Católicos celebran la Resurrección de Jesucristo

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***La Resurrección descubre la vocación cristiana y deja la misión de acercarla a todos los hombres para que El hombre no pierda jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal.

Tegucigalpa, Honduras.

Varios feligreses hondureños celebraron la mañana de este 1 de abril, las Carreritas de San Juan, para conmemorar el descubrimiento del sepulcro vacío donde se encontraba el cuerpo de Jesucristo, el hecho recuerda según la tradición católica a los apóstoles Pedro y Juan, que llegaron corriendo a la tumba del Cristo al tercer día de su crucifixión y él había resucitado.

Conocido como el Domingo de Resurrección, es el día que la Iglesia se reviste de sus mejores ornamentos, es la cima del año litúrgico, es el aniversario del triunfo de Cristo por la feliz conclusión del drama de la Pasión y la alegría inmensa que sigue al dolor.

Un dolor y gozo que se funden pues se refieren en la historia al acontecimiento más importante de la humanidad que es la redención y liberación del pecado de la humanidad por el Hijo de Dios.

“Aquel que ha resucitado a Jesucristo devolverá asimismo la vida a nuestros cuerpos mortales”. para explicar la grandeza de las Pascuas cristianas sin evocar la Pascua Judía, que Israel festejaba, y que los judíos festejan todavía, como lo festejaron los hebreos hace tres mil años, la víspera de su partida de Egipto, por orden de Moisés. El mismo Jesús celebró la Pascua todos los años durante su vida terrena, según el ritual en vigor entre el pueblo de Dios, hasta el último año de su vida, en cuya Pascua tuvo efecto la cena y la institución de la Eucaristía.

Cristo, al celebrar la Pascua en la Cena, dio a la conmemoración tradicional de la liberación del pueblo judío un sentido nuevo y mucho más amplio. No es a un pueblo, una nación aislada a quien Él libera sino al mundo entero, al que prepara para el Reino de los Cielos.

Las pascuas cristianas celebran la protección que Cristo no ha cesado ni cesará de dispensar a la Iglesia hasta que Él abra las puertas de la Jerusalén celestial.

La fiesta de Pascua es, ante todo la representación del acontecimiento clave de la humanidad, la Resurrección de Jesús después de su muerte consentida por Él para el rescate y la rehabilitación del hombre caído. Este acontecimiento es un hecho histórico innegable. Además de que todos los evangelistas lo han referido, San Pablo lo confirma como el historiador que se apoya, no solamente en pruebas, sino en testimonios.

Pascua es victoria, es el hombre llamado a su dignidad más grande. ¿Cómo no alegrarse por la victoria de Aquel que tan injustamente fue condenado a la pasión más terrible y a la muerte en la cruz?, ¿por la victoria de Aquel que anteriormente fue flagelado, abofeteado, ensuciado con salivazos, con tanta inhumana crueldad?

Este es el día de la esperanza universal, el día en que, en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.

La Resurrección nos descubre nuestra vocación cristiana y nuestra misión, acercarla a todos los hombres. El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal.

El mensaje redentor de la Pascua no es otra cosa que la purificación total del hombre, la liberación de sus egoísmos, de su sensualidad, de sus complejos; purificación que, aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior, sin embargo, se realiza de manera positiva con dones de plenitud, como es la iluminación del Espíritu, la vitalización del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz, en una palabra, la presencia del Señor resucitado.

San Pablo lo expresó con incontenible emoción, “Si habéis resucitado con Cristo vuestra vida, entonces os manifestaréis gloriosos con Él” (Col. 3 1-4).ACP/SB/Hondudiario

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