El espejo del alma

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QUIM MONZÓ 
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El Congreso de Numismática que se celebró el sábado en Vigo nos ha deparado una sorpresa: una moneda de peseta de 1946 en la que Franco no aparece con la misma cara que en las monedas que después se acuñaron, y que son las que los ciudadanos tuvimos en las manos durante décadas, hasta que se empezaron a fabricar las de su sucesor, el padre del que nos alecciona ahora.

En la moneda encontrada, el perfil del Caudillo –hecho por Mariano Benlliure– tiene un bulto en el cogote, una papada penosa y un ojo hinchado. A Franco no le gustó. No quedaba bastante favorecido. Y como sus deseos eran órdenes, lo modificaron: hicieron desaparecer el bulto del cogote y suavizaron la papada y el ojo hinchado. El organizador del Congreso de Numismática, Jaime Paz, dice que encontró la pieza en una caja: “La pieza llegó a mis manos de forma casual, procedente de una caja de zapatos con unas cuatrocientas monedas de una peseta, así como de cinco y diez céntimos, y una de cincuenta céntimos de níquel, de 1949. Como sabemos, esta prueba firmada por Mariano Benlliure es la primera en la que se incluye el busto de Franco”. De todas las monedas de la caja de zapatos sólo esta tenía la peculiaridad, motivo por el que de entrada pensó que era una falsificación, hasta que se dio cuenta de que era una moneda de prueba.

En el mundo deben haber pocas personas que, cuando les hacen un retrato, no quieran quedar más favorecidas de cómo realmente son. Yo mismo, cuando me fotografían, pido siempre que me eliminen las bolsas bajo los ojos y la papada repugnante que tengo. Nunca lo consigo, a diferencia de ciertas modelos que, pasadas por Photoshop, parecen cadáveres vivientes. Que Franco tuviera esa misma veleidad no debe sorprender. Alguna tenía que tener, incapaz de cambiarse la voz de pito que tantas ­burlas le comportó. Pero leyendo lo del bulto, el ojo hinchado y la papada, no he podido evitar pensar en la mancha de nacimiento que el que fue último presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, tiene en la frente. De joven no se veía mucho, pero a medida que fue perdiendo pelo se hizo cada vez más evidente. En su retrato oficial como líder del Soviet Supremo le eliminaron la mancha con aerógrafo, el aparato con el que retocábamos las fotos cuando no había ni ordenadores ni, por lo tanto, Photoshop. En las fotografías del principio de su mandato aparece siempre así: con la mancha borrada. Pero un día, por orden expresa suya, apareció en la portada de un periódico oficial –no recuerdo si era Pravda o Izvestia– con la mancha bien visible. Fue un golpe de efecto que evidenció de forma gráfica que algo estaba cambiando en la Unión Soviética. Empezaba la perestroika. La diferencia con la actitud de Franco con su moneda de una peseta es clara, y los motivos también: Gorbachov estaba a punto de dinamitar una dictadura y, en cambio, Franco ponía los fundamentos de la suya, que duró cuatro décadas, más lo que llevamos de prórroga.la vanguardia

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