“Pac-Man es un videojuego perfecto”

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***Toru Iwatani, el creador del “come cocos”, ha sido la principal estrella de la Barcelona Games World.

Tegucigalpa , Honduras

En pleno 2017 es más que probable que un individuo cualquiera identifique antes lo que es Pac-Man por el sobrenombre de “come cocos” que por su título original.

Y es que tal fue el revuelo que causó este videojuego a principios de los años ochenta que, todavía hoy, es más recordado por el nombre con el que fue socialmente rebautizado.

Más de tres décadas después, su creador, el japonés Toru Iwatani, no esconde su asombro al descubrir cómo se conocía a su juego en España.

“No sabía que se le llamaba así, ayer me lo dijeron por primera vez y fue una gran sorpresa”, afirma en declaraciones a La Vanguardia.

Dos años después de visitar Barcelona con motivo del congreso Gamelab, el padre de Pac-Man (1980) ha vuelto a la ciudad condal coincidiendo con la feria Barcelona Games World, celebrada este pasado fin de semana con cifras récord de asistencia (135.000 visitantes según sus organizadores).

Una de las estrellas del evento ha sido este veterano creador de videojuegos, de 62 años, quien disfruta explicando a los más jóvenes cómo dio forma este mito de los videojuegos y no duda en garabatear a su icónico personaje en cada uno de los autógrafos que le piden.

Lo cierto es que hay pocas cosas que a estas alturas no se sepan sobre Pac-Man.

Las anécdotas clásicas, como el hecho de que creó el juego pensando en el público femenino, o cómo ideó a su protagonista a partir de una pizza a la que le faltaba una porción, son de sobras conocidas.

Ahora bien, ¿hay algún aspecto del juego que cambiaría si tuviera la oportunidad? “La primera versión de Pac-Man me parece perfecta, no le añadiría ni quitaría nada”, afirma Iwatani.

“Cosas que quizá hubiese añadido en un primer momento, pero que finalmente no pude incluir, con el tiempo las introduje en otros títulos como Pac-Land, Pac-Mania o Pac-World”, añade.

Hablando de anécdotas, muy diferente es, en cambio, su recuerdo sobre la nefasta versión que su juego tuvo en la consola Atari 2600: “Ese Pac-Man salió como salió porque no tuvo supervisión desde Japón”.

Quizá fue por el enorme éxito de Pac-Man que Iwatani tampoco continuó desarrollando muchos más juegos diferentes.

Uno de sus otros éxitos fue el revolucionario arcade de carreras Pole Position (1982), no ha tenido mucha más producción.

Uno de los motivos es su rol como directivo en Namco, una de las más conocidas empresas de desarrollo japonesas que, recientemente, vivió el fallecimiento de su fundador, Masaya Nakamura. “Siempre recordaré cuando venía a vernos mientras estábamos trabajando, miraba lo que estábamos haciendo y nos daba indicaciones —recuerda Iwatani—.

Eran indicaciones muy adecuadas, se notaba que sentía verdadero amor por los videojuegos.”

Aunque hace años que abandonó la creación de videojuegos, en su actual ocupación como profesor de la Universidad Politécnica y de Artes de Tokio, lleva tiempo investigando en la creación de nuevas e innovadoras formas de jugar.

Si hace un par de años presentó en Barcelona un vestido con pantallas para controlar los juegos con el cuerpo, en esta ocasión sus ideas van mucho más allá.

Iwatani expone en Barcelona la posibilidad de “comernos los videojuegos” de alguna manera.

“Imagina que pudiésemos interactuar con nuestras neuronas, con nuestros recuerdos y nuestra manera de pensar, que pudiésemos jugar a un videojuego de forma coordinada con nuestra manera de ser, sin necesidad de una pantalla, un videojuego interno”, afirma durante la entrevista.

También es de sobras conocida la visión que este creador tiene de los videojuegos actuales y su apuesta por un tipo de juego más educativo y menos violento.

“Hoy en día destacan mucho aquellos videojuegos que son muy violentos, con mucha sangre y asesinatos”, lamenta Iwatani.

“Me gustaría que destacaran más otro tipo de juegos más educativos y estimulantes para la mente y, por suerte, cada vez más están surgiendo videojuegos que son más útiles para la sociedad”, sentencia.La Vanguardia/Hondudiario 

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