OMC y mercados inhumanos

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CADTM Colombia 
                        

 La Organización Mundial del Comercio se ha constituido como una institución para la imposición y perpetuación de las relaciones desiguales en un mercado totalmente inhumano

 Colombia ha estado y esta trastocada por diferentes organizaciones internacionales como es el caso de la Organización Mundial de Comercio, la cual ha implementado con beneplácito de los gobiernos de turno, las transformaciones económicas, políticas y jurídicas en el país necesario para la dinamización de la globalización neoliberal.

Dicha globalización parte de la necesidad de generar una mayor acumulación de capital por medio de la pauperización de los derechos laborales, la privatización y mercantilización de los servicios públicos y los derechos sociales, culturales y políticos, la subordinación a una división internacional del trabajo que impone la sobreexplotación de los bienes comunes y de los trabajadores, el blindaje normativo al interés individual y de acumulación de capital sobre el conjunto de la sociedad por medio de los tratados de libre comercio y los tratados bilaterales de inversión, la desregulación estatal que ocasiona una debilidad endémica ante las fuerzas del mercado, el aumento y transferencia de las cargas impositivas tributarias desde los grandes capitales hacia la población en general, entre otras dinámicas totalmente odiosas e ilegitimas, impuestas por medio de la violencia física, estructural y simbólica en el país.

Hemos podido evidenciar que, desde finales de la década de los años 60, el país fue liberalizando la economía con varios flujos y reflujos en la incorporación de las políticas de reducción arancelaria y aniquilamiento de las políticas de subsidios y fomento impulsadas por la OMC otrora GATT -Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio-, consecuencia directa del vaivén de los precios internacionales de la exportación por antonomasia de la época el café. Sin embargo, debido al fin del pacto de cuotas a nivel internacional de este producto, desde el año 1990 se ha vivido la completa liberalización de la economía, bautizada en nuestro país como el momento de la apertura económica.

Estas leves pero concisas transformaciones desde finales de la década de los 60 y la completa liberalización en la década de los 90 ocasionaron una transferencia de la dependencia de la exportación del café hacia el aumento de la exportación de la minería en el país, en la que evidenciamos como el café pasa de tener una participación en las exportaciones de aproximadamente el 60% en el año 1970 ha rondar el 7% en el año 2012, mientras que la exportación derivada de la minería en Colombia pasara de ser aproximadamente un 20% en el año 1970 a rondar el 65% en el año 2012 como se puede cotejar en la anterior gráfico.

Esta transferencia de la dependencia de la exportación del café hacia el extractivismo en el país, es consecuencia directa de la apertura económica jalonada entre otras por la OMC, puesto que el fin de las políticas de fomento y la dramática reducción arancelaria generó la materialización de la nueva división internacional del trabajo en done Colombia, como país periférico, está subsumida a la exportación de los llamados recursos naturales o commoditiesmientras los países metropolitanos demandan estos recursos a bajos precios y los transforman generando un aumento de capital en las mercancías que posteriormente serán exportadas hacia nuestros países, caracterizando la subordinación económica directa desde las metrópolis hacia las periferias bajo el sistema imperialista.

Esta subordinación puede ser vista en el desenvolvimiento en el tiempo de la participación de los sectores económicos en el Producto Interno Bruto del país, donde el sector agropecuario pasó de una participación en el PIB de aproximadamente el 30% en el año 1964 a menos del 7% en el año 2015 como se puede evidenciar en la siguiente gráfica, cotejando que el 30% de los alimentos que se consumen en el país son importados, equivalente a unos 14 millones de toneladas para el año 2016. Algo paradójico manifestando el gran potencial agrario de nuestra nación, que se podría materializar en una soberanía alimentaria base de cualquier política progresista y/o revolucionaria.

 Una de las grandes consecuencias de las múltiples políticas de la Organización Mundial de Comercio materializada en la economía colombiana, es la reducción dramática de los aranceles en el país que pasaron de representar en los ingresos fiscales un 33% en 1970 a tan solo el 3% en el año 2017, mientras que los impuestos indirectos en particular el IVA -Impuesto al Valor Agregado- en nuestro país pasó de 9% en el año 1970 a rondar parcialmente el 39% en el año 2017, donde el impuesto al valor agregado en la última reforma tributaria en el año 2016 pasa del 16% al 19% y se plantea una nueva reforma para el año 2018 donde el IVA aumente entre 2 a 3 puntos porcentuales.

