Boko Haram el fantasma impenitente

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Guadi Calvo

A un año de que el grupo integrista nigeriano Boko Haram, el más letal del continente, solo comparable al Daesh global, no haya generado grandes hechos reapareció el último martes 25 en el distrito de Yesu Magumeri, en el estado de Borno, en el noreste del país, emboscando a un grupo de exploración petrolera de la Nigerian National Petroleum Corporation (NNPC), geólogos de la Universidad de Maiduguri y una patrulla de la Joint Task Force (JTF) que dejó 69 muertos, 11 de ellos calcinados en uno de los vehículos que cayó en una zanja, además hay que consignar una docena de desaparecidos y al menos tres personas secuestradas.

La industria petrolera nigeriana desde 1956, no es solo la primera de sus fuentes de divisas, sino que prácticamente la única. Su producción ocupa el lugar número quince entre los mayores productores mundiales y es el mayor exportador del continente

La mayoría de sus campos petroleros se concentra en el sur del país específicamente el Delta del Río Níger, donde desde 2003 operan una importante cantidad de grupos armados, que pretenden conseguir alguno de los beneficios de la industria, por lo que fundamentalmente la petrolera estatal NNPC ha iniciado tareas prospección desde el Estado de Benue en el centro del país, hasta Borno en el noreste, lugar de nacimiento y santuario de Boko Haram.

Las primeras patrullas del ejército al llegar al sector la emboscada encontraron gran cantidad de armas aparentemente abandonadas por Boko Haram, que hablan claramente de la capacidad militar que todavía posee: granadas propulsadas por cohetes, fusiles AK-47, un cañón antiaéreo, ametralladoras, cuatro cañones de Dane, además de una máquina de bombeo, tres camionetas Toyota Hilux, un camión Toyota Buffalo Gun, una Radio Motorola, un Sistema de Posicionamiento Geográfico (GPS), 122 cartuchos de munición PKM, 213 cartuchos de munición de la “OTAN” de 7.62 mm, 1255 municiones antiaéreas, 4 cajas de munición API 12,7 mm, 2 Bombas LLG, medicamentos y herramientas de trabajo además de 2 arcos y flechas.

Cuando el gobierno del General Muhammadu Buhari , se comenzaba a jactar de estar reducido a escombros al grupo, los wahabitas liderados por el mesiánico Abubakar Shekau, golpearon en el sector clave de la maltrecha y corrupta economía nigeriana.

Si bien la presencia de Boko Haram es constante, en los últimos meses sus acciones habían perdido la magnitud a la que nos tenía acostumbrados, con atentados suicidas, asesinatos en masa y secuestros que dejaron miles de muertos. Solo alcanza con recordar la matanza en la aldea de Baga, en enero de 2015, que dejó dos mil muertos o el secuestro de 300 alumnas de una escuela de Chibok en abril de 2014. Se estima que el grupo llegó a aglutinar cerca de 280 mil combatientes, algunos de ellos extranjeros del Chad y Níger.

 

Estos militantes provienen de sectores marginados, profesionales desocupados, miembros de las fuerzas de seguridad, que en algunos casos podrían permanecer en las filas del gobierno de manera encubierta, tal la acusación del ex presidente Goodluck Jonathan y muchos también recogidos entre los miles de almajirsi (niños de la calle).

Abubakar Shekau, en marzo de 2015 realizó su Bayat o su juramento de lealtad al jefe del Daesh, Abu Bakr al-Bagdadí, abandonando así a al-Qaeda organización de la que eran parte por lo menos desde 2012. Sin duda la amenaza persistirá subyacente durante mucho años más allá de las “buenas intenciones” del general Buhari, ya que un grupo que desde 2009 ha generado más de 20 mil muertos y casi tres millones de desplazados, con capacidad, para no solo enfrentar al ejército nigeriano, sino también de operar en Níger, Chad, Costa de Marfil y Camerún y cuyos negocios abarca desde la protección a los envíos de droga que desde Sudamérica llegan al golfo de Guinea y que por vía terrestre ascienden hasta diferentes puertos del Mediterráneo sur, para cruzar a Europa, y escoltar a los traficantes de personas que intentan llegar con sus “mercancías” hasta Libia para seguir rumbo al sur de Italia, no puede ser desactivada en apenas un año.

Más allá de la multiplicidad de acciones que viene practicando el ejército nigeriano, muchas de ellas con la colaboración de fuerzas de Níger y el Chad, todavía no han podido localizar a Abubakar Shekau, quien dirige al grupo desde 2009 y quien ha sido es el responsable del incremento exponencial de sus acciones. Las autoridades nigerianas que lo han dado por muerto en por lo menos una docena de oportunidades han debido retractarse en cada una de ella, otorgándole así un aura de inmortal, que él sabe explotar muy bien en cada una de sus exacerbadas apariciones públicas subidas a las redes.

El círculo de la violencia.

A partir de 2014, en respuesta a la violencia que Boko Haram ha practicado contra millones de sus compatriotas y frente a la pasividad de las fuerzas de seguridad atravesadas por la corrupción endémica, las disputas étnicas, la rivalidades religiosas, los interés políticos y las contiendas electorales comenzó a conformarse la Fuerza de Tarea Conjunta Civil (CJTF) o yan gora (hombres con palos).

Armados con garrotes, cuchillos, rifles antiguos, herramientas y elementos de labranza, su función es vigilar, organizan retenes, controlar vehículos y peatones no solo en las calles de populosas ciudades como Maidiguri, capital del estado de Borno, sino en las pequeñas aldeas donde Boko Haram, asienta gran cantidad simpatizantes.

Los miembros de yan gora, son en su mayoría jóvenes analfabetos, desempleados y sin entrenamiento militar, de entre 18 y 20 años, que han perdido a algún familiar en los ataques de Boko Haram, utilizaban esta nueva situación, en parte para ejecutar venganzas, en parte para sumar algún tipo de ingreso o bien vía “colaboración de los vecinos” o como producto de saqueos y linchamientos en muchos casos de personas apenas sospechadas de algún remoto contacto con la guerrilla integrista.

Según declaraciones de los jóvenes cansados de los abusos a los que fueron sometidos ellos y sus comunidades por parte de las muyahidines, someten a crueles castigos a cualquier sospechoso que van desde apaleamientos públicos, torturas, mutilaciones y hasta muertes por ahorcamientos o carbonizados, sin juicio previo y en muchos casos por una simple denuncia anónima o una sospecha irracional.

En la actualidad, particularmente desde la asunción del presidente Buhari en mayo de 2015, los yan gora se han convertido en “los ojos y oídos” de las fuerzas de seguridad, proporciona a estas “inteligencia” y llegado el caso mano de obra. Al tiempo que el ejército está proporcionando entrenamiento militar y algún tipo de armamento básico. Aunque en muchas oportunidades entre los guardias civiles y los militares han estallado conflictos por mutuos recelos.

No todas son buenas para los yan gora por ejemplo se recuerda la matanza de unos 300 civiles en su mayoría guardianes, en la ciudad de Gambaru Ngala en la noche de entre el 5 y 6 de mayo de 2014, cuando dicha comunidad fue tomada por Boko Haram y tras un primer enfrentamiento lograron tomar el pueblo produciendo una verdadera matanza.

Más allá de los elogios brindados hasta por el propio presidente a los jóvenes de yan gora, muchos sectores de la sociedad nigeriana están empezando a temer que estas milicias armadas, al no poder ser integrados a la sociedad, ya que el número exceden a los 130 mil, solo en Borno se han registrado 25 mil, y esta realidad se puedan convertir finalmente en otro vector de violencia tan letal e impenitente como el propio Boko Haram.

 

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