Oxfam, matar al mensajero

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Ramón Lobo

No parece que Oxfam esté viviendo su mejor momento. Se encuentra en medio de un escándalo sexual de consecuencias imprevisibles que podría poner en riesgo su viabilidad económica. Sería una pena porque su trabajo es esencial tanto en las emergencias como en la denuncia de las causas de la pobreza y de los abusos del sistema. Un ejemplo es su campaña contra los paraísos fiscales.
Tanto el Gobierno británico de Theresa May como la Comisión Europea han advertido de que podrían suspender las ayudas si no hay una explicación clara y una depuración de responsabilidades. En el caso del primero la cantidad anual es de unos 35,6 millones de euros. Esta reacción tiene algo de teatral porque estaba, o debía estar, al tanto de lo ocurrido. En el caso europeo están en juego 32,5 millones de euros.

Antes de seguir, una aclaración: Oxfam es una confederación de 20 organizaciones con entidad jurídica independiente que tienen políticas y estrategias comunes. El escándalo afecta a la división británica, a la que llamaremos Oxfam-UK. La sección española, Oxfam-Intermon, no tiene nada que ver con este caso, según explicó por carta a sus socios y simpatizantes.

Oxfam es británica de origen. Nació hace 75 años. Es esencial en emergencias humanitarias, sobre todo en lo relacionado con el agua y la satanización. También actúa en el desarrollo, en proyectos a largo plazo en los que trata de modificar las estructuras que provocan la pobreza y la injusticia. Uno de sus trabajos es concienciar sobre los derechos de la mujer.

Se trata de una voz incómoda. Con esta afirmación no intento sugerir teorías conspiranoicas. Los hechos están claros; las responsabilidades, también.

Culpar al conjunto de Oxfam o a todas las ONG equivaldría a señalar a la totalidad de la Iglesia católica por la pederastia de algunos de sus sacerdotes. El mayor error de la Iglesia ha sido tapar durante años los abusos, evitar que se depuren las responsabilidades penales, proteger a los culpables y faltar al respeto a las víctimas. En este caso no existe un sistema de encubrimiento global y deliberado, pero sí el mismo miedo a que se sepa. Hay errores graves que deberían generar un cambio de procedimientos.

Las ONG no son mejores que la sociedad de la que surgen; tampoco los políticos, los periodistas, los empresarios y los obispos. Toda organización humana comete errores, lo importante es tener capacidad de detectarlos y resolverlos. En este caso, Oxfam-UK ha cometido tres.

¿De qué estoy hablando? De un escándalo sexual ocurrido en 2011 en Haití y dado a conocer hace una semana por el diario The Times, que tuvo acceso a las conclusiones de una investigación interna. Según su información, Roland van Hauwermeiren, jefe de misión de Oxfam-Reino Unido en la emergencia posterremoto, y otras cinco personas celebraron “en la sede en Puerto Príncipe orgías tipo Calígula” con mujeres haitianas, algunas podrían ser menores de edad, a las que pagaban unos 30 dólares por fiesta. La sede era conocida como la casa de las putas.

La sección española, Oxfam-Intermon, estuvo en Haití pero sin relación alguna con la casa y los hechos. Su misión estaba separada de la británica.

Haití es el país más pobre de América Latina. El 12 de enero de 2010 sufrió un terremoto de magnitud 7,3 en la escala de Ritcher. Murieron más de 300.000 personas, otras 350.000 resultaron heridas y más de un millón y medio quedaron sin hogar. La violencia del seísmo unida a la pobreza multiplicaron los efectos devastadores. En esa situación aterrizó Van Hauwermeiren.

Se ha sabido ahora que Van Hauwermeiren y otro de los investigados tenían antecedentes de conducta inapropiada en el Chad, donde pagaron a mujeres locales a cambio de sexo.

La directora adjunta de Oxfam-UK, Penny Lawrence, es la única que ha presentado su dimisión. Tiene un motivo: en 2011 era la responsable de la dirección de Programas de Oxfam-GB. Tuvo conocimiento de incidentes en Chad y pese a ello envió a Van Hauwermeiren a Haití. Primer error grave.

Nada más tener noticias de lo ocurrido abrió una investigación interna. Así se explica en el comunicado del 5 de agosto datado en Puerto Príncipe, la capital haitiana. En él se anuncia la suspensión de algunos de sus trabajadores. Este es el enlace.

Un mes después, el 5 de septiembre de 2011, Oxfam Internacional publicó otro comunicado en el que se informa de que la investigación realizada por Oxfam-UK confirma los casos de mala conducta “de una parte pequeña del personal que trabaja en Haití”. Habla de seis individuos sin citar nombres ni cuál fue su actividad inapropiada. Anuncia que los seis han dejado Haití y la organización. Este es el enlace.

Van Hauwermeiren pactó una salida por etapas y digna. Segundo error. Le permitió enrolarse en Acción contra el Hambre en Bangladesh hasta 2014. Esta ONG dice que no fue advertida por Oxfam.

Oxfam-UK cuenta con 2.500 trabajadores y 31.000 voluntarios. Seis o nueve manzanas podridas no son un problema estructural, pero sí puede serlo la respuesta, la tendencia a encubrir los escándalos por temor a perder credibilidad. Ese miedo a que se conozcan los casos permite que personas como Van Hauwermeiren pasen de Chad a Haití, o que tras ser expulsados de Oxfam-GB encuentren trabajo en otras ONG que desconocen su historial. Es urgente la creación de un archivo de cooperantes con una conducta indigna, que dificulte que se muevan de ONG en ONG.

Lo ocurrido en Haití ha sacado a la luz casos en otras organizaciones humanitarias. Se trata de abusos entre expatriados. El porcentaje de acosadores debe ser similar al que existe en nuestra sociedad en tiempos de paz. Los cascos azules de la ONU se han visto salpicados en varios casos en África. El problema de fondo, y más en una crisis humanitaria o países en guerra, es la impunidad de los perpetradores. Es la misma que permitió actuar al productor Harvey Weinstein durante muchos años.

 

Helen Evans, responsable de Seguridad Global en Oxfam entre el 2012 y el 2015 fue la encargada de investigar algunos de los otros casos de abusos, 37 en total. En declaraciones a Channel 4, asegura que el director de Oxfam-UK, Mark Goldring, no hizo demasiado caso. También dijo que puso todos estos casos en conocimiento de la Charity Commission, organismo que regula y vigila a las ONG en el Reino Unido, que tampoco hizo nada.

(Paso de puntillas por la detención en Guatemala del presidente de Oxfam Internacional, Juan Alberto Fuentes Knight, porque no se debe a su condición de presidente sino a una actuación anterior como ministro de Finanzas en el Gobierno de Álvaro Colom, también detenido).

Vivimos en un mundo en el que los gobiernos han privatizado su responsabilidad, dejando en manos de las ONG parte de lo que corresponde a los estados. Los gobiernos desatan las guerras, venden las armas y después esperan que las ONG pongan tiritas a la barbarie. Son los mismos gobiernos que aprovechan la crisis económica para intentar poner sordina al Estado del bienestar, privatizar la sanidad, esquilmar las pensiones, etc. En ese caso, la privatización es de los beneficios. Estamos rodeados de depredadores y no es una buena idea decir “todos son iguales”. No lo es porque no lo somos.

 

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