Iglesia, minería y transnacionales

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Papa FranciscoNo es un secreto para nadie volver a recordar que el Papa Francisco se ha convertido en uno de los líderes mundiales con mayor credibilidad debido a muchas razones pero entre ellas sobresale la defensa de la Ecología y del medio ambiente. Es por esta razón que, casi simultáneamente, se celebra el primer aniversario de su encíclica y el Congreso de Minería de Tegucigalpa.

No está de más comparar ambos eventos teniendo como trasfondo nuestra realidad. Sobre todo cuando nuestros gobiernos mantienen una guerra continua contra las comunidades y colectivos de todo tipo que defienden y luchan por la Ecología; al mismo tiempo éstos son críticos acérrimos del “modelo de desarrollo” impulsado por los diferentes gobiernos de turno. Es habitual el argumento, tanto del gobierno como de los medios empresariales y transnacionales, decir que las comunidades “se oponen al desarrollo” y que ellos son portavoces de un “proyecto civilizatorio” que solamente el futuro y la historia sabrán reconocer.

También sabemos y conocemos, por decirlo elegantemente, los “daños colaterales” de este “proyecto civilizatorio”: muertes, asesinatos, violación a los derechos humanos, desapariciones, amenazas y persecuciones a los líderes indígenas, comunitarios y de los movimientos sociales alternativos; incumplimiento de los tratados internacionales, etc, etc.
Por más que se quiera no hay manera de armonizar el “discurso presidencial y de los grupos de poder” con el “discurso social” que contemplamos a diario: represión, penalizaciones fiscales, ausencia de diálogo, legislar a espaldas de la ciudadanía, militarizar y castigar a los “disidentes de su proyecto”. La “aplanadora del partido de gobierno” no permite fisuras democráticas que signifiquen el dar cabida mínimamente a las necesidades y urgencias del país.

Teniendo a la vista esta realidad nos preguntamos cómo la “Laudato Si” o, si lo prefieren, el Papa Francisco, se ubica en este debate que se da entre los “defensores” y los “agresores” de nuestro medio ambiente y de la Ecología. Con su encíclica el Papa Francisco ha puesto el listón muy alto y se ha situado muy por encima y por delante de gobiernos, transnacionales y grupos de poder que mantienen una postura estrictamente utilitarista del desarrollo, la técnica y el consumo.

Comencemos por señalar algo que ningún político, gobierno o gerente empresarial quieren admitir y rechazan radicalmente: que nuestra realidad humana, social, financiera, política y ecológica tiene unos “límites infranqueables” que una vez rebasados nos conducen a un “camino sin retorno”. Por eso se nos dice: “nunca la humanidad ha tenido tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien. ¿En manos de quien está y puede llegar a estar tanto poder?. Es riesgoso que resida en una pequeña parte de la humanidad” (n.104).

El hombre moderno no está preparado para utilizar tanto poder con acierto, porque el inmenso crecimiento tecnológico no estuvo acompañado de un desarrollo del ser humano en responsabilidad, valores, conciencia. Cada época tiende a desarrollar una escasa conciencia de sus propios límites” (n. 106).

Pero Francisco va más allá todavía cuando cuestiona el “paradigma tecnocrático dominante”: el crecimiento infinito o ilimitado de economistas, financistas y tecnólogos. “El paradigma tecnocrático se ha vuelto tan dominante que es muy difícil prescindir de sus recursos, y más difícil todavía es utilizarlos sin ser dominados por su lógica. El paradigma tecnocrático también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política. No se aprendieron las lecciones de la crisis financiera mundial y con mucha lentitud aprenden las lecciones de deterioro ambiental”(108-109).

Pensamos que estas palabras hablan por sí mismas y cuestionan profundamente al partido de gobierno, grupos de poder empresariales o trasnacionales que son una especie de “ejecutores autómatas sin ética y sin GPS” del “paradigma tecnocrático dominante” que son uno de los causantes de la fuerte crisis social que atravesamos.

Terminamos diciendo: “no al paradigma tecnocrático dominante” y sí a los defensores, luchadores y administradores del “cuidado de la casa común”.

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