El papa contra el centrismo de la Curia romana

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Coma

Radio Progreso

Tegucigalpa,Honduras

El papa Francisco es una luz para la humanidad, y es una dentro para la Iglesia. Después de varios años, sus gestos, palabras y decisiones están estremeciendo los cimientos conservadores de una estructura eclesiástica ensimismada en su propia dinámica de poder.

De acuerdo al papa Francisco la curia romana ha padecido del mal del vaticano-centrismo, es decir que su mayor defecto es vivir excesivamente preocupada de sus asuntos internos, de haber dado lugar a fortalecer sus estructuras y a encerrarse en sus dinámicas internas que se ha acabado olvidándose de los graves problemas que afectan a la humanidad o relegándolos a un lejano lugar secundario.

El papa Francisco lo ha dicho con firmeza, y citamos textualmente, “No comparto esta visión y haré todo lo posible por cambiarla. La Iglesia es o debe volver a ser una comunidad del pueblo de Dios y los curas, los párrocos, los obispos están al servicio del pueblo de Dios”. De igual manera el papa Francisco recuerda que la humanidad está llena de conflictos y desafíos que debían constituir contenidos de la misión y quehacer de la Iglesia.

El papa Francisco lamenta que la curia vaticana se haya enrollado en tantos asuntos internos que al final ha acabado siendo víctima de muchos de los desórdenes personales hasta acabar algunos de ellos en verdaderos escándalos. En un mundo en donde las personas mayores no encuentran acogida y los jóvenes han perdido oportunidades de trabajo y de vivir con esperanza, no es propio de la Iglesia pasar protegiendo sus intereses internos.

El papa Francisco recuerda a sus hermanos en la Iglesia que hay que abrir las puertas de la Iglesia para ver tanta injusticia amontonada. Y una vez más citamos textualmente sus palabras: “Pienso que el llamado liberalismo salvaje convierte a los fuertes en más fueres y a los débiles en más débiles y a los excluidos en más excluidos. Se necesita gran libertad, ninguna discriminación, no demagogia y mucho amor. Se necesitan normas de comportamiento y también, si fuese necesario, la intervención directa del Estado para corregir las desigualdades más intolerables”, hasta aquí la cita.

La iglesia parece estar experimentando un nuevo amanecer, que solo se experimentó hace cincuenta años con el Vaticano Segundo. Todavía quedan muchas preguntas por responder y mucho camino por andar, pero la presencia, los gestos y las palabras del papa Francisco no solo son novedad, sino un despertar de las esperanzas que se habían marchitado. Una iglesia con sabor a Evangelio, a pueblo y a ternura parece estar brotando de allí donde nada ni nadie lo esperaban.

El mundo tan sufrido, lleno de angustia y calamidades que hoy tenemos, necesita de una Iglesia con un liderazgo que no compita con los poderes de este mundo, sino que los cuestione desde su caminar y compromiso con las víctimas de un sistema injusto e inhumano. Una luz comienza a brillar en las tinieblas, una fuente de agua se apresta a brotar desde el desierto y una vida nueva se asoma desde la fría esterilidad de los templos.

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