Estas transformaciones evidentes en el siguiente grafico implican que la caída de los ingresos devenidos por los impuestos arancelarios en el país bajo la política de apertura económica desde finales de la década de los 60, ejercieron una transferencia de la opresión fiscal hacia el aumento de los impuestos indirectos y regresivos, los cuales parten de una lógica que grava la demanda sin tener en cuenta la desigualdad económica en la sociedad.

Por otro lado, aunque se evidencia una aparente estabilidad en el impuesto a la renta (impuesto directo) en el país, que pasó de tener una participación del 53% de los ingresos fiscales en el año 1970 a rondar el 34% en el año 2016 y parcialmente en un 42% en el año 2017, estos datos no ejemplifican las transformaciones y transferencias de las cargas impositivas desde los grandes capitales hacia la sociedad en común, puesto que las múltiples reformas desde 1970 han partido de la reducción de impuestos directos al gran capital por medio del aumento del margen impositivo en la sociedad.

Esta política de transferencia de los impuestos desde el gran capital hacia la sociedad en común, manifiesta una de las base de la globalización neoliberal financiera, que parte del aumento de la opresión fiscal en la sociedad como fuente indirecta de acumulación de capital y paralelamente la reducción de los aranceles en el país generaron el aumento radical de la dependencia y subordinación a la nueva división internacional del trabajo que nos impone una lesiva reprimarización de la economía.

Como se ha evidenciado la Organización Mundial del Comercio junto a sus similares, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, han gestado las trasformaciones de nuestras naciones en los últimos años. Los múltiples tratados de libre comercio y los tratados bilaterales de inversión impulsados por la OMC implican la prelación de los derechos del capital por encima de los derechos humanos.

Estas prelaciones de los derechos del capital por encima de los derechos humanos se pueden dar por medio de la subordinación de la normatividad nacional y/o por la manipulación económica en la cual recaen nuestros Estados al firmar estos tipos de tratados donde las empresas poseen un mayor poder, ejemplificando el poder del 1% por encima del otro 99%.

Colombia actualmente está oprimida por aproximadamente 6 demandas internacionales interpuestas por multinacionales con un peso económico de aproximadamente 23.500 millones de dólares, algo semejante a 70 billones de pesos, que equivale a 23 años de presupuesto de la educación superior, a más de 3 años de presupuesto de salud y protección social y a más de 100 veces el presupuesto dirigido a ambiente y desarrollo sostenible.

 Estas demandas implican la materialización de las ataduras de la globalización neoliberal ejercidas por el derecho corporativista internacional en el cual los derechos humanos son totalmente subordinados al interés de acumulación, donde la vida de grandes franjas de la población es menos importante que la tasa de ganancia y rentabilidad, y donde los estándares de humanidad dan paso al consumo desmedido y fetichizado.

A su vez, estas demandas en conjunto con los Tratados Internacionales -sin importar su naturaleza ya sea comerciales o de inversión, entre otros- constituyen un nuevo orden jurídico transnacional que se impone sobre los países y su orden jurídico interno, incluso sobre las decisiones judiciales sobre vulneraciones de derechos humanos como ha sucedido en nuestro país, generando un ambiente de impunidad en torno del actuar de las empresas transnacionales en nuestros países que se encuentran cobijadas por estos tratados e instrumentos internacionales.

Por lo que hemos reseñado anteriormente manifestamos nuestro apoyo a la contra cumbre de la OMC que se llevara a cabo entre el 7 y 13 de diciembre en Buenos Aires – Argentina, en la cual anudamos nuestros gritos de dignidad, estrechamos nuestros lazos de solidaridad y sumamos nuestras formas de resistencia y lucha por una sociedad en la que prevalezca las necesidades humanas por encima de las del mercado.

Desde Colombia llamamos a la unidad del pueblo y de nuestra América en contra de las instituciones financieras internacionales en este caso la Organización Mundial del Comercio con sus intereses mezquinos e individualistas.

 

URL Corta: http://bit.ly/2AXlrwd

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