Venezuela: a punto de explotar

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Coma

Por: Rogelio Núñez

henry-ramos-allupLa crisis política, institucional y socioeconómica que padece Venezuela no ha degenerado en un estallido social hasta ahora porque la posibilidad de que el referéndum revocatorio tuviera lugar en 2016 servía para calmar los ánimos de la oposición y de los grupos sociales opuestos al gobierno.

Ahora que esa posibilidad se ha esfumado, es menos descartable el riesgo de que el régimen se enfrente a un estallido social (o incluso a un golpe preventivo de las FFAA).

El presidente de la Asamblea, Henry Ramos Allup, ya ha advertido que las instituciones del régimen “están jugando con materia inflamable, le están metiendo demasiada presión a la caldera de la inquietud nacional. Una forma de tranquilizar, atemperar los ánimos tensos es que se produzcan salidas constitucionales, pacíficas, democráticas y electorales para resolver esta situación. Si (el referendo) no se hace este año es porque el CNE lo impide, lo frustra”.

El incremento del malestar político y socioeconómico

El malestar social en Venezuela es muy palpable a causa de la elevada inflación y el desabastecimiento que padecen los sectores populares. Ese malestar social se da cuando existe además un progresivo malestar político por la sucesivas muestras de autoritarismo del régimen (condena de Leopoldo López a más de 13 años de prisión) y por las maniobras para retrasar el revocatorio hasta 2017.

Ese malestar social, que provoca decenas de pequeños incidentes a los largo y ancho del país, tuvo un episodio muy revelador de lo que puede ocurrir a comienzos de mes en Villa Rosa (Isla de Margarita, Estado Nueva Esparta) cuando Nicolás Maduro fue rodeado por personas que protestaban contra el desabastecimiento y tuvo que huir del cacerolazo. El mandatario tenía planeado transmitir en vivo desde una tarima pero no pudo ante la protesta popular.

Villa Rosa es solo una anécdota, pero es muy significativa de lo que puede acabar ocurriendo si las pasiones contenidas saltan por los aires al no poder canalizarse a través del revocatorio.

Y eso es lo que ha acontecido este 21 de septiembre:

El Consejo Nacional Electoral (CNE), tras semanas de dilaciones, anunció este miércoles que durante los días 26, 27 y 28 de octubre al menos un 20% del censo del país -3,8 millones de personas- deberá expresar su voluntad de que haya consulta en una campaña de recogida de firmas.

El CNE aseguró que, de acuerdo con los plazos fijados a partir de ahora, el referendo se celebraría“ a mediados del primer trimestre de 2017″.

En ese caso, una eventual derrota de Maduro no supondría nuevas elecciones y el chavismo seguiría en el poder con otra figura como presidente hasta que termine el actual periodo presidencial en 2019.

La oposición asegura que el Consejo Nacional Electoral (CNE) está dilatando el plebiscito ya que, si se realiza después del 10 de enero y Maduro es revocado, sería su vicepresidente el encargado de completar su mandato hasta principios del 2019.

El CNE debió anunciar la fecha para recoger unas 3,9 millones de firmas el viernes; sin embargo, lo hizo el miércoles.

La pugna chavismo-antichavismo será en las calles

Esta decisión del CNE obliga a la oposición a salir a las calles de forma aún más contundente. Primero, porque la Mesa de Unidad Opositora considera que la sentencia carece de legitimidad.

Jesús “Chúo” Torrealba, secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), ha adelantado que la oposición se movilizará en solicitud del referendo revocatorio para este año a pesar de la “anticonstitucionalidad” que según él está cometiendo el Consejo Nacional Electoral (CNE): “No podemos hacernos cómplices de una violación de la Constitución, ni hacerle el favor el gobierno”.

En segundo lugar, este mismo mes, el pasado 1 de septiembre, la oposición probó que tiene capacidad de movilización y que en la calle el antichavismo es mayoritario. Ahora con mucho más motivo la MUD sabe que tiene un apuesta ganadora saliendo a las calles.

El líder de la oposición venezolana, Henrique Capriles, ya propuso el martes “tomar Venezuela” con una masiva protesta hasta la sede del árbitro electoral en Caracas, para exigir la fecha para recabar las firmas necesarias que permitan convocar a un referéndum revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro.

“Se lo digo a las cuatro señoras del CNE, que de no dar una repuesta en la próximas horas, en mi opinión, debemos convocar al país entero a la ‘Toma de Venezuela’”, dijo Capriles.

Y ahora, el propio Torrealba ya ha dicho que “viene una protesta masiva, constitucional, pacífica y contundente, en defensa a los derechos de la población y a la Constitución. Lo que está siendo lesionado no es el interés político de una organización, sino el pacto de convivencia de los venezolanos”.

En tercer lugar, el margen de acción de la oposición se ha reducido considerablemente con la decisión del CNE y solo le queda apelar a la presión política para conseguir que el revocatorio se celebre y no quede aguado y sin efecto.

Además la movilización en esta coyuntura es mucho más factible porque la MUD solo debe canalizar los sentimientos de frustración y rabia, verdaderos catalizadores de la movilización política.

De hecho, el presidente de la Asamblea Nacional, el opositor Henry Ramos Allup, apuntó a que el CNE está conduciendo a la oposición a un callejón sin salida: “Está estableciendo requisitos absolutamente inadmisibles… Si con eso creen que van a doblegar la voluntad de los venezolanos de revocar al peor presidente que ha tenido en su historia este país no se van a salir con la suya”.

El régimen va a enfrentar, por lo tanto, a una reactivación mucho mayor de las movilizaciones y las protestas.

La MUD, acusada de pasividad, no tiene otras opciones que hacer valer su fuerza en las calles. Eso va a elevar la tensión política, la polarización y la sensación de colapso del régimen lo cual abre las puertas a otras soluciones alejadas de la institucionalidad y las urnas.

Como señaló Carlos Malamud en Infolatam “dados los condicionantes crecientemente negativos de la coyuntura política y electoral, cada vez hay menos margen para evitar una salida violenta, una previsión en absoluto descartable en la actualidad. La remoción de los principales líderes chavistas y su reemplazo por militares u otros dirigentes menos comprometidos con la figura de Maduro podría ser otra salida a la crisis.

Esta opción se acrecentaría de aumentar el descontento por el desabastecimiento o si las protestas sociales degeneraran en manifestaciones con víctimas mortales. La descomposición del régimen se vislumbra cada vez más como un proceso inevitable e irreversible. La pregunta del millón gira en torno a la capacidad de resistencia de Maduro y sus principales lugartenientes..“.

Además, la oposición tiene otros retos ya que está lejos de ser una fuerza unida y cohesionada: conviven diferentes liderazgo (Leopoldo López vs Henrique Capriles), diferentes estrategias y hasta diferentes sensibilidades ideológicas. Pero esos obstáculos conviven con la convicción de ser mayoría en las urnas y en la calle, de tener respaldo internacional y de que es su momento.

“Es innegable que el gobierno ya sabe que la oposición es mayoría y que está en capacidad de mover gente. Mucha gente y en todo el país. El gobierno podría radicalizarse y así detener la motivación opositora, pero con eso también corre un riesgo enorme: mientras más los pique y los toque, puede terminar motivando más a la gente y sus ganas de defenderse”, concluye el director de Datanalisis, Luis Vicente León.

 

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