¿Se puede unir el aceite y el vinagre?

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Mario E.  Fumero

Otra vez vuelve a la palestra pública la discusión de modificar la constitución, para que los ministros del evangelio puedan aspirar a cargos públicos, algo que tristemente va a convertir  la iglesia en una plataforma política, ya muchos ministros, llenos de ambición, y no conforme con proclamar el evangelio, se van a comprometer públicamente con ciertas corrientes ideológicas y políticas, para llevar al cristianismo a una confrontación y división dentro de las congregaciones, en donde existen diferentes tendencias ideológicas respecto a las filosofías prevalecientes en el mundo.

El trata de mezclar la religión con la política es semejante a mesclar el aceite con el vinagre, la luz con las tinieblas, el calor con el frio etc. El aceite, bíblicamente, representa la unción, mientras que el vinagre representa la acidez y la corrupción. Si cuesta trabajo ser un