La mujer no se alquila ni se vende

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Antonio Francisco Ordóñez

Dedicado a Lidia Falcón y a Marina Pibernat, porque vuestras razones en la lucha me han enseñado a que sean también las mías y deben serlo, siempre y sin concesiones, de la Izquierda.

Los principales tratados internacionales de derechos humanos, como la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), consideran el tráfico sexual una forma de discriminación sexual y una violación de los derechos humanos. En mi vida la mujer desempeña un papel fundamental e insustituible; más aún después de fallecido mi padre. Compañera, hermana y madre marcan un trípode sobre el que se sostiene buena parte de las relaciones sociales que como persona hacen que sea lo que soy. Es tal la consideración y la estima en la que tengo a las personas del sexo femenino que me resulta vergonzoso, como humano, el tener que explicar a mis dos adolescentes, inteligentes y preciosas hijastras que el mundo en el que vivimos es, a día de hoy, lamentablemente machista; es decir, discrimina, en la práctica, a más del 50% de su población.

Esto condiciona ya su forma de plantearse la vida y presencia en el mismo. Este artículo denuncia la pretendida regulación de dos facetas que afectan directamente a las mujeres: la prostitución y la maternidad subrogada. Ambas, aparentemente, sin relación, desligadas la una de la otra; pero que evidencian, en la práctica, el triste reflejo de dos caras de una misma moneda: la sociedad patriarcal imperante en nuestra sociedad. Sobre la prostitución ya hace tiempo que observo una mala conciencia, sobre todo, entre los hombres de mayor edad que militan en la Izquierda. El estigma que les acompaña, a muchos de ellos, como usuarios –aunque fuera de forma ocasional y lejana en el tiempo- de los burdeles que aún hoy se extiende por toda la geografía nacional, les persigue.

Poco hay que añadir a lo que recoge el Partido Feminista de España en su Programa Electoral, aprobado en su II Congreso el 26 de julio de 2015, donde se incluye en el Capítulo X, dedicado a la prostitución, el siguiente objetivo: “Aprobar legalmente la abolición de la prostitución y tomar las medidas adecuadas y dotar a la asistencia social de los medios económicos necesarios para reinsertar a las mujeres, que sufren esa esclavitud, en el trabajo asalariado y la vida civil”.

Contra los que proponen la “regulación de la prostitución voluntaria” como una profesión más, en contra del criterio sentado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), debe oponerse la Izquierda en bloque. Debemos denunciar y hacer visible el tráfico de mujeres y menores para la explotación sexual; una violación de los derechos humanos fundamentales, como el derecho a la integridad física, la igualdad, la dignidad, la salud, la seguridad o al derecho a no ser sometida a prácticas de violencia, tortura e incluso asesinadas.

La comercialización de seres humanos como objetos sexuales, la pobreza, la desigualdad de género y las condiciones de subordinación de mujeres y niñas constituyen un terreno fértil para la trata de personas. En este sentido, debemos hacer nuestras las reivindicaciones más avanzadas en esta materia, como, por ejemplo, son las que recoge la Red de municipios libres de tráfico de mujeres y menores para la explotación sexual:

• La supresión de toda forma de represión contra las personas prostituidas.
• La regularización de inmigrantes víctimas de explotación sexual, sin obligación de denuncia de las redes de proxenetas o traficantes.
• Una legislación que permita luchar efectivamente contra el tráfico y la explotación sexual, declarando la compra de favores sexuales como una violencia de género.
• Políticas alternativas, ofreciendo apoyo jurídico, asistencial, formación profesional y acceso a los servicios sociales a las persones víctimas de la explotación sexual, con el objetivo de ayudarlas a todas a salir y acceder a un trabajo digno.
• Educación escolar, así como formación de las administraciones públicas, justicia y policía, en valores igualitarios y no sexistas.

Sobre la mal llamada maternidad subrogada, una intensa propaganda bajo criterios parciales ha conseguido crear un cierto estado de opinión favorable a la misma. A ello ha contribuido, sin duda, la reciente regulación que de la misma ha efectuado nuestro país hermano y vecino, Portugal. Sin embargo, ni la mejor de las regulaciones puede esconder un principio esencial que se contraviene con aquellas: el deseo de paternidad/maternidad, nunca puede sustituir o violar los derechos que asisten a las mujeres y a los/las menores. El deseo de ser padres-madres y el ejercicio de la libertad no implica ningún derecho a tener hijos.

El mero consentimiento no puede sacralizar negocios jurídicos cuyo objetivo suponga la alienación de la persona haciéndola extraña a sus propios hijos. Es un evidente ejemplo de violencia extrema, sin matices. Mientras tanto, si nadie lo remedia, emerge un incipiente y, al parecer, próspero mercado a costa, una vez más, de las mujeres. Contra ello, en 2015 surgió la plataforma No somos Vasijas que ha publicado el manifiesto Las mujeres no se pueden alquilar o comprar de manera total o parcial en el que esboza las razones para oponerse a esa práctica:

• Porque abogamos por el derecho a decidir de las mujeres en materia de derechos sexuales y reproductivos.
• Porque elegir es preferir entre una serie de opciones vitales.
• Porque la llamada “maternidad subrogada” se inscribe en el tipo de prácticas que implican el control sexual de las mujeres.
• Porque alquilar el vientre de una mujer no se puede catalogar como “técnica de reproducción humana asistida”.
• Porque el “altruismo y generosidad” de unas pocas, no evita la mercantilización, el tráfico y las granjas de mujeres comprándose embarazos a la carta.
• Porque cuando la maternidad subrogada “altruista” se legaliza se incrementa también la comercial.
• Porque no aceptamos la lógica neoliberal que quiere introducir en el mercado a “los vientres de alquiler”.
• Porque las mujeres no se pueden alquilar o comprar de manera total o parcial.
• Porque nos mostramos radicalmente en contra de la utilización de eufemismos.
• Porque la perspectiva de los Derechos Humanos, suponer rechazar esta idea.

Y es que desde la Izquierda no nos está permitido equivocar el rumbo. Llevará mucho tiempo, muchas generaciones probablemente, el situar a las mujeres en plano de igualdad a los hombres.

En eso estamos ya muchas y muchos; cada vez más… algún día toda la humanidad. No nos podemos permitir abrir otros frentes que nos hagan retroceder parte del camino recorrido.

Siguiendo la frase atribuida a Rosa Luxemburgo – “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres” -, emplazo a toda la Izquierda para que no yerre, tampoco esta vez, en lo fundamental. Salud camaradas.

URL Corta: http://bit.ly/2w7JT8B

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