El melting pot, ¿creación de una nueva raza?

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Víctor Flores Olea – La Jornada      

Una de las creaciones más interesantes de las décadas recientes, más interesantes e impresionantes, ha sido la construcción de lo que se ha llamado el melting pot en Estados Unidos, o lo que es lo mismo ese crisol de culturas, razas y naciones que se ha desarrollado en las décadas anteriores, originando nuevos y radicales modos de vida que, con un poco de detenimiento en su observación, nos remiten poderosa y claramente a ese alucinante espectáculo de los jóvenes actuales en Estados Unidos que no sólo podemos clasificar como de otra cultura, sino como una novedad radical en muchos aspectos de la expresión humana y cultural (gritos o verdaderos alaridos, vestimentas extravagantes, conciertos nunca vistos por sus ritmos y movimientos desconocidos, asombro ante sus películas y otras producciones alucinantes), etcétera.

Es decir, su observación más detenida nos remite no solamente a una cultura diferente, sino más radicalmente, para decirlo en una palabra, casi, casi a una nueva raza, a un nuevo producto humano que nos asombra por su versatilidad y atrevimiento, y que hemos declarado inédito y poco previsible, pero que contiene un sello sin duda original: la capacidad de influir en prácticamente todas las juventudes del mundo, condicionando su vida y cultura.

 Por supuesto que en ello está también el poder económico, militar y político de la gran potencia, y seguramente su vanguardia en los avances tecnológicos contemporáneos, pero no por ello resulta menos apasionante, sino más aún, la necesidad de entender, aun cuando sea mínimamente, las características y filamentos de esa nueva cultura y de esa nueva raza que, me parece bastante claro, debe entenderse en algún grado para aspirar a conocer más ricamente las características y nueva cultura de los días que corren.

Presencia e influencia avasalladoras en los centros de estudio y universidades de todo el mundo (¿cómo no podría ser así, con la presencia concentrada de tantos miles de jóvenes?), y desde luego por conducto de los medios de comunicación que se han transformado aceleradamente, y en los centros de la innovación tecnológica, sin que pudiera ser de otro modo por la presencia de tantos jóvenes en estos centros y medios, que además se comunican entre sí a través de mil y una formas que yo desde luego ni siquiera sospecho.

 Tal vez este conjunto de apreciaciones nos entregue algunas luces acerca del tiempo de Donald Trump, que tan extravagante nos parece.

Esta situación, desde luego, se irá comprendiendo cada vez más profundamente, a medida que se tome conciencia más plena de la sustancia, diríamos, de las nuevas formas de expresión artística y cultural. Las características de esas formas nuevas de vivir y morir se irán decantando con el tiempo y un día (¿o ya lo son?) serán tan claras como el vino y el agua de manantial.

Con otra característica más que debemos anotar: estas formas de vida y de cultura han ayudado enormemente al capitalismo a asentarse y a desideologizar, desde luego, la vigencia o presencia de los sistemas ideológicos alternativos. Hoy, entre los jóvenes parece mucho más interesante tener a la mano el repertorio de las distintas formas nuevas de la música que el complejo de reformas que puedan haber emprendido o no sus distintos y específicos sistemas de gobierno. Y sus ideologías correspondientes, que hace algunos años, entre los jóvenes de aquellos tiempos, parecía lo más fascinante posible desde el punto de vista intelectual.

La discusión de las ideas y de la política, es decir, la discusión sobre las formas de vivir y morir en este sistema y en otros que en el mundo han sido. La discusión ideológica y política, es decir, la discusión sobre el inmediato futuro del mundo, resaltando ciertamente la importancia de defender los derechos humanos y la democracia (¿cuál?), así como, cada vez más, acerca de las desigualdades en el mundo.

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