El poder tras el trono

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Pedro Trujillo

Mientras la coyuntura nos absorbe a diario, y hace que olvidemos lo urgente y lo importante, el tiempo avanza y acerca el próximo proceso electoral. Respecto de las pasadas elecciones, nada ha cambiado sustancialmente y el futuro se avecina similar al de hace cuatro años. La situación, desde un punto de vista formal no solo es la misma sino peor, porque se han detectado vicios que siguen presentes en la legislación y en las prácticas. Entre las quejas ciudadanas se escucha que no hay partidos ni candidatos para las próximas elecciones, pero: ¿alguien piensa todavía —de verdad— que el binomio presidencial es importante? Creo que eso está superado desde que los diputados se dieron cuenta del “peso” —y la impunidad— que tenían en este sistema y comenzaron a tomar las riendas. A partir de ahí se produjo una escalada progresiva y depredadora que ahora se materializa en un significativo número de diputados —y exdiputados— procesados, huidos, en busca y captura, pendientes de antejuicio o cuestionados.

Sin embargo, pareciera que el punto de cambio se trasladará —a partir del 2020— a otro poder: el local o municipal. Desde hace unos años los alcaldes han aprendido que la “autonomía municipal” se puede ejercer plenamente al margen de las agarraderas habituales. Cuestionados y perseguidos duramente los poderes Ejecutivo y Legislativo, el Municipal se diluye en 340 actores que dispersan la crítica y la atención. Baste recordar la pugna por la presidencia de la Anam en las pasadas elecciones de abril que no fue banal ni gratuita. La mayoría de los alcaldes han aprendido que la pirámide se rompe por el vértice del poder visible, pero la autoridad municipal de la base —más diluida— puede conformar un espacio de solidez en el que se sustenten tradicionales fuerzas asociadas al narcotráfico, al crimen organizado o a personajes mafiosos de la zona que se manifiestan a través de diferentes vectores: indigenismos, nacionalización de energía eléctrica, manejo de recursos naturales o negocios variados al por mayor. Todo ello distante de la capital, con suficiente autonomía y lejos de la justicia, la fiscalización ciudadana y los medios de comunicación. Ejemplos recientes que la justicia ha mostrado son los de la municipales de Chinautla, la municipalidad capitalina o la de Quetzaltenango; otros pasados incluyen al Puerto San José (Rizzo), Antigua o cualquiera de las más de 50 que en su momento señaló Cerigua. Fuera del foco de atención capitalino, el poder local no genera reacciones que no sean anecdóticas y parecen suficientes los fondos que se manejan en los Cocodes y los Comudes, además de los propios municipales que no son pocos o los que se cobran en artificiales e ilegales “peajes” sin que nos inmutemos.

Como sociedad nos ha costado mucho —197 años para ser exacto— llegar al punto en el que estamos, muy alejado por cierto del deseable, no digamos del óptimo. Este asunto que comienza a revelarse puede ser la queja ciudadana a partir del 2020, aunque se debería tomar conciencia de ello desde ahora y poner los limites necesarios para no perder otra legislatura en corregir cosas que son evidentes, pero que la lentitud en reaccionar impide cambiarlas en tiempo oportuno.

Así que no se preocupe si no encuentra binomio presidencial. Recuerde que es anecdótico y puede seleccionar —porque aquí nunca se ha elegido— a quienes los partidos políticos dispongan. Seguramente los problemas económicos, de desarrollo y también los judiciales los veamos pronto desde otro ángulo y solo nos llevará otros 10 años darnos cuenta e intentar cambiarlos a la velocidad —o pasividad— con que

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