Ni tiempo ni calidad

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José Víctor Agüero Aguilar
 

Vivimos tiempos de confusión e incertidumbre tanto en el plano económico, político, social como ambiental. Hoy en día las personas experimentan severos cuadros de angustia y ansiedad por el entorno violento en que se debate la sociedad, cayendo en estados depresivos y soledad. Ante este complejo panorama el seno familiar es sacudido por diversas presiones a que se ven sometidos los cónyuges, padres e hijos.

Para enfrentar toda esta tormenta de vicisitudes al que estamos expuestos se requiere de mucha estabilidad emocional, porque de lo contrario los resultados pueden ser catastróficos. De ahí la necesidad que al interior de los hogares se tomen medidas que contribuyan a fomentar una mejor  relación fundamentalmente entre esposos e hijos, menudo reto que vale la pena afrontar.

Muchos de los dramáticos problemas que enfrenta el mundo en la actualidad tienen su génesis en el desorden en que viven las familias, cuando en un hogar falta dirección al establecer pautas, obligaciones, compromisos y disciplina estamos ante una grave situación.

El caos en que viven infinidad de hogares indistintamente de su posición económica, social e intelectual es evidente, familias fragmentadas donde el común denominador es vivir de forma aislada, se convive bajo un mismo techo pero lo que menos existe es una convivencia armónica, lo que priva es un ambiente cargado de tensión e intranquilidad.

Nadie puede desconocer que las necesidades económicas que viven las familias son de tal magnitud que actualmente las parejas se ven obligadas a unir esfuerzos, para salir adelante con los compromisos económicos, (Pago de vivienda, servicios básicos, escuela, colegio, alimentación, vestuario, etc.), trabajando muchas veces más de las ocho horas diarias llegando a casa muy de noche, donde prácticamente llegan solo a dormir, a todo esto el espacio con los hijos se diluye apenas los ven.

Lo antes descrito es la escena cotidiana que se repite en la mayoría de los hogares, padres saliendo muy temprano de sus casas y algunos ni alcanzan para despedirse de sus hijos que aún duermen y al llegar de regreso a sus hogares ya están dormidos. Pero hay otro escenario cónyuges que al ingresar a sus casas lo menos que hacen es pasar momentos de convivio.

El tiempo que debería invertirlo para compartir con sus hijos se diluyen al estar pegados a su teléfono celular en tanto los hijos se pasan muchas horas viendo televisión, otros encerrados en sus dormitorios, así pasan los minutos y las horas y llego el momento de irse a la cama sin haber tenido la oportunidad de cruzarse alguna palabra con sus hijos y la misma actividad se repite al día siguiente.

Estamos ante una grave situación donde los responsables directos son los padres de familia, es impresionante observar como en un hogar conformado por cinco o más miembros por citar un ejemplo todos poseen un teléfono móvil, están tan imbuidos en sus dispositivos que no hay forma de entablar una plática entre padres, hijos y cónyuges ni por cinco minutos, una perturbadora realidad que traerá consecuencias funestas si no se aplican los correctivos necesarios.

La clave en todo esto es fijar las prioridades correctas y dictar medidas puntuales de autorregulación en cuanto al uso de los dispositivos celulares o de cualquier otro elemento distractor, que ese espacio que Dios permite que la familia este junta hay que aprovecharla al máximo para conocer más de los hijos y del cónyuge, sus anhelos, ilusiones, dudas y preocupaciones y esto solo se puede logar compartiendo tiempo de calidad.

Sería un gravísimo error seguir dilatando el tiempo en cosas que no valen la pena y que luego nos pueden pasar factura, los pocos minutos u horas que tengamos para estar juntos como familia aprovéchelo al máximo, introduzca temas comunes de conversación, acérquese a su hijo/a para saber qué expectativas tiene de la vida, que es lo que le angustia es una responsabilidad suya y de nadie más.

Aproveche al máximo el tiempo no lo malgaste en discusiones sin sentido, deje a un lado sus frustraciones, desconéctese por un tiempo de sus ocupaciones cotidianas, recurra a la fuente divina que es el Señor Jesús, para que le de discernimiento y sabiduría a fin de educar y disciplinar a sus hijos. Si bien es cierto no existen hogares perfectos si podemos con la ayuda del hijo de Dios, someternos a su señorío para que El reine y tome el control de cada familia.

Lo anterior es una decisión personal que puede significar el éxito o fracaso de su familia, aquí no hay punto intermedio, recuerde que al final de su existencia lo único que podrá llevarse es la satisfacción de haber servido con diligencia a sus seres amados, todo lo demás que usted pudo haberles provisto es secundario, por ello es crucial saber invertir tiempo pero que sea de calidad, dejando a un lado toda vanidad y superficialidad de vida.

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