El fantasma de una nueva crisis

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lavanguardia/MÀRIUS CAROL

SERGIO Mattarella, presidente de Italia, decidió el domingo impedir el nombramiento como ministro de Economía de Paolo Savona, veterano euroescéptico designado por los populistas del M5E y la Liga. Y, una vez apartado Giuseppe Conte, eligió como jefe de Gobierno a Carlo Cottarelli, ex alto funcionario del Fondo Monetario Internacional, de perfil técnico, que con el gobierno de Enrico Letta fue uno de los estrategas de la política de recortes. Esta decisión presidencial, fuertemente contestada por el M5E y la Liga, procuró un respiro en instancias europeas. Pero fue de breve duración. Porque habrá nuevas elecciones en otoño o, a lo sumo, inicios del 2019, y es probable que el bloque populista salga reforzado de ellas. (Eso, si el aplazamiento, en principio hasta hoy, de la formación del gobierno Cottarelli no anticipa nuevas inestabilidades). Y porque las crecientes turbulencias en los mercados dan alas al fantasma de una nueva crisis financiera de alcance europeo.

En un país como Italia –que es la tercera economía europea (aunque sin crecimiento apreciable en los últimos dos decenios) y carga con la cuarta mayor deuda pública del mundo– los populistas ganaron las elecciones defendiendo un programa de ribetes mágicos: aumento del gasto social y relajamiento del rigor fiscal impuesto por Bruselas. Un programa, también, con tintes nacionalistas y restricciones fronterizas.

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Por más que digan los populistas, el futuro del país transalpino no debería ser –no es– ajeno al de Europa. Y viceversa. La prueba más evidente quizás sean los efectos que la crisis italiana ya tiene para la zona del euro. En los últimos días ha habido importantes caídas en las bolsas. La italiana, que acumula un 10% de pérdidas en lo que va de mes, bajó ayer otros 2,6 puntos, al igual que ocurrió en la española. Las europeas, sin excepción, registraron también descensos. Nada de todo esto es tranquilizador. Las perspectivas para el euro, que se confiaba reforzar en la próxima cumbre comunitaria prevista para junio, han cedido el paso a un ambiente de temor e incertidumbre. Es verdad que las situaciones de países como Italia, España o Portugal no son idénticas. Si analizamos la evolución reciente de la prima de riesgo veremos que la italiana ha pasado de 140 a 293, mientras que la portuguesa subía de 120 a 171, y la española de 60 a 135 (doblándose de largo en pocos meses). Todo ello está asociado, obviamente, con importantes movimientos de capitales, que abandonan posiciones en los bonos nacionales sureños, debido a la inestabilidad italiana –y, en otra medida, a los problemas de la política española, donde mañana y pasado se debate la moción de censura–, y buscan refugio en los alemanes, pese a su rentabilidad menguante. Lo cual ha dañado severamente las cotizaciones bursátiles de los grandes bancos italianos, masivos tenedores de ese tipo de bonos, y también de los españoles. El Sabadell, con casi 7 puntos, encabezó la caída en la sesión de ayer.

Ante semejante cuadro político y económico, ante un horizonte ahora nublado y ante los frenéticos movimientos de capitales, crecen los temores en Europa. El euro, pese a su escasa volatilidad actual, es frágil, y nada de lo que sucede obra en favor de su fortalecimiento. Italia se halla en el ojo del huracán. Y si bien la economía española es ahora más resistente, tampoco está a salvo de la tormenta. Es quizás pronto para colegir de estos síntomas el diagnóstico de una grave enfermedad. Pero las señales de alerta están encendidas.

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