Escuela para sordos “Amor en Acción”: la voz y oídos de niños que no lo tienen

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***Si usted desea ayudar a esta escuela puede contactarse al número 2222-0002.

Por: Gabriel Ortiz
Tegucigalpa, Honduras

Cada vez que un hondureño tiene la oportunidad de entonar las sagradas notas de nuestro Himno Nacional, el sentimiento que se obtiene es indescriptible, esto cuando se entiende todo lo que representa y encierra el amor a nuestro país.

Pero, ¿se ha imaginado usted cómo lo hacen los hondureños con deficiencia auditiva, o mejor dicho, sordos?, quizá pocas veces lo ha pensado.

En Hondudiario le contamos acerca de un lugar situado en un callejón escondido del centro de la capital, en el barrio La Olla; quizá pocos lo conocen, pero es la cuna de niños sordos, que todos los días son enseñados y guiados por personas que más que vocación, tienen amor hacia ellos.

La Escuela taller para sordos “Amor en Acción”, es el lugar donde niños con problemas auditivos, que ante la falta de este y del habla, entonan las notas del Himno Nacional con señas. Curioso, pero motivador.

Esta fundación que nació en marzo de hace 29 años, fue fundada por la profesora Carmen Girón, residente en Estados Unidos, pero que en uno de sus viajes al país, miró la necesidad que había con esta población en específico.

Con esto, dio paso a la primera escuela para sordos en Tegucigalpa, y que actualmente alberga a 36 niños que a diario, reciben sus clases de educación primaria por la mañana, y por la tarde, talleres vocacionales de belleza, sastrería y manualidades a las niñas, mientras que a los varones de carpintería y tapicería.

Estos niños también disfrutan del almuerzo totalmente gratis por parte de la institución, así como clases de Biblia, educación física, entre otras, usando el “Lenguaje de señas hondureñas” (Lesho), que consiste en enseñar por medio de señas, imagen y la escritura.

Subdirectora de la escuela, Leyby Chávez

La subdirectora a cargo de esta escuela, es la profesora, Leyby Chávez, y nos contó acerca de la labor no solo educativa que realizan con estos niños, ya que muchos vienen de zonas conflictivas del país, familias desintegradas, otros abusados de diferentes formas y algunos, hasta con problemas con la violencia que lastimosamente impera en nuestro país y de la que ni los niños se salvan.

Entre las paredes de este lugar también hay historias tristes, de lucha constante no solo con el obstáculo físico en sus oídos y habla, sino también, con golpes fuertes que les ha dado la vida, en ocasiones, de las personas más cercanas y que deberían estar de su lado para hacerles saber que tienen una oportunidad valiosa de reintegrarse a esta sociedad.

Para comenzar, muchos de ellos  a veces no tienen ni el dinero de transporte diario para poder llegar hasta el lugar, eso demuestra las necesidades económicas que viven en sus hogares.

“Esa es una de las dificultades porque muchos no vienen todos los días por eso, porque les limita la economía, un 98 por ciento de los niños de la escuela son de escasos recursos”, explicó la subdirectora del lugar.

A su edad deberían estar gozando de su familia, de jugar, de educación, pero no es este el caso; hay niños que no pueden ser ni  expuestos en lo más mínimo porque han sido abusados sexual, verbal y psicológicamente, hasta llegar a otros que han tenido atentados a muerte.

“Hay un niño que los padres lo mandaban a prostituirse, llegó aquí porque él ya era mayor de edad. Muchos de ellos nos explican la triste realidad que viven”, cuenta la maestra con una mirada llena de tristeza.

Otra de las niñas sufrió de amputación en los dedos de una de sus manos, así como de parte de su oreja, producto de un hecho violento del cual fue objeto.

“Trabajar con estos niños requiere de una dosis enorme de amor, porque tenemos que aprender a dárselos, aunque no lo tengamos; tenemos que luchar porque este amor nazca, fluya de nosotros para poder darles un objeto de vida”, añadió la profesora Leyby.

“Ha habido muchas lágrimas de tristeza, tuvimos un niño que a travesó un proceso de violación, él acudía a nosotros llorando y eso era fuerte”, agregó.

Cada niño que es parte de este lugar son mundos diferentes, luchando con cosas diferentes; pero es ahí precisamente donde entra el papel de la escuela “Amor en Acción”. Su nombre lo dice todo, son el ejemplo vivo de que nuestra sociedad necesita amor para hacer y formar mejores personas.

Motivados por sus maestros que también han sido entrenados en Lesho, los infantes luchan por lograr sus sueños de ser incluidos y tomados en cuenta por la sociedad.

“Nosotros les inculcamos en cada momento que ellos son capaces de grandes cosas, solo es que se lo propongan y lo van a lograr”, explicó la subdirectora de Amor en Acción.

“Lo más gratificante para nosotros como personal de la escuela es que ellos son bien nobles y agradecidos; para nosotros no tiene precio el que los niños de repente vengan con un confite y un abrazo, porque lo hacen con todos nosotros, así expresan su cariño, a veces con una cartita y así”, indicó.

Si usted conoce de algún niño sordo que también quiere seguir soñando con una mejor vida, la escuela está abierta para recibirlos hasta los 23 años y lo mejor de todo, que es totalmente gratis.

Los requisitos son mínimos: los datos generales, partida de nacimiento (si es mayor de edad, pues la identidad), el carnet de discapacidad, la referencia del médico, fotografías del niño y documentos personales del padre.

Por otra parte, con un sinfín de necesidades, esta fundación requiere del apoyo no solo en lo mínimo que lo hace el Gobierno, sino también de gente noble y de buen corazón que le quiera apoyar para la educación de estos niños, inteligentes, capaces y sorprendentes, de seguir su proceso.

Si desea ayudar con comida, material didáctico para las clases o cualquier otra que pueda ser de utilidad para ellos, pueden abocarse hasta el lugar; o bien a través de su teléfono 2222-0002 o en su página de Facebook con el mismo nombre de la institución.

“La población sorda, las fundaciones, las escuelas estamos luchando por una inclusión al sector discapacidad, lastimosamente las personas que no tenemos retos especiales, no aprendemos a tratar estas personas, las miramos con lastima o de menos y no debe ser así”.

“Estas personas el que tengan un reto especial no las hacen diferentes a nosotros, entonces me gustaría que cultivemos nuestro conocimiento y nos demos la oportunidad de interactuar con estas personas y nos daremos cuenta que somos iguales, ellos piensan, dan cariño y amor como nosotros, son capaces de grandes cosas”, finalizó diciendo la subdirectora Leyby Chávez.

URL Corta: http://bit.ly/2PZpFIb

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