Corea: El fuego, la furia y el miedo

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Pepe Escobar     

Han saltados todas las alarmas. Hay una especulación desenfrenada sobre ‘posibles’ cabezas nucleares miniaturizadas por Pyongyang.

Cuidado con los perros de la guerra. Los mismas “inteligentes” que mostraron a bebés sacadas de incubadoras por los “malos iraquíes” o que quisieron convencer al mundo con armas de destrucción masiva inexistentes, ahora están vendiendo la idea que Corea del Norte ha producido una cabeza nuclear miniaturizada capaz de funcionar en sus misiles.

Este el núcleo del análisis realizado en julio por la Agencia de Inteligencia de Defensa de los Estados Unidos (DIA). Los “inteligentes” creen que Pyongyang tiene unas 60 armas nucleares. En la inteligencia estadounidense los programas de análisis sobre Corea del Norte son prácticamente inexistente – por tanto estas evaluaciones son simplemente conjeturas al por mayor.

Pero la alarma ha crecido porque ahora estas conjeturas han ido acompañadas con una publicación de 500 páginas del Ministerio de Defensa de Japón,

El libro blanco japonés destaca los “avances significativos” de Pyongyang en la carrera nuclear y su “ posible capacidad” para desarrollar ojivas nucleares miniaturizadas para sus misiles.

Esta “posible capacidad” es una pura y simple especulación. El informe dice: “Es concebible que el programa de armas nucleares de Corea del Norte podría haber avanzado considerablemente y, es posible que Corea del Norte esté en condiciones de alcanzar la miniaturización de su cabezas nucleares.”

Los grandes medios occidentales alimentaron una auténtica metástasis especulativa. Titularon con frenesí en periódicos y en televisión: “Corea del Norte ha miniaturizado sus armas nucleares”. La gran prensa pretende conmover corazones y mentes de occidente con el factor miedo.

Convenientemente el “Libro blanco japonés” también exige condenar a China por “las acciones de Beijing, en los mares del Este y del Sur de China”.

Así que echemos un vistazo a las piezas que se mueven de este juego. El Partido de la guerra de los EE.UU., con sus miles de conexiones en el complejo militar-industrial y en los medios, quiere / necesita una guerra para mantener su maquinaria engrasada. Tokio, por su parte, apreciaría mucho un ataque militar pre-preventivo de los Estados Unidos, para a continuación condenar el inevitable contragolpe de Pyongyang.

Es muy esclarecedor que Tokio estime a China como una “amenaza” tan grave como Corea del Norte; El ministro de Defensa Itsunori Onodera fue directo al punto: “los misiles de Corea del Norte representan una amenaza que profundiza el comportamiento amenazante de China en el Mar de China Oriental y el Mar del Sur de China, Esto es una gran preocupación en Japón.”

De Pekín respuesta no se hizo esperar.

Kim Jong-Un, que ha sido demonizado hasta el infinito, no es tonto. No va a caer en un ritual de “seppuku” (suicido, harakiri) atacando unilateralmente a Corea del Sur, Japón o algún territorio de los Estados Unidos. El arsenal nuclear de Pyongyang representa el elemento de disuasión contra el cambio de régimen al estilo de “Saddam Hussein y Gadafi”. Como he argumentado en otras ocasiones sólo hay una manera de tratar con Corea del Norte; Diplomacia. Hay que decírselo a Washington y Tokio.

Mientras tanto, la Resolución 2371 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tiene como objetivo impedir las principales exportaciones de Corea del Norte – carbón, hierro, mariscos-. Solo el el carbón representa el 40% de las exportaciones de Pyongyang, cerca del 10% de su PIB.

Sin embargo, este nuevo paquete de sanciones no toca las importaciones de petróleo y productos refinados de petróleo desde China. Esa es una de las razones porque Beijing las votó a favor.

La estrategia de Beijing es un intento, muy asiático, para encontrar una solución que le permita “salvar la cara”. Con la resolución 2371 gana tiempo – y puede disuadir a la administración Trump, que ir contra Corea puede tener consecuencias terribles.

El canciller chino, Wang Yi, dijo con cautela que las sanciones son una señal de la oposición internacional a los programas de misiles y armas nucleares de Corea del Norte. Lo último que necesita Beijing es una guerra en sus fronteras, que podría interferir negativamente en la expansión de las nuevas rutas de la seda.

Beijing siempre está dispuesto trabajar para reconstrucción de las relaciones entre Pyongyang y Washington. Para China esto es una decisión política “más alta que el Himalaya”. Basta mirar hacia atrás cuando en 1994 se firmó el Acuerdo Marco, durante el primer mandato de Bill Clinton.

El acuerdo tenía como objetivo congelar – e incluso desmantelar – el programa nuclear de Pyongyang, y normalizar las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con Corea. Un consorcio liderado por Estados Unidos iba a construir dos reactores nucleares para satisfacer la necesidad de energía de Pyongyang, las sanciones se levantarían y ambas partes se comprometían con “garantías formales” contra el uso de armas nucleares.

Finalmente no pasó nada. El “acuerdo marco” se derrumbó en 2002 – cuando Corea del Norte fue coronada como parte de “ el eje del mal” por Bush, Cheney y los neocon. Los coreanos saben, que la guerra de Estados Unidos contra su territorio nunca ha terminado – al menos formalmente – ¿ La razón? El armisticio de 1953 nunca ha sido sustituido por un Tratado de Paz real.

Entonces, ¿qué sigue? Tres recordatorios.

1) Cuidado de las banderas falsas, serían el perfecto pretexto para la guerra contra Pyongyang;

2) La narrativa actual es inquietantemente similar al griterío de los “sospechosos de siempre”. Son los mismos que atacaron a Irak o que quieren atacar Irán porque estaría a un paso de “la construcción de un arma nuclear”.

3) Corea del Norte tiene billones de dólares en riqueza mineral sin explotar. En las sombras de estas maniobras hay corporaciones perfectamente identificadas que esperan beneficiarse con un jugoso botín después de haber destruido otro país.

 

URL Corta: http://bit.ly/2wYoI95

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