Brasil invertirá 53.500 millones de euros en trenes y carreteras en 25 años

“Para continuar siendo un país justo, Brasil debe tener una economía cada día más competitiva, con buenas infraestructuras”, ha afirmado hoy la presidenta Dilma Rousseff al anunciar el programa.
La iniciativa de Brasilia ha sido enseguida aplaudida por el sector privado, pero también por la opinión pública, ya que el talón de Aquiles del país son las infraestructuras, consideradas tercermundistas. Pero las inversiones suponen también un espaldarazo económico, ya que se prevé que la economía brasileña crezca este año menos del 2%, el registro anual más flojo desde 2009 (y una marcada caída desde el 7,5% de 2010).
El crecimiento de los últimos años se basó fundamentalmente en la expansión del crédito y en el consumo. Otras medidas adoptadas en los últimos meses por el Gobierno, como la reciente devaluación del real y la progresiva reducción de las tasas de interés, no habían logrado del todo favorecer el crecimiento.
El empresario más rico de Brasil y uno de los más ricos del planeta, Eike Batista, ha calificado el proyecto del Gobierno de Rousseff de “kit felicidad”. Según el magnate, se trata de una “iniciativa audaz”, pues "en los últimos 20 años hemos invertido muy poco en infraestructuras en relación al PIB. Me atrevo a decir que estamos con un déficit de 300.000 millones de dólares. Por ello, esta megainiciativa es espectacular”.
El ministro de Transportes, Paulo Sérgio Passos, ha insistido en que la ampliación y la mejora de las infraestructuras son “condiciones imperativas” para reducir los costes de producción del país. Passos subrayó que las condiciones para la licitación de las obras serán inflexibles.
La única incógnita que plantean los expertos es si esta vez las obras serán realmente llevadas a cabo sin que se queden en un mero anuncio como ocurrió en 2007, durante el Gobierno del expresidente Lula da Silva, cuando se anunció una inversión de 1.200 millones de reales en carreteras. Las obras deberían concluir a principios del 2013 pero, según informa el diario Folha de Sâo Paulo, solo se habían gastado 100 millones de reales hasta febrero de este año. De los ocho proyectos previstos, cinco aún no han empezado.
El Gobierno actual arguye para justificar el retraso que se trataba de proyectos mal elaborados que obligaron a introducir cambios y modificaciones por indicación de los órganos de defensa del medio ambiente.
Con el macroprograma anunciado, Dilma Rousseff se juega mucho -puede que incluso la reelección en 2014- en el caso de un nuevo fracaso en las obras anunciadas, porque la apuesta es muy ambiciosa. Los expertos, no obstante, creen que los beneficios del plan en la economía brasileña no se notarán hasta dentro de unos años.


