El día del triunfalismo y el dolor de la derrota

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La hora de la verdad, «el ganador y la derrota»

Este domingo 26 de noviembre, los hondureños estamos convocados para elegir a las nuevas autoridades para “un nuevo” Gobierno por cuatro años y durante más de 90 días, se han dicho y escrito miles de opiniones o versiones sobre los tres candidatos presidenciales con posibilidades de ganar. Entre las diferentes audiencias se han posicionado mensajes, negativos y positivos sobre la imagen corporativa de estos contendientes, también se ha posicionado el mensaje triunfalista de cada uno de ellos que se autoproclaman ganadores antes de que inicien las elecciones, el cierre y conteo de los votos, que se entiende son la voluntad del pueblo, expresada en las urnas.

Ya todo ésta listo, el actual mandatario busca la reelección y en su mensaje discursivo, ha dicho que ganará el proceso electoral de manera “contundente” hasta ha cuantificado la cantidad de votos a su favor para continuar en el poder, asimismo el candidato de una “alianza” de partidos, sin escrúpulos se autoproclama como el presidente electo, amparado en su visibilidad mediática que ha tenido por muchos años en los medios televisivos. Hasta amenaza que si no es ganador al final de la contienda, es porque le hicieron un fraude.

Un tercero, que en poco menos de dos años se ha posicionado y se le considera con posibilidades, cobijado por las simpatías de uno de los principales partidos tradicionales, sostiene que él ganará las elecciones, pero sumergido en las esperanzas de cambio para el país.

Pero todo lo que dicen, sin duda alguna es falso, todo es perceptivo de parte de ellos y empujados por quienes les acompañan o asesoran. El ganador se sabrá hasta el final del conteo de votos la noche del domingo o quizás hasta el amanecer del lunes. Un resultado que sin haberse dado a la fecha, ya tiene posicionado un sobrenombre, denominado fraude, para quienes no resulten favorecidos.

No pueden resultar tres ganadores, aunque antes del domingo, los tres, según ellos ya lo son, pero esta competencia electoral no es como una competencia deportiva donde la más sencilla y popular, se advierte que puede ocurrir un empate y hasta un triple empate, pero en esas contiendas ya se tienen normativas para definir quién ocupará el primer lugar, de producirse esos escenarios.

Empero, en este proceso la Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas se ha violentado y eso ha permitido el surgimiento de dudas e incertidumbre, bajo el montaje de un fraude, además se ha perdido el respeto a la imagen corporativa de las autoridades del Tribunal Supremo Electoral (TSE).

Sin duda, la victoria está al alcance de estos tres partidos, el Nacional, representado por Juan Orlando Hernández, el Liberal, por Luis Zelaya y de la Alianza contra la Dictadura, por Salvador Nasralla, donde todos ya se han proclamado ganadores, considerando que los otros seis existentes en la contienda, su participación solo permite ampliar la papeleta y crear confusión con sus representantes en las mesas electorales, porque no suman los 36 mil delegados y esa deficiencia ha sido aprovechada por los otros partidos para poner a sus aliados.

Expertos y analistas políticos a la par del triunfalismo de estos tres candidatos, sostienen que no hay un claro vencedor y quien lo logre sería por un estrecho margen, el cual no será aceptado fácilmente por los contendientes.

Asimismo, ante la pérdida de credibilidad de las encuestas públicas estas dan por ganador al presidente Juan Orlando Hernández, colocan al líder de la Alianza, Salvador Nasralla, segundo y en tercero al Liberal Luis Zelaya. En cambio otras encuestas no públicas, denominadas privadas dan otros resultados, el ganador es Luis Zelaya, considerando los momentos reflexivos de los electores, porque no es lo mismo la intención del voto o las simpatías públicas que las marcas reflejadas en la papeleta electoral, al final de la contienda.

Los mismos expertos nacionales e internacionales, se preguntan quién de los tres líderes reconocerá la derrota, Juan Orlando Hernández, sin duda en el poder no lo haría fácilmente, Salvador Nasralla y los seguidores del Partido de Libertad y Refundación (LIBRE), tampoco y hasta amenazan con no reconocer los resultados, mientras el Liberal Luis Zelaya, tampoco se ha referido en aceptar una posible derrota, considerando que “sus números” lo proclaman ganador y próximo presidente de los hondureños.

Esta competición electoral no ha sido el verdadero reflejo de la realidad interna que viven los miembros de los partidos políticos, porque la atracción del voto ha sido sometida o ligada a hipótesis de miedo y revanchismos, también por tradicionalismo partidario.

A pocas horas, en algunos sectores populares se experimenta una  ligera reflexión y crecen las expectativas, donde el desafío es “quién aceptará” la derrota, que estrategia tienen oculta estos dirigentes políticos que luchan por el poder, no se sabe si están dispuestos a profundizar más la división entre los hondureños, por no reconocer la voluntad de los electores o votantes.

Todo esto parece una paradoja, pero se trata de un ejercicio reflexivo de una realidad que se ha publicado en diferentes medios, es una estimación y no una predicción, donde sólo se espera la prudencia y el amor a la patria, de todos los electores y en especial de los líderes políticos. MO

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