La educación ambiental no es nueva

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Bárbara Saulesleja

clasessEs resguardar el patrimonio y saber conectarnos con el “espíritu del lugar”

La educación ambiental si se considera únicamente como una metodología, procedimientos, ciertas recetas “a aplicar”, “mensajes a transmitir”, dar información ambiental, puede no ser una alternativa a mejorar la situación ambiental actual.

La educación ambiental no es nueva. Sí el concepto pero no la práctica en la gestión de los territorios.

Proponemos recuperar lo saberes ambientales y la identidad como remedio contra el “no-espacio” que impone el capitalismo y toda forma de materialismo actual. Para ello debemos entendemos al ambiente como patrimonio natural y cultural, material e inmaterial y trabajar desde los saberes ambientales que ya se poseen, desde la identidad y el resguardo del espíritu del lugar.

No todos pensamos lo mismo al hablar de “educación”

La educación ambiental fue definida de diferentes maneras según autores, contextos, épocas, esto no debería llamar la atención a las personas vinculadas a la educación ya que al mismo concepto de educación le ocurre lo mismo.

Como podemos ver en Feldman1 en la tradición educativa se fueron gestando dos maneras de concebir a la “enseñanza”. Para unos consiste en “poner” cosas en la mente de los niños y para otros la enseñanza se ocupa de “sacar” o permitir que se exprese lo que el sujeto trae.

El autor sostiene que estas posiciones están relacionadas con tradiciones pedagógicas que consideran al niño como una tabla rasa o que lo abordan como un sujeto con potencialidades, las cuales la educación debería promover su desarrollo.

En el primer sentido encontramos que el término “Educación” según el filósofo griego Platón es “educir”, la cual se identifica con “sacar de adentro”. En su obra “La República”, el filósofo Sócrates va a explicar que quien enseña en realidad actúa como “un partero de almas”.

En el segundo el niño se considera una tabla a la cual debe darse forma y en la que se puede escribir cualquier elemento. Esta fue la concepción que predominó.

Nos identificamos con la primera visión sobre la educación, ya que esa definición se basa en la idea de que la educación debe apuntar a educir lo que el individuo ya sabe, a despertar sus potencialidades internas y el aprender-enseñar es un proceso continuo, de igual forma lo promueve la UNESCO después de siglos: el concepto de Educación Permanente, brindado por la UNESCO (Tokio, 1972), trata de llevar a la educación a todos los niveles de la vida con la intención de que la reciban y la ejerciten todos y cada uno de los hombres. 2

“Desde Platón (que abogó por la educación a todo lo largo de la vida del hombre) y Condorcet (según el cual la instrucción debía abarcar todas las edades), y sin olvidar a Comenius (“ toda la vida es una escuela para los hombres, del nacimiento a la tumba”) ni tampoco la transmisión oral y de modo no formal de sistemas históricos precapitalistas- como, por ejemplo, en los imperios Azteca, Otomano, Mongol, Tokugawa, Bantú, Ming y que aún son una forma de educación permanente en nuestros días; hasta llegar a los esfuerzos mas recientes de conceptualización -UNESCO ( 1960, 1984, I989… I995)” (…). “Existe un consenso en que el aprendizaje del hombre no termina (ni comienza) con la escuela, sino que es un proceso que dura toda la vida”.3

Diversos saberes, culturas, formas de vincularse entre comunidades con su contexto en el contexto de la globalización homegeneizante son una muestra de la inexistencia de una receta única: en donde está quien “concientiza” al otro sin más que ser un sacerdote, un idealista, un héroe, mientras que el otro, los otros, son receptores, es un enfoque que se pretende en este escrito cuestionar.

Autores latinoamericanos como Eloísa Tréllez han planteado imágenes que pretendemos rescatar como la “danza de la pedagogía ambiental”4.

