Día de difuntos

649 views
 

Por:Radio Progreso         

 

              

Por una vida plena y una muerte con dignidad

Nuestro pueblo celebra con intensidad el día de Difuntos. Los cementerios se llenan de gente limpiando tumbas, enflorándolas, rindiendo culto a sus seres queridos que dieron el paso al misterio de la muerte.

Los difuntos no son simplemente los que ya se fueron. Son los familiares y amistades que continúan en el presente. Es el dolor de la ausencia, es la presencia de esa ausencia que deja los corazones marchitos.

El día de difuntos en nuestra Honduras es la realidad de miles de madres que lloran a sus hijos e hijas cuyas vidas fueron truncadas por la violencia. El día de difuntos nos abre la puerta de un tajo a la impunidad.

Muchas de las lágrimas de madres y familiares son de dolor por la ausencia y de frustración por no saber siquiera qué fue lo que provocó el asesinato de sus hijos e hijas, y por la certeza hecha costumbre de que nadie jamás hará justicia ante la ignominia de la muerte.

Los difuntos en nuestro país nos dan una clave para saber entender la realidad presente. La mayoría de estas muertes no son el resultado de la culminación natural de la vida, sino la expresión de una sociedad organizada por la violencia y por la ley de los fuertes.

Es imposible celebrar el día de difuntos en Honduras sin asociar la muerte a la ineficacia del Estado, a la ausencia de justicia y a la impunidad impuesta por los fuertes.

Pero también el día de difuntos nos ayuda a tener presente el amor y la devoción de la gente sencilla por sus seres queridos que ya no están en esta vida. Esto se expresa en esa bonita tradición de los enfloramientos  de los cementerios. Esa costumbre nos dice cosas profundas y sencillas: para la gente humilde la muerte no es algo distinto a nuestra vida. Muerte y vida son parte de un solo misterio.

Mucha gente adinerada se esfuerza en disimular la muerte, de hacerla menos presente. No en balde, cada vez se ofrecen lugares de velatorio en donde el propio ataúd del difunto queda desapercibido y el dolor y lágrimas son sustituidos por arreglos florales y actos ceremoniales vacíos de contenidos.

Para la gente sencilla la muerte es parte de la cotidianidad. Y lo es porque así se sufre ante tantas muertes violentas. ¿Cuál es el sueño de la gente sencilla?: Morir como Dios manda; que la muerte no esté influida, ni propiciada por la pobreza, por la deficiencia del servicio médico, por el crimen o por la injusticia. Y aspira a dar cristiana y digna sepultura a sus queridos difuntos.

 

La muerte es un hecho natural y forma parte de la identidad y de la cultura de los pueblos. Pero la sociedad debe aspirar a que la muerte no tenga el peso extra de dolor que actualmente tiene en nuestra sociedad atrapada en la violencia, la impunidad y la pobreza. Porque la muerte, al final de cuentas, debe ser la culminación de una vida vivida en plena dignidad y en justicia.

 

URL Corta: http://bit.ly/2fFlz9A