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La conservación del bosque es ahora un nuevo negocio en Honduras


La forestería comunitaria cada vez más está ganando más “auge” en el pueblo hondureño


Actualmente se cuenta con casi 100 comunidades unidas en cooperativas agro-forestales
*** Anteriormente agobiadas por la creciente tala ilegal de madera y la desproporcionada entrada de ganado en áreas boscosas, las comunidades han tomado el control sobre sus recursos forestales.
Tegucigalpa, Honduras.

La forestería comunitaria cada vez más está ganando más “auge” en el pueblo hondureño, con este proyecto además de conservar el bosque se ha convertido en un buen negocio para muchas comunidades del país.

En Juticalpa, Olancho, seis comunidades se reunieron con representantes del Instituto de Conservación y Desarrollo Forestal, Áreas Protegidas y Vida Silvestre (ICF), cooperantes internacionales y autoridades locales para hablar sobre sus experiencias en la actividad de forestería comunitaria.

Este proyecto que nació en el año 2007 con apenas cinco comunidades en algunas zonas del territorio nacional, actualmente cuenta con casi 100 comunidades unidas en cooperativas agro-forestales por todo el país.

”Con la forestería comunitaria, el Estado busca una manera de llevar un desarrollo sostenible y prosperidad socio-económica a regiones que generalmente son excluidas del progreso. Y al mismo tiempo se conserva el medio ambiente sosteniblemente”, relató el viceministro del ICF, René Romero.

Anteriormente agobiadas por la creciente tala ilegal de madera y la desproporcionada entrada de ganado en áreas boscosas, las comunidades han tomado el control sobre sus recursos forestales.

Asesoradas y apoyadas por el ICF, las cooperativas agro-forestales han desarrollado planes de manejo y planes operacionales anuales para el aprovechamiento racional e inteligente del bosque. Solamente en Olancho el ICF ha otorgado aproximadamente 85 mil hectáreas de bosque nacional a las comunidades de este departamento.

“Nuestro nivel de vida ha mejorado, gracias al manejo sostenible de nuestros recursos forestales. Siempre es mejor sembrar que destruir”, comentó Santos Sixto Flores, presidente de la Cooperativa Agroforestal El Coyol Limitada.

125 barriles de resina de los árboles produce la comunidad olanchana de 1,400 habitantes mensualmente. “Hoy en día podemos comprar los útiles escolares y nuestros hijos toman cada día su vaso de leche, gracias a la forestería comunitaria. En el pasado todo eso no era posible”, dijo María de Jesús Bustillos.

El manejo inteligente y sostenible de los recursos forestales ha generado enormes expectativas entre los pobladores en zonas rurales. Y los resultados son muy prometedores como expresó el director de PRORENA / GIZ, Gerhard Jansen quien dijo que “la cooperación alemana GIZ ya ve los resultados de la forestería comunitaria. Donde se la práctica, no hay incendios forestales, ni plagas. Hoy en día la forestería comunitaria es una política nacional y la GIZ sigue apoyando el ICF en este asunto. En los próximos cinco, seis años se espera manejar 1,000.000 de hectáreas de este modo, un tercio de todo el bosque estatal”.

Que la conservación del bosque es un buen negocio lo demuestran los números. Por cada hectárea se genera alrededor de 1000 Lempiras, que se quedan en su mayoría en las comunidades y municipios. Y con la creación de tres puestos de trabajo por hectárea, entre ellos mujeres y jóvenes, la forestería comunitaria contribuye también con la reducción de la pobreza en regiones rurales.

”Firmamos un convenio de forestería comunitaria con el ICF sobre el uso de 4,509 hectáreas de bosque. Así queremos sacar la gente de la pobreza. Una gran cantidad de los habitantes de nuestra comunidad inmigró a las ciudades. Que regresen, pues tenemos agua en abundancia, tierras fértiles y bosques, que ahora en adelante vamos a usar sosteniblemente”, expresó René Gradiz de la comunidad Jutiapa, Municipio de Salamá.

La gama de productos y servicios, que las comunidades de la forestería comunitaria ofrecen a través de las cooperativas agroforestales, ya es bastante amplia: desde muebles de madera, astillas de ocote, artesanía de pino, café orgánico, resina hasta harina de la nuez maya y ecoturismo.

“La forestería comunitaria es la herramienta más importante para conservar los recursos forestales y para tener comunidades más prosperas, más productivas y en mejores condiciones”, comentó el Vice-Ministro del ICF, René Romero. El involucramiento de los habitantes de las comunidades en los procesos productivos es la clave del éxito.

Muchas veces organizaciones no gubernamentales prometieron desarrollo y prosperidad para localidades rurales, pero nunca cumplieron su palabra; al contrario. “La forestería comunitaria es una realidad y gracias al ICF y a la cooperación alemana, el progreso llega ahora a nuestras comunidades. No son proyectos de maletín que algunas ONG´s nos ofrecieron en el pasado”, elogió Julián Duarte de la Comunidad Pech de Culmí, el apoyo de los alemanes y de la institución forestal estatal.

El manejo y aprovechamiento de los recursos forestales en forma racional y sostenible, como una alternativa económica para la población es el enfoque central de la forestería comunitaria.

No se espera la generación de grandes riquezas para las distintas comunidades. Se busca la sostenibilidad y el desarrollo comunitario en un ambiente natural intacto que permita al hombre vivir en armonía con su entorno. Localidades productivas, concentradas en su desarrollo sostenible demuestran nuevamente que la forestería comunitaria es también un negocio - para el ser humano, para las comunidades y para toda Honduras. hondudiario