También tenemos las distintas experiencias, concretas, a lo largo de todo el mundo de cosas que ni se llaman educación ambiental pero que lograr un escenario positivo para que la comunidad humana pueda desarrollarse y conservar, usar sin agotar, desarrollarse cultural, espiritualmente y materialmente sin necesidad de recurrir a un modelo único didáctico.

Volver al pasado para recuperar el sentido del presente

Entrar en una máquina del tiempo viajar a la historia oficial de la educación ambiental, nos llevaría a la Conferencia de Tbilisi.

Sin embargo si en nuestra posibilidad ir hacia el pasado y tratar de encontrar indicios de la EA nos encontraríamos en un pasado remoto, en lugares muy distintos, contextos, un abuelo, un nieto, una comunidad, un tejido, una cueva, un mito, una narración, un fogón, una danza, un conocimiento sobre cómo cultivar, cuándo cosechar.

Como comienza un estudio mexicano5, podría entenderse de otra manera el origen de la Educación Ambiental (EA):

“Para comprender el origen de la EA en nuestro país hay que reconocer la labor educativa de las culturas indígenas prehispánicas, la acción e interpretación del mundo de los diferentes grupos como el maya, náhuatl, purépecha, etc. Las expresiones manifiestas en más de 63 idiomas indígenas actuales abordan la relación entre las comunidades humanas y su entorno(..). ” 6

Esto que se menciona para México podría considerarse para otros países de todo el mundo.

Un origen más antiguo que el mencionado mayormente dentro de la historia de la Educación Ambiental. Por lo tanto una larga tradición que vale la pena ser reconocida.

Esto le devuelve valor a los saberes ambientales de culturas nativas.

Saberes guardados en leyendas, en canciones, en cuentos, en la forma de vivir de estas culturas y que podemos colaborar en recuperar, fortalecer y compartir.

Saberes ambientales

“El saber ambiental busca saber lo que las ciencias ignoran porque sus campos de conocimiento arrojan sombras sobre lo real y avanzan subyugando saberes. En este sentido, el saber ambiental lleva a construir nuevas identidades, nuevas racionalidades y nuevas realidades” (LEFF1 7)

Esta frase nos invita a ser humildes. No es el saber científico sinónimo de saber ambiental.

Al trabajar con la gente no caer como salvadores y sabelotodo, sino ante todo respetuosos con el otro.

El recuperar los saberes ambientales, su puesta en valor, el poder brindar información ambiental global de lo que sucede con un ambiente, con la biodiversidad, etc. Permite reconocer que a pesar del avasallamiento de la globalización y el consumismo. Hay saberes, entonces: hay esperanza.

Sobre todo rescatar saberes ambientales y ayudar a potenciarlos es el objetivo.

El espíritu del lugar

Educar ambientalmente para muchos de nosotros no es “poner” sino “sacar”, educir. No es poner información ambiental, sino de apoyar procesos de recuperación de la identidad, de revalorizar saberes, de organizarnos para la acción colectiva.

Necesitamos primero conectarnos con el espíritu del lugar como enseñaron desde siempre las comunidades originarias. Usar los sentidos físicos y los que son inmateriales.

Empatizar con las diversas formas de vida. ¿Hace cuánto que usted lector no camina descalzo por la tierra? ¿O mira a su alrededor de manera silenciosa como la vida está en todas partes?

Si estuviera en su poder decidir sobre un desmonte, un vertido ilegal de una fábrica, cualquier forma de corrupción que vaya en desmedro de la naturaleza y calidad de vida, ¿qué decidiría si estuviera más conectado con el espíritu de la Vida?

Bajémonos del tren del automatismo y de la comodidad mental y física del consumismo inconsciente (arrollador del ambiente natural y humano), para subirnos al tren que llega a la estación “Futuro”.

Este tren se llama Empatía, conectarnos, saber estar y ver, porque…

“Ojos que ven, corazón que siente”.

Habitemos esta Tierra sabiendo convivir y conectarnos con el “Espíritu del lugar”.

URL Corta: http://bit.ly/2iIGqGN

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