Legado de Ramón Amaya Amador sigue vivo

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*** Este día 29 de abril se conmemoran 101 años del nacimiento del escritor nacional Ramón Amaya Amador y 51 años de su muerte; su legado, expresado en más de una treintena de títulos.

Tegucigalpa, Honduras.

El legado literario del escritor hondureño Ramón Amaya Amador sigue más vivo que nunca. Y justo la fecha de su nacimiento nos recuerda cuán grande es su obra.

Este día 29 de abril se conmemoran 101 años del nacimiento del escritor nacional y 51 años de su muerte; su legado, expresado en más de una treintena de títulos.

Esta es una excelente ocasión para recordar, la vida y obra del talentoso escritor, así como su legado literario.

Ramón Amaya Amador, fue una de las  figuras más emblemática del país  creó gran parte  de la identidad nacional que hoy en día nos representa.

Ramón Amaya Amador (1916-1966), narrador y periodista hasta nuestros días es el escritor más prolífico de Honduras. Nació en Olanchito, departamento de Yoro, el 29 de abril de 1916; sus padres fueron Isabel Amaya y Guillermo R. Amador.

Siendo muy joven, trabajó como peón en los campos bananeros de la Costa Norte, donde experimentó en carne propia las duras condiciones de vida de los “campeños” que laboraban en las plantaciones de la United Fruit Company.

De esta experiencia, que lo marcaría para siempre, dejó testimonio en Prisión Verde, su novela más célebre. Y, también de esta vivencia, surgiría su sensibilidad social y su vitalicio compromiso con la causa del proletariado hondureño y de todos los pobres de la Tierra.

Inició su carrera de cuentista con la narración “La nochebuena del campeño Juan Blas”, que fue publicada en la revista ANC, órgano de la Asociación Nacional de Cronistas, editada en Tegucigalpa y correspondiente al 31 de diciembre de 1939.

Su vida periodística comenzó en 1941 en el periódico El Atlántico, de La Ceiba, fundado y dirigido por Ángel Moya Posas. Posteriormente, en 1943, fundó en Olanchito, con Dionisio Romero Narváez y Pablo Magín Romero, el semanario Alerta.

Debido a la persecución política de que fue víctima durante la dictadura cariísta, tuvo que abandonar el país en 1944 para radicarse en Guatemala, donde se escenificaba una revolución democrática encabezada por el presidente Juan José Arévalo, y luego por Jacobo Arbenz Guzmán.

Ahí trabajó como editorialista de Nuestro Diario, y colaboró con el Diario de Centro América, El Popular Progresista y Mediodía. Cuando el gobierno de Jacobo Arbenz Guzmán fue derrocado por los militares guatemaltecos en alianza con la United Fruit Company, Amaya Amador se asiló en la Embajada de Argentina.

Ya en Buenos Aires, laboró en la editorial Ariel y en Sarmiento, un periódico de educación popular, editado en Córdoba, donde contrajo matrimonio con Regina Arminda Fúnez, originaria de esa ciudad.

El 19 de mayo de 1957, con el advenimiento del régimen constitucional de Ramón Villeda Morales, retornó al país, acompañado de su esposa; ese mismo año ingresó en la redacción de diario El Cronista, de Alejandro Valladares, y fundó con Luis Manuel Zúniga, en Tegucigalpa, la revista Vistazo.

El 11 de noviembre de 1958, el Círculo Literario Hondureño le rindió un homenaje en el Paraninfo de la Universidad Nacional Autónoma, en Tegucigalpa.

En esa oportunidad, Amaya Amador leyó un extenso discurso de agradecimiento en el que afirmó que era la primera vez que, en su patria, recibía una honrosa distinción por sus trabajos en las letras y la cultura.

Este documento puede considerarse como su testamento literario. El 19 de abril de 1959 abandonó Tegucigalpa con su esposa y sus pequeños hijos, Aixa Ixchel y Carlos Raúl, para radicarse en Praga, Checoslovaquia, donde integró la plana de redacción de la revista internacional Problemas de la Paz y el Socialismo.

Murió el 24 de noviembre de 1966, en las cercanías de Bratislava, cuando se accidentó el avión en el que viajaba. Once años después, en septiembre de 1977, y tras arduas gestiones iniciadas por el poeta Óscar Acosta —en ese entonces embajador de Honduras en España—, que duraron cuatro años, se logró la repatriación de los restos mortales de Ramón Amaya Amador.

Estos fueron enviados de Checoslovaquia a Madrid, y luego trasladados a Tegucigalpa, donde el pueblo hondureño le rindió un sentido homenaje. Sin embargo, la repatriación de los restos no impidió que durante casi una década más, sus obras fueran perseguidas por los regímenes de turno y, por tanto, desconocidas para el público hondureño. Debieron transcurrir otros catorce años para que las obras inéditas de Ramón Amaya Amador, escritas durante su largo exilio, pudieran ingresar a Honduras.

Es hasta después de su muerte que se publican en Honduras Prisión Verde (1974), se reedita Los brujos de Ilamatepeque (1979), Destacamento Rojo (1982) y Cipotes (1983) por iniciativa del Lic. Longino Becerra a través de diferentes editoriales.

A partir del año 1986, mediante gestiones directas de Carlos Amaya Fúnez (hijo del escritor) se publican: El señor de la sierra (1987), El camino de mayo (1988), Constructores (1987), Operación Gorila (1991), Con la misma herradura (1993), Jacinta Peralta (1996), Cuentos Completos (1997), Biografía de un machete (1999), Memorias de un canalla (2004), Los rebeldes de la villa de San Miguel (2012). Ediciones realizadas por Editorial Universitaria, Editorial Guaymuras, Casablanca y Editorial Ramón Amaya Amador.hondudiario.Por:AB

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