Por qué, pese a todo, queremos seguir trabajando con la Argentina

“Tenemos pruebas aparentemente confiables de que una fuerza de tareas argentina se concentrará frente a Cape Pembroke [Isla Soledad] en las primeras horas de mañana, 2 de abril.
Realicen las previsiones que resulten necesarias”. Así decía el telegrama de tono típicamente medido de la Cancillería Británica al Gobernador de las Islas Falkland, Rex Hunt, despachado hace 30 años.
Y así sucedió. En menos de 24 horas, las fuerzas armadas argentinas habían invadido las Islas. De esta manera comenzó una ocupación de 10 semanas, que sólo llegó a su fin cuando una fuerza de tareas británica fue enviada a restituirles la libertad a los isleños.
El 2 de abril, aniversario del inicio del conflicto, fue un día de conmemoración y reflexión, especialmente para aquellas familias, de ambos bandos, cuyos seres queridos perdieron la vida en combate, incluidos los numerosos soldados argentinos que también descansan en paz en las Islas.
En el Reino Unido, recordamos a aquellos 225 efectivos que realizaron el máximo sacrificio por el principio inviolable de restituir a los isleños su derecho a determinar quién desean que los gobierne.
Al conmemorar estos hechos, debemos recordarle al mundo que en los años transcurridos desde su liberación, los isleños han reiterado inequívocamente y sin reservas el deseo de mantener su status constitucional e identidad nacional, y de coexistir pacíficamente con sus vecinos de América Latina.
Mientras el pueblo de las Falkland continúe expresando este deseo, el Reino Unido defenderá y apoyará su derecho a hacerlo.
Durante los últimos 30 años, muchas cosas han cambiado. A pesar de las dificultades derivadas de su relativo aislamiento geográfico, las Falkland crecieron y prosperaron. La población prácticamente se duplicó hasta alcanzar hoy los 3,000 habitantes.
El PBI aumentó de 5 millones de libras en 1980 a más de 100 millones en los últimos años.
Y contra el sostenido intento argentino de impedirlo, los isleños lograron desarrollaron una economía local pujante, con una industria pesquera responsablemente administrada, un turismo en expansión basado en un ambiente natural único por sus características, y una incipiente industria de hidrocarburos.
Esta transformación coincidió con cambios generales significativos en toda América Latina. Prosperaron las democracias, y el comercio entre vecinos está impulsando el progreso socioeconómico en toda la región.
Estos son acontecimientos positivos que me complacen enormemente. Como dije en un discurso que pronuncié poco después de asumir como Canciller, el Reino Unido estuvo demasiado ausente de América del Sur durante demasiado tiempo.
El potencial hoy mayor de las relaciones entre el Reino Unido y los países de América Latina está comenzando a manifestarse desde que incrementamos nuestra presencia diplomática con más personal y nuevas Embajadas y aumentamos marcadamente la cantidad de visitas de funcionarios
ministeriales a la región desde 2010.
Nos encaminamos a duplicar las cifras del comercio con Brasil, México y Colombia de aquí al 2015.
Independientemente de la política regional, los isleños están deseosos de desempeñar su papel en esta nueva realidad regional. El comercio, los vínculos comerciales y personales entre las Islas y América del Sur son de larga data, pero se ven aun más prometedores hoy día.
Como democracias maduras del siglo XXI, todas debemos acoger las oportunidades económicas que se presentan a quienes desean comerciar libremente en un mundo cada vez más interconectado.
Dentro de este contexto más amplio, la política del Gobierno Argentino de los últimos meses ha sido muy lamentable, y sus declaraciones han conmovido a muy pocos, incluso en América del Sur.
En lugar del diálogo y los contactos que se registraron en la década de 1990, la Argentina en años recientes tomó una serie de medidas dirigidas a coaccionar a las Islas que abarcan desde intentos de intimidar a las empresas participantes de la actividad hidrocarburífera hasta el acoso por parte de la prefectura argentina de buques pesqueros de las Falkland, incluyendo la amenaza de suprimir el único enlace aéreo entre las Islas y América del Sur y la prohibición directa del ingreso a sus puertos de cruceros que hubiesen visitado las Falkland.
Tales intentos de profundizar un desacuerdo, que ni nosotros ni el pueblo de las Falkland intentó jamás provocar, están fuera de sintonía con la cooperación internacional que existe en el mundo moderno.
El Reino Unido mantendrá su absoluto compromiso de preservar el derecho de los isleños - algunos de los cuales tienen nueve generaciones de antepasados en las islas - a determinar su propio destino político y económico.
Y si bien el Gobierno Británico no negociará la soberanía de las Islas a menos que y hasta que el pueblo que las habita así lo desee, son muchos los temas que los tres – las Falkland, el Reino Unido y la Argentina – pueden abordar en conjunto a pesar de ello.
Pesca, hidrocarburos, comunicaciones, comercio y medidas de desarrollo de confianza han sido todos objeto de acuerdos en el pasado, aunque la Argentina posteriormente haya dado por terminados dichos acuerdos.
De modo que, si los aniversarios ofrecen una oportunidad para la reflexión, sin duda es hora de reflexionar de qué manera podemos trabajar todos en conjunto por nuestros intereses comunes durante los años venideros.
Cabe mencionar que muchos países que mantienen desacuerdos bilaterales sin embargo colaboran en áreas que ofrecen beneficios mutuos, entre ellas cooperación económica y comercial. Este es nuestro deseo respecto de Argentina.



