Pocas flores dejó la Primavera Chapina

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Edgar Calderón          

Inexperiencia del actual mandatario Morales tiene un costo político muy grande.

En 2015, la indignación por la corrupción impulsó a miles de guatemaltecos a protestar cada sábado en la plaza de la principal capital contra el entonces presidente, Otto Pérez Molina, movimiento que se llegó a conocer internacionalmente como la Primavera Chapina. Dos años después, y con un nuevo gobernante que supo capitalizar el descontento, poco ha cambiado.

Otto Pérez Molina, expresidente de Guatemala procesado por corrupción, no terminó su mandato por las protestas populares que se sucedieron durante la llamada Primavera Chapina

La llama de esperanza que encendió el nuevo mandatario, Jimmy Morales, electo en septiembre de 2015 con un discurso de lucha frontal contra la corrupción, se ha ido apagando en su primer año y medio de mandato por la falta de reformas y la influencia de su círculo más íntimo, formado por militares considerados corruptos y políticos de la vieja guardia.

Además, le ha pesado ser un neófito en la política y llegar a presidir un país de contrastes y dividido por un conflicto armado de 36 años (1960-1996), así como varios traspiés, sobre todo el proceso penal abierto en contra de un hijo y un hermano, acusados de fraude en una institución estatal.

Aunque el descontento y la decepción se han ido generalizando, son los sectores indígenas y campesinos –que padecen los mayores índices de pobreza– los que se han manifestado para pedir la renuncia al mandatario, quien asumió el cargo en enero de 2016.

Morales ganó las elecciones de 2015 como una figura nueva, ajena a la política y apreciado por su faceta de comediante en la televisión local, en momentos que la población reclamaba un cambio tras los escándalos del gobierno de Otto Pérez, quien renunció a la presidencia en septiembre de 2015, antes de las elecciones.

Otto Pérez se encuentra en la actualidad en prisión a la espera de que un juez decida si irá a juicio por varios cargos de corrupción, junto a su vicepresidenta Roxana Baldetti, quien renunció en mayo de 2015.

Inexperto y sin agenda

Para Manfredo Marroquín, director de Acción Ciudadana, capítulo local de Transparencia Internacional, el país tuvo un momento histórico para sacar a las mafias ilegales incrustadas en el Estado, pero no hizo las reformas necesarias para cambiar el sistema y reducir la corrupción.

“Se necesitaba un gobierno entrante que tuviera claridad de cuáles eran los cambios que había que promover dentro del Estado. Tanto reformas políticas como administrativas, de presupuesto y financieras. El gobierno de Morales entró sin agenda y eso lo que ha hecho es desencantar a la población”, dice a la agencia AFP.

A su juicio, el mandatario “ha defraudado mucho las expectativas que había. La gente se volcó a votar por alguien que no era un profesional de la política y eso también tiene un costo, y es que el presidente todavía está en un proceso de aprendizaje que tiene un costo muy grande para el país”, lamenta.

Marroquín asegura que hasta el momento la lucha contra la corrupción se encuentra “en un stand by que no nos asegura que las mismas redes u otras vuelvan a tomar posesión de los principales cargos y vuelvan a sus negocios habituales”.

Carlos Arrazola, editor de política de la revista virtual Plaza Pública, coincide con Marroquín en que el gobernante simplemente repite “las prácticas de la vieja política, y eso le ha generado muchísima frustración a los guatemaltecos, en especial a los grupos campesinos e indígenas que no han encontrado ninguna respuesta en el gobierno”.

Ese desencanto, según Arrazola, explica por qué salen a manifestar a las calles y cerrar carretera para reclamar la renuncia al presidente.

“Evidentemente el presidente Morales no es ni estadista ni ha demostrado capacidad para liderar, gobernar y sacar adelante en los problemas que son más urgentes para Guatemala”, sostiene.

Los olvidados

A pesar de que la percepción de corrupción es generalizada en la población, los más afectados son los indígenas que viven en condiciones de pobreza en las zonas más olvidadas e inhóspitas de este país. Datos oficiales indican que representan el 42 % de los 16 millones de habitantes, pero sus líderes afirman ser más del 60 %.

Los indígenas y campesinos se opusieron en un principio al proceso electoral de 2015 al considerar que carecía de liderazgo para encausar al país a un mejor futuro, recuerda el dirigente Neftalí López del Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), quien ha promovido las marchas y cierre de carreteras para exigir la dimisión de Morales.

“Como organización, sabíamos positivamente que él no representaba una nueva forma de hacer política, mucho menos un nuevo proyecto político”, sentencia.

 

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