ESPADA DE DAMOCLES

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Por:saulbuesoIAIP Saul Bueso

Los relatos griegos nos dicen que Damocles, fue al parecer, un cortesano en la corte de Dionisio II, el rey que gobernaba Siracusa en el siglo IV a. C. Damocles era excesivamente adulador, y como muchos otros miembros de la corte, halagaba constantemente al rey, con la esperanza de que éste le diera una posición de más poder en la corte.

Damocles envidiaba la posición del rey y propagó que Dionisio, era realmente afortunado al disponer de tal poder y riqueza. En una conversación con éste, le dijo “Como hombre de poder y autoridad rodeado de magnificencia, eres un hombre verdaderamente afortunado”.

Dionisio, deseoso de escarmentar al adulador, se ofreció a intercambiarse con él por un día, de forma que pudiera disfrutar de primera mano su suerte. le dijo, Damocles, dado que esta vida te deslumbra, ¿querrías saborearla por ti mismo durante un día para así juzgar la realidad de tus palabras? Damocles no lo pensó dos veces, y esa misma tarde se celebró un banquete donde gozó siendo servido como un rey.

Al final del banquete Damocles miró hacia arriba, y reparó que colgaba solo de un pelo crin de caballo una enorme y filuda espada que apuntaba hacia su cabeza. Inmediatamente se le quitaron las ganas de los apetitosos manjares que le sirvieron y las hermosas mujeres que solicito de compañía, y pidió al rey abandonar su puesto, diciendo que ya no quería seguir siendo tan afortunado.

El relato se refiere al siglo IV antes de Cristo, pero sugiere que fue escrito para hoy, pues los que gobiernan desconocen o quieren desconocer ese significado, y los aduladores del poder abundan en la actualidad y lejos de aconsejar al gobernante, más bien le susurran al oído y después gritan en coro sobre las cualidades que le adjudican, aunque carezca el gobernante de ellas.

Si los gobernantes siguen escuchando los susurros y gritos de los adulares del poder y no escuchan con las orejas alertas la crítica sana y orientadora, en contraposición de los consejos fútiles que reptan por oscuros laberintos, que los llevaran a tomar decisiones equivocadas, seguiremos siendo lo que hoy somos, una sociedad con poco desarrollo humano, un gobierno y pueblo de mendigos.

Si los gobernantes siguen creyendo, que los aduladores son más creíbles que las críticas, seguiremos ocupando los últimos lugares en el concierto de naciones, con poca seguridad en todas las áreas, democracia frágil y con instituciones poco creíbles, si seguimos haciendo lo mismo, nos pasara igual que Sisifo, empujando la piedra incesantemente cuesta arriba, que, al llegar casi a la cima, rueda de nuevo al suelo.

La espada de Damocles sigue colgada del techo del poder, un pequeño soplo de vientos de cambio, puede cortar el pelo de la crin de caballo. Desde la distancia, el poder es una cosa deseada por muchos porque consideran que es una situación de privilegio que los coloca por encima de los demás, y les hace sentirse únicos. El poder es una posición para servir, si no lo hacen recuerden que como Damocles, tienen una espada sobre la cabeza.

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