Derechos y desigualdades

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Itsmania Platero

En los últimos años se han multiplicado los comentarios, pronunciamientos, llamados y observaciones, por parte de los organismos internacionales responsables de la vigilancia de los derechos humanos, ellos  hacen mención a las acciones de los gobiernos  también de grupos no-estatales que utilizan la violencia en la persecución de sus metas políticas.

Hoy, frente una crisis global de inseguridad y miedo, de creciente rechazo a la migración y los acontecimientos políticos, nos sabemos si los derechos humanos son agentes aliados vinculados a los estados, o al contrario, son algo que está amenazado por distintos actores sociales. Este tema tan trillado se repite en una atmósfera de rechazo de una población ávida de ver justicia.

Jacinto Elvir, un comerciante de los mercados de Comayagüela, dice que este tema no es importante, al preguntarle el por qué expresó: “nosotros enfrentamos el bloqueo económico de la OEA, los vendedores de los mercados mantenemos una gran parte de la economía del país, aquí diariamente se mueve el dinero y se refleja la pobreza, la miseria y no digamos la prosperidad, pero somos los menos favorecidos  con los derechos humanos”.

Una revisión de los casos publicados en Honduras, refleja términos dignos de analizar  como: “prácticas salvajes, homicidios arbitrarios, desaparecidos, violencia política, actos de terrorismo, crímenes crueles, asesinatos a sangre fría, asesinatos masivos, masacres de personas indefensas, femicidios, atentados contra la libertad de expresión, responsabilidad del estado por omisión, impunidad…etc. El común de todos estos términos es que expresan una condena fuerte e inequívoca a nivel ético, moral y político.

Los organismos internacionales encargados de defender la vida, así como los organismos nacionales, tenemos el desafío de tomar claras e inequívocas medidas para combatir la impunidad de los autores de violaciones a los derechos fundamentales, la diferencia de los últimos acontecimientos lo da la participación de los defensores de la vida en trozos de novela contradictorios a sus ideales.

La persistencia de la pena de muerte aun no legalizada en Honduras pero que diariamente se practica, la discriminación en aumento hacia las mujeres y pueblos indígenas, la desigualdad, la desaparición forzada y la tortura, la discriminación por ideologías y  trabajos,  el reclutamiento y utilización de menores por organizaciones criminales es una práctica corriente.

Los hondureños visualizamos la ausencia clara de políticas y programas encaminados a la prevención, con esfuerzos que permiten únicamente, fortalecer políticas represivas que terminan por recrudecer el crimen la marginalidad y el desempleo.

Los órganos de seguridad del estado siguen pretendiendo tapar la corrupción a través del lenguaje práctico de la fuerza. La inseguridad jurídica alienta la impunidad, la ausencia de voluntad política por parte del gobierno que no busca los mecanismos para proceder a juzgar y castigar a los autores de violaciones a los derechos fundamentales en particular “la vida”.

Los defensores de derechos humanos nadamos contra la corriente asumiendo nuevos retos frente a una sociedad contemporánea, cargada de exigencias americanistas y europeas que no van de acuerdo con nuestra realidad nacional,  se fortalece una familia sin identidad propia y sin dignidad, deshumanizada a través  del internet, pero sin comida, ni estudios, ni trabajo.

El compromiso de los Estados de respaldar y garantizar las labores de los defensores de derechos humanos sigue siendo una utopía. Pero la visión no es del todo desalentadora, nos anima saber que cada vez más países del hemisferio firman y ratifican los estatutos de la Corte Internacional de justicia.

Expertos analistas advierten que: La OEA provee varios mecanismos de protección de los derechos humanos, esta protección no se perdió ante la suspensión de Honduras en el 2009, el texto de la resolución de la OEA reafirma que “Honduras debe continuar observando el cumplimiento de sus obligaciones como miembro de la organización, en particular en materia de derechos humanos” e insta a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a que “continúe adoptando todas las medidas necesarias para la tutela y la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales en Honduras”.

 

“La lucha del ser humano contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido…”

– Milan Kundera

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