El legado de Correa

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Rogelio Núñez

Ecuador: Rafael Correa, un ausente muy presente

Correa6Rafael Correa no ha sido candidato a presidente en las elecciones de 2017 pero la campaña ha girado en torno a él. Correa dejará Carondelet en mayo y de lo que se ha discutido en los últimos meses en Ecuador ha sido sobre la herencia que él deja. Una herencia controvertida que divide al país andino en dos facciones irreconciliables.

Rafael Correa, electo en 2006 y reelecto -y legitimado por un gran apoyo popular- en 2009 y 2013, ha sido un presidente que ha ejercido un gran poder en Ecuador apoyado en su fuerte y arrollador carisma. La coalición que le sostiene, Alianza País, ha controlado un legislativo en el que las fuerzas opositoras han sido pequeñas, pocas estructuras y están muy divididas.

Con esa fuerza logró entre 2007 y 2009 acabar con el viejo sistema que rigió en Ecuador desde 1978 y en su lugar edificó un nuevo régimen, el de la “Revolución Ciudadana”, construido a su imagen y semejanza que no pivota en torno a los partidos sino que gira sobre la personalidad y las decisiones de un presidente con claras tendencias personalistas y autoritarias.

El legado de Correa, en juego

En estas elecciones, Correa no se presenta a la reelección pero en realidad lo que se vota el 19 de febrero gira en torno a la continuidad o no del modelo construido desde 2007.

Lenin Moreno encarna esa continuidad con leves cambios de estilo y muy escasos de fondo.

“Cosecharemos lo sembrado y consolidaremos los cambios que por décadas los ecuatorianos hemos demandado y que empezamos a construir desde 2007”, señala el programa electoral del candidato oficialista.

Los principales opositores apuntan que votar a Moreno es hacerlo, en realidad, por Rafael Correa quien seguirá manejando el gobierno desde su “autoexilio” en Bélgica y teniendo a un hombre muy cercano a él (Jorge Glas) en la vicepresidencia.

Guillermo Lasso asegura que “lo primero que estoy haciendo es advertir a los ecuatorianos que el candidato Lenin Moreno, de Alianza PAIS, es el Maduro de Correa, debemos evitar que Ecuador se ‘venezolanice’… Moreno también sería presidente con jefe; el uno ya se le murió, el otro ya se le va para Bélgica. Por lo tanto, Ecuador no puede ser un país con capataz, que deja a su subalterno hecho cargo del país, y además le impone un candidato a Vicepresidente que es el responsable político de la corrupción”.

Y la otra candidata de la oposición con opciones, Cynthia Viteri, subraya que votar por Moreno es dar continuidad al modelo correista: “Sabemos que la herencia que tenemos de esta década robada se resume en: se lo gastaron todo, nos endeudaron a todos y nos robaron a todos”, añadió Viteri en su cuenta de la red social”.

Pero más allá de los debates de la campaña, el periodo correísta ha estado marcado por claros y oscuros:

Correa, polarización y personalismo

Entre los puntos negros de la gestión de Correa se encuentra el haber gobernado polarizando y dividiendo el país. Muy en consonancia con las formas y maneras del populismo (el clásico de Perón o los nuevos de Fujimori en los ´90 o el de Chávez desde hace tres lustros) el presidente dividió el país en dos bandos irreconciliables: la oligarquía vs el pueblo; los pelucones vs los pobres. Apoyado en esta dicotomía ha expulsado del escenario político a los rivales a quienes sitúa entre los traidores al país y a los ciudadanos.

Así por ejemplo, en 2016 cuando hubo movilizaciones en contra de la subida de impuestos, el presidente de Ecuador convocó a los pueblos de América Latina y el Caribe a mantenerse unidos para impedir “los ataques desestabilizadores y golpistas” por parte de “las fuerzas de ultraderecha hambrientas de poder”.

El régimen de Correa ha tendido a centralizar el poder en torno al mandatario quien ha concentrado en sus manos la mayoría de las riendas de la administración.

Frente a liderazgos históricos en crisis (como el de los Bucaram) o liderazgos nacionales efímeros (Lucio Gutiérrez), emergió la figura de Rafael Correa. Tras una década perdida (1997-2007) donde hubo siete presidente en diez años, la estabilidad política y económica la alcanzó Ecuador de la mano de Correa.

Una figura política con una sólida formación académica (es doctor en economía) que no le impide sintonizar bien con el sentir popular tanto de los sectores urbanos como de los indígenas.

El sociólogo Carlos de la Torre señala que siguiendo “la tradición populista ecuatoriana Alianza País decidió apostar por un liderazgo fuerte y construyeron a Correa en la encarnación de la revolución ciudadana”.

“El liderazgo de Correa se ha manufacturado desde el poder estatal y a partir de criterios tecnocráticos como son el uso de los medios de comunicación en campañas permanentes, en cadenas de televisión y en enlaces todos los sábados del año. Correa sintonizó y luego encarnó la necesidad de terminar con las políticas aperturistas, el retorno del estado en la planificación y como guardián del bienestar de la nación”, añade De la Torre.

Rafael Correa encabeza un régimen que los expertos politólogos califican de “autoritarismo competitivo”.Entre otras muchas cosas, se caracterizan por tratar de someter de forma centralizada a todos los poderes del Estado: desde el ejecutivo controlan al legislativo y merman la independencia judicial y la capacidad de fiscalización de los medios de comunicación.

Tras conseguir entre 2007 y 2009 acabar con el viejo sistema que rigió en Ecuador desde 1978 y edificar un nuevo régimen, el de la “Revolución Ciudadana”, la única pieza que le faltaba al correísmo en su puzle era dominar al poder judicial. Eso empezó a ocurrir a raíz del referéndum de 2011 que dio vía libre a una reforma judicial que culminó en 2013 con la manifiesta satisfacción del presidente.

El experto en temas judiciales Luis Pásara puso de manifiesto en su informe “La independencia judicial en la reforma de la justicia ecuatoriana” cómo se había producido una pérdida de la autonomía judicial.

Este informe realizado por un jurista peruano que trabaja para la Fundación para el Debido Proceso (DPLF, por sus siglas en inglés) denunciaba las interferencias del Poder Ejecutivo en la Función Judicial. Analiza 12 casos en el país en los que queda de manifiesto la interferencia del ejecutivo.

El informe considera al Consejo de la Judicatura (CJ) como un “brazo ejecutor” de los designios del Ejecutivo, lo que se evidenciaría en los sumarios administrativos que terminan en destituciones de aquellos magistrados que fallan contra el Estado.

El régimen de Correa cumple, de esta manera, con otra de las características de los “autoritarismos competitivos”, la de avasallar al poder judicial. Como señala el politólogo Steven Levitsky “por lo general, los gobiernos de los regímenes autoritarios competitivos intentan subordinar la rama judicial, con frecuencia a través de la persecución o, más sutilmente, con soborno, extorsión y otros mecanismos de cooptación”.

Correa, estabilidad política y modernización social

Tras una década de inestabilidad política e institucional (1997-2007), con Rafael Correa se acabó la crisis política que arrastraba Ecuador. La estabilidad política y el auge económico que posibilitó una ambiciosa política social caracterizaron al régimen de Correa, al menos hasta la caída de los precios del petróleo.

El éxito de Rafael Correa se basó hasta 2015 en la buena coyuntura económica que le ha tocó vivir gracias al aumento del precio del petróleo.

En realidad, Ecuador sigue siendo petróleo dependiente y ahora también chino dependiente, como antes lo fue con respecto a EEUU. De cada US$100 que ingresaban al país por exportaciones, 60 tenían que ver con la exportación petrolera.

En 2012, de los 23.769 millones de dólares por exportación, 13.791 millones fueron de petróleo y derivados, según el Banco Central.

A la petróleo dependencia se unió la chino dependencia: De cada 10 barriles de petróleo que Ecuador exportó en 2013, 8 fueron a China país que en 2011 suponía el 64% de las exportaciones.

Gracias a la renegociación exitosa de los contratos petroleros que culminaron en 2010, Ecuador ingresaba adicionalmente 1.288 millones de dólares, de los cuales, 400 millones correspondían al incremento del precio del crudo en el mercado internacional y los 800 restantes son fruto de la renegociación de los contratos petroleros.

Esa bonanza y los planes sociales que con esos ingresos se han puesto en marcha (el Bono de Desarrollo Humano, un programa de transferencias condicionadas que cubre el mayor porcentaje de población en un país -44%) explican la reducción de la pobreza que según datos oficiales desde 2007 hasta junio de 2013 se redujo en 13 puntos porcentuales, desde el 37% en 2007 al 23,6% actual.

La desigualdad económica, medida por el índice de Gini, se redujo del 0,54, en 2006, al 0,46, en 2013. Para la Cepal, la pobreza en Ecuador se ubicó en el 32,2 %, en 2012, lo que significa una disminución del 3,1 % menos de lo que se registró en 2011, cuando la pobreza afectaba al 35,3 % de la población ecuatoriana. Y la indigencia también disminuyó en 0,9 %, pues pasó del 13,8 % al 12,9 %.

Además, el régimen de Correa ha impulsado el desarrollo educativo, de las infraestructuras gracias a un ambicioso plan de desarrollo vial, y el de los servicios de salud.

La historia desde 2015 es muy diferente. “Este último año será de administración de la crisis del terremoto, más la administración de los problemas económicos que ya veníamos arrastrando”, dijo Correa en su informe a la nación con ocasión de los nueve años consecutivos que llevaba en el poder.

La caída del precio del petróleo ha conducido a un débil crecimiento en 2015 (0,3%), caída del 1,7% en 2016 y a una posible nueva caída en 2017. En 2015 las exportaciones disminuyeron en 7.400 millones de dólares, además cayó el financiamiento externo por 2.000 millones de dólares. Es decir, dejaron de entrar al flujo circular de la economía 9.200 millones de dólares, más de 9 puntos del PIB. Entre 2015 y 2016 se recortaron 6.000 millones de dólares, 6 por ciento del PIB, al presupuesto del Estado, básicamente en inversión.

El país ha aumentado su endeudamiento (que para el gobierno ronda el 26% y para la oposición el 40%). “Es una deuda en condiciones muy malas. El servicio anual supera los 5,000 millones de dólares, similar a lo que el Gobierno invierte en educación y salud”, explica Pablo Lucio Paredes, autor del libro “La culpa es de las vacas flacas”.

 

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