Madres ancianas en asilo, a la espera de “un milagro”

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***Jamás han recibido una visita de sus hijos en el hogar CEDER, a pesar que dieron la vida por ellos.
Oscar Hernández
Tegucigalpa, Honduras
Dedicaron los mejores años de su vida en favor de unos hijos quienes no tienen un minuto para ellas, unas diez ancianas que éste día de las madres esperan un milagro: “Un felicidades mamá”, que quizás nunca llegue.
“Yo quisiera que este día de la madre, mis dos hijos vinieran a verme. No les pido regalos, solo saber que están vivos y si tengo nietos”, suplicó casi al borde del llanto una anciana quien dijo haber nacido en La Ceiba, pero no recordó cómo llegó a la capital.
Ella es parte de la decena de mujeres entre 70 y 93 años de edad, que fueron lanzadas a la calle por sus parientes o tal vez víctimas de malos tratos decidieron por cuenta propia abandonar sus hogares hace mucho tiempo.
No obstante, en la actualidad reciben calidad de  vida en el hogar de ancianos Centro de Día y Reposo (CEDER) que opera en el barrio la Fuente de Tegucigalpa, casi a los pies de la Cuesta Lempira. Ahí viven diez ancianas y dos hombres ya muy mayores.
Fue fundado el 18 de noviembre del 2000 por el doctor Francisco Amador, pero luego de su fallecimiento hace unos dos años es administrado por su viuda, Amarilis Matos y los dos hijos. Una herencia de solidaridad que aceptaron con el mayor de los gustos.
SANTA
El doctor siempre desde principio de año, se dejaba crecer la barba blanca para disfrazarse de Papa Noel y recorrer las calles solicitando a las empresas e instituciones regalos, comida y ropa para sus huéspedes.
Ahora es su hijo, del mismo nombre, quien en Noche Buena también se convierte en Santa, como lo hacía su padre.
Las mujeres llenas de arrugas y de recuerdos jamás han recibido una visita siquiera de sus hijos. Pero no todo ha sido malo en sus vidas. Y como el amor por los demás no tiene religión, clase social o política ahí se dieron cita ayer un grupo de católicos y otro de evangélicos, del Centro Cristiano de Renovación.
Los motivó un mismo fin: Llevar alegría, música, comida  ropa y hasta pasteles para celebrar el Día de las Madres en forma anticipada junto al personal administrativo del centro y las doce  personas, quienes la pasaron de lo lindo.
Los ancianos se vistieron con sus mejores galas para recibir a sus benefactores, unos jóvenes llenos de un espíritu de solidaridad expresado no solo con palabras sino que con obras.
Sentada en un amplio sillón se encontraba una honorable matrona tan parlanchina que llamaba el interés de todos.
Era una máquina para repetir refranes y chistes a cual más picante: “Sino agarran ahorita no tienen cuando”, dijo tras lanzar una carcajada.
De repente como que se puso a pensar en voz alta.”Ya no me importa que no venga mi  hija. Total ya casi no me acuerdo de ella, aunque dicen que vive por Comayagua”, reveló con un gesto de dolor mal disimulado.
En otras ancianas, el  grado de tristeza es tal que las obliga a estar horas y horas en silencio mirando la puerta, quizás a la espera de ese hijo que les diga “te quiero”, siquiera un domingo como  hoy “Día de las Madres Hondureñas”. Felicidades a todas. hondudiario
 
 
 
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