Esperando por  Trump en La Habana

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Carlos Alzugaray Treto    

 

Después que El Nuevo Herald se hiciera eco el pasado 19 de mayo de un rumor lanzado desde el Congreso acerca de que el presidente Donald Trump emitiría una fuerte declaración sobre Cuba el 20 de mayo, funcionarios de la Casa Blanca se apresuraron en aclarar que no era cierto y que, de hecho, el mandatario estaba saliendo de viaje ese día.

El resultado fue la declaración de marras, con un tono que sin dejar de ser grosero e inaceptable para los cubanos, contrasta con otras anteriores muy agresivas del propio Trump y de mandatarios republicanos precedentes.

Mi conclusión es que los sectores de línea dura en el Congreso y en la Florida intentaron usar el 20 de Mayo para obligar a la Administración a tomar una posición dura contra el gobierno cubano y fracasaron.

Con mucho tino, La Habana no se ha pronunciado oficialmente. La posición de las autoridades cubanas sigue siendo la que ya anunció el presidente Raúl Castro. En primer lugar, que su gobierno está dispuesto a continuar el proceso de normalización y cooperación bilateral mutuamente respetuosa con Washington bajo la nueva Administración, sobre la base de los acuerdos alcanzados con su predecesora, los cuales por supuesto pueden estar sujetos a las razonables revisiones a las que se decidiera llegar de común acuerdo.

En segundo lugar, como ha reiterado una y otra vez Cuba, en ningún caso se aceptará negociar decisiones que se correspondan con las atribuciones soberanas del Estado cubano ni tolerar imposiciones arrogantes del gobierno de los Estados Unidos. Finalmente, el gobierno de La Habana continuará conduciendo una política exterior independiente, lo que implica una posición antihegemónica ante grandes potencias que, cómo los Estados Unidos, intenten imponer sus decisiones al resto del mundo, particularmente en América Latina y el Caribe. Esto, por supuesto, tiene mucho que ver con lo que sucede actualmente en Venezuela.

Por tanto, y teniendo en cuenta el contexto descrito, hablar del “fin del deshielo”, o de una reacción cubana de “crispación” es, al menos, probablemente prematuro. El gobierno y el pueblo de Cuba siguen la situación con interés sin que, por ello, se pierda el sueño. Después de todo, nada que pueda hacer la administración Trump será mucho peor que lo que ya se nos ha hecho en el pasado. Y la decisión cubana, que a nadie le quepa dudas, es la de cooperar sobre la base del respeto mutuo, pero continuar la resistencia si hay intentos de imposición.

URL Corta: http://bit.ly/2qYobAj

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