Quienes legislan a favor del aborto, están llenando sus conciencias de sangre inocente

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***El así llamado “aborto terapéutico”, utiliza el término “terapéutico” con el fin de confundir. “Terapia” significa curar, y en este caso el aborto no cura nada. Actualmente, la ciencia médica garantiza que prácticamente no hay circunstancias en la cual se deba optar ente la vida de la madre o la del hijo.

Tegucigalpa, Honduras.

Foto: Joel Francisco Perdomo Valeriano El Cardenal Óscar Andrés Rodríguez, reaccionó y mandó un mensaje claro para reiterar que no se debe legalizar el aborto en Honduras, ya que quienes legislan para promoverlo y aprobarlo, están manchando su conciencia se sangre inocente e indefensa.

En un comunicado el líder de la Iglesia Católica, pide que no se confunda más a la población con este tema, ya que ninguno de los argumentos que se han planteado por ahora, justificará la muerte de seres inocentes, quienes merecen vivir.

El así llamado “aborto terapéutico”, utiliza el término “terapéutico” con el fin de confundir. “Terapia” significa curar, y en este caso el aborto no cura nada. Actualmente, la ciencia médica garantiza que prácticamente no hay circunstancias en la cual se deba optar ente la vida de la madre o la del hijo.

Asimismo indica que Procurar una legislación en base a una excepción, en vez de una regla, es totalmente irracional desde el punto de vista jurídico. Es obvio que el espantoso crimen de la violación es utilizado para sensibilizar al público en favor del aborto, al presentar al fruto inocente de una posible concepción brutal como un agresor.

Recomienda a los legisladores, no llenar  más a Honduras de muertes injustas. Oremos para que nuestros legisladores no sucumban a la tentación del llamado “costo político” aprobando el abominable crimen de matar inocentes que no pueden defenderse.

 Respuesta a la pretensión de aprobar el llamado aborto terapéutico

Hermanas y Hermanos:

La Arquidiócesis de Tegucigalpa, responde por este medio a los intentos de aprobar el llamado aborto terapéutico con argumentaciones que confunden a la opinión pública.

Un grupo de personas, que se hacen llamar “Ecuménicas por el Derecho a Decidir”, han publicado un cierto “llamado” a la Misericordia “en tiempos de Cuaresma y Semana Santa”, citando indiscriminadamente algunos textos de la Biblia y citando, incluso, uno de los mensajes del Papa Francisco.

Pero la respuesta se las ha dado misma Palabra de Dios durante los recién pasados días de Cuaresma, ya próximos a la Semana Santa, donde hemos escuchado en las Lecturas de la Misa que Jesús se presenta ante todos como el enviado por el Padre y como el Mesías de Dios; pero, por otra parte, sorprendentemente, vemos la cerrazón y el rechazo de quienes lo escuchan. Tal cerrazón o resistencia para acoger el Mensaje del Señor, con toda su fuerza y profundidad, es un patrón de conducta que lo vemos reiteradamente en nuestra sociedad, y no sólo en tiempos de Jesús.

En tiempos de Pascua la liturgia canta la victoria sobre la muerte y nos presenta la vida como una realidad que engloba la existencia cristiana. Elegir la muerte y apostar por ella es contradecir el mensaje de la Resurrección, es condenar a los inocentes, como inocente fue Cristo, a morir sin derecho a defenderse.

En realidad, qué fácil resultaría leer los Evangelios o las enseñanzas de la Iglesia con una intención desvirtuada o falseada, que nos permitiría tomar únicamente lo que nos conviene y desechar lo que nos incomoda. Esto, de ninguna manera es posible, como se está haciendo por parte de algunos grupos de la sociedad.

¡Esto es simplemente una aberración! Es inadmisible que se quieran fundamentar en la Palabra de Dios para impulsar una cultura de la muerte y del descarte, como la ha llamado el Papa Francisco.

En primer lugar, es preciso aclarar que el ecumenismo es fundamentalmente un diálogo para buscar la verdad, y no la convocación, confabulación o complicidad de personas que profesan diferentes religiones, a fin de conseguir un objetivo de muerte.

Por ecumenismo se entiende aquel movimiento que ha surgido, por la gracia del Espíritu Santo, para restablecer la unidad de todos los cristianos. Esto significa que implica una grave responsabilidad el uso del término, cuyo espíritu está orientado a “restablecer la unidad de todos los cristianos”, y no a destruir la unidad de cada familia y de la entera familia humana.

El intento de hacer referencias bíblicas fuera de contexto, con la sola intención de justificar intereses particulares y tendencias en una exposición, todo lo vuelve frívolo, banal, superficial y lleno de falacias. Alguien acertadamente escribía que un texto tomado fuera de su contexto se convierte en un pretexto.

Un ejemplo de esto lo encontramos en los mismos Evangelios (Mateo 4, 1-11; Lucas 4:1-13), en el pasaje de las tentaciones de Jesús en el desierto, cuando el demonio fue capaz de citar las Sagradas Escrituras para detener o trastornar los planes de Dios. Así lo siguen haciendo, o intentando, algunos hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Es repugnante la idea de querer respaldarse en la misericordia de Dios para conseguir o apoyar la despenalización del aborto. El aborto es siempre un crimen abominable y cobarde por parte de quienes participen en la comisión de este pecado. Tengamos presente que la misericordia no va contra la justicia, contra la verdad o contra la vida misma. Invocar la misericordia no significa que lo malo podemos hacerlo bueno.

La experiencia vivida por otras culturas o países es siempre la misma: el aborto generalmente se legaliza, y se busca su aceptación por la sociedad, a través de mentiras y eufemismos.

Para justificar este crimen abominable, los abortistas han inventado una gran cantidad de falsos argumentos que se han difundido insistentemente, especialmente en aquellos países donde, con cualquier motivo, intentan buscar la legalización del aborto o ampliarlo allí donde ya se ha legalizado alguna de sus formas. Revisemos algunas de estas mentiras y cuál es la verdad.

El así llamado “aborto terapéutico”, utiliza el término “terapéutico” con el fin de confundir. “Terapia” significa curar, y en este caso el aborto no cura nada. Actualmente, la ciencia médica garantiza que prácticamente no hay circunstancias en la cual se deba optar ente la vida de la madre o la del hijo.

Ahora, lo referente al “aborto en caso de violación”, hemos de subrayar, en primer lugar, que los embarazos que siguen a una violación son extremadamente raros. En todo caso, si hay que castigar a alguien por este delito, habrá de ser al delincuente, al violador. ¿Por qué entonces se busca la muerte del inocente?

Procurar una legislación en base a una excepción, en vez de una regla, es totalmente irracional desde el punto de vista jurídico. Es obvio que el espantoso crimen de la violación es utilizado para sensibilizar al público en favor del aborto, al presentar al fruto inocente de una posible concepción brutal como un agresor.

Es claro que la mujer ha sufrido una primera espantosa agresión, la de la violación. Presentar el aborto como una “solución”, equivale a decir que un veneno hay que combatirlo aplicando otro. El aborto no va a quitar ningún dolor físico o psicológico producido en una violación. Al contrario, le va a agregar las complicaciones físicas y psíquicas que ya el aborto tiene de por sí. Además, el argumento más importante es que el aborto por violación no es siquiera aceptado por sus verdaderas víctimas, es decir, por las mujeres violadas. Podemos leer estos duros pero reveladores testimonios.

Hay también lo que suele llamarse “aborto eugenésico”, que se basa en el falso postulado de que “los lindos y sanos” son quienes deben establecer el criterio de valor de cuándo una vida vale o no, de cuándo una vida puede ser vivida o no. Nadie puede juzgar sobre quién ha de nacer o quién ha de morir.

Por otra parte, cuando escuchamos el postulado de que “el aborto es un derecho de la mujer”, inmediatamente pensamos a qué nivel de corrupción de la mente y del corazón se puede llagar, que nos haga pensar que una persona tiene “derecho a matar”; más aún, de matar a un ser inocente, que además es su propio hijo.

El sentido común y la ciencia moderna reconocen que en un embarazo hay dos vidas y dos cuerpos; una de las cuales merece y necesita toda la protección y cuidado para su pleno desarrollo, desde su gestación –cualquiera que haya sido la circunstancia– hasta el término natural de su existencia.

¿Tiene una persona derecho a decidir sobre su propio cuerpo? Sí, pero hasta cierto punto. ¿Puede alguien eliminar a un vecino ruidoso sólo porque molesta a sus oídos? Obviamente no. Es igual en el caso del aborto. La mujer estaría decidiendo no sobre su propio cuerpo, sino sobre el de un ser que no es ella, aunque esté temporalmente dentro de ella.

No es posible llenar más a Honduras de muertes injustas. Quienes legislan a favor del aborto no han entendido el mensaje cristiano de la vida y están manchando sus conciencias con la sangre inocente de víctimas indefensas. Este pecado es infame, execrable, y cabe dentro del 5 Mandamiento que dice: “No matar”.

Por último, es una verdadera necedad y perversidad, aunado a una evidente y lastimosa ignorancia, como lo hacen estos grupos, hacer referencia a la Cuaresma y a Semana Santa para intentar destruir la vida o promover la cultura de la muerte a través del aborto, justamente su mensaje entra en contradicción rotunda con la Pascua, cuando estamos celebrando la Vida, la Resurrección y el triunfo de Cristo sobre el poder del pecado, de la muerte y de las tinieblas.

Oremos para que nuestros legisladores no sucumban a la tentación del llamado “costo político” aprobando el abominable crimen de matar inocentes que no pueden defenderse.

Oscar Andrés Cardenal Rodríguez MaradiagaArzobispo de Tegucigalpa.Hondudiario.

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