De las barcas que se hunden

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ZENIT- Org      

Ángelus: horóscopos, ideologías, modas y slogans, pero la barca de Jesús “Hijo de Dios” se mantiene firme

No a los “horóscopos”, a las “ideologías”, a las “modas y a los “slogans”: son barcas que se hunden, ha observado el Papa Francisco, mientras que la barca de la Iglesia se mantiene firme gracias a la Palabra de Cristo. El Papa ha proclamado por tres veces la palabra de los apóstoles a Jesús, con la gente reunida en la plaza San Pedro: “Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios!”.

El Papa Francisco ha comentado el Evangelio de este domingo antes del ángelus, desde la ventana del despacho del palacio apostólico del Vaticano que da a la plaza San Pedro.

Comentando el episodio evangélico de la marcha sobre las aguas, el Papa ha hecho observar la falta de fe del bautizado que consulta los horóscopos. Al contrario ha invitado a volverse hacia Cristo como Pedro que grita: “Sálvame!” y Cristo le coge por la mano y lo salva. Ha invitado a permanecer en la barca de la Iglesia, que no se hunde mientras que se hunden las otras barcas de las ideologías o de las modas.

Palabras del Papa Francisco antes del ángelus

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Hoy la página del Evangelio (Mt 14, 22-33) describe el episodio de Jesús que, después de haber orado toda la noche a la orilla del lago de Galilea, se dirige hacia la barca de sus discípulos, caminando sobre las aguas.

La barca se encuentra en medio del lago, bloqueada por un fuerte viento contrario. Cuando ven a Jesús venir caminando sobre las aguas, los discípulos lo confundieron con un fantasma y se asustaron. Pero él les tranquiliza “Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!” (v. 27). Pedro, con su típico ímpetu, le dice: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre las aguas”; y Jesús lo llama: “Ven!”(vv.28-29). Pedro desciende de la barca y se pone a caminar sobre las aguas hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento le entró miedo y comenzó a hundirse y gritó “Señor, sálvame!”,  y enseguida Jesús le tendió la mano y lo agarró. (vv. 30-31).

Este relato del Evangelio contiene un rico simbolismo y nos hace reflexionar sobre nuestra fe, ya sea como individuos ya sea como comunidad eclesial,  nuestra fe, la de todos nosotros que estamos aquí en la plaza. La comunidad eclesial, esta comunidad eclesial, ¿tiene fe?, ¿Cómo es la fe de cada uno de nosotros y la fe de nuestra comunidad?

La barca, es la vida de cada uno de nosotros pero también es la vida de la Iglesia; el viento contrario representa las dificultades y las pruebas. La invocación de Pedro: “Señor, mándame ir hacia ti!”  y su grito: “Señor sálvame!” se asemejan tanto a nuestro deseo de sentir la cercanía del Señor, pero también el miedo y la angustia que acompañan a los momentos más duros de nuestra vida y la de nuestras comunidades, marcadas por la fragilidad interna y las dificultades externas.

A Pedro, en aquel momento no le bastan las palabras seguras de Jesús, que era como la cuerda tendida a la cuál aferrarse para afrontar las aguas hostiles y turbulentas. Es lo que nos puede pasar también a nosotros. Cuando no nos agarramos a la Palabra del Señor, sino que para tener más seguridad consultamos horóscopos, cartomancia, se comienza a hundir. Esto quiere decir que la fe no es fuerte. El Evangelio de hoy nos recuerda que la fe en el Señor y en su palabra no nos abre un camino  donde todo es fácil y tranquilo, no nos libra de las tempestades de la vida.

La fe nos da la seguridad de una Presencia, no olvidemos esto. La fe nos da la seguridad de una Presencia, la presencia de Jesús que nos empuja a superar las tempestades existenciales, la certeza de una mano que nos aferra para ayudarnos a afrontar las dificultades indicándonos el camino aun cuando está  oscuro, la fe, no es una escapatoria de los problemas de la vida, sino que nos sostiene en el camino y le da un sentido.

Este episodio es una imagen magnífica de la realidad de la Iglesia de todos los tiempos: una barca que, a lo largo de la travesía debe afrontar los vientos contrarios y tempestades que amenazan con volcarla. Lo que la salva, no es el coraje y las cualidades de los hombres: la garantía contra el naufragio es la fe en Jesús y en su palabra. Esta es la garantía, la fe en Jesús y en su palabra.

Sobre esta barca estamos seguros, a pesar de nuestras miserias y de nuestras debilidades, sobre todo cuando nos ponemos de rodillas  y adoramos al Señor, como los discípulos que, al final, “se postraron delante de él, diciendo: ”Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios!”  (v.33). Qué hermoso es decirle a Jesús estas palabras! [Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios!], lo decimos todos juntos fuerte!, “Verdaderamente, tú eres Hijo de Dios” Una vez más! [Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios]. La Virgen María nos ayuda a perdurar firmes en la fe para resistir a las tempestades de la vida, a permanecer en la barca de la Iglesia, huyendo de la tentación de subir sobre barcas fascinantes pero inseguras, de las ideologías, de las modas y de los slogans.

Palabras Del Papa francisco después del ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

Os saludo a todos afectuosamente, romanos y peregrinos  que estáis presentes: familias, parroquias, asociaciones y a cada fiel.

Hoy también tengo la alegría de saludar  a los grupos de jóvenes: los scouts de Trevise y de Vincence (son numerosos!), los participantes del Congreso nacional de la juventud franciscana.

Saludo también a las Hermanas de la Virgen de los Dolores de Nápoles y al grupo de peregrinos que han recorrido a pie la Via Francigena de Siena a Roma.

A todos os deseo un buen domingo y un buen almuerzo. Por favor, no os olvidéis de orar por mí. Adiós!

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