machaca al sector manufacturero y la white working class que Trump supuestamente iba a salvar, Goldman y Wall Street siempre se ven beneficiados por el dólar fuerte.

 

URL Corta: http://bit.ly/2hL6XGS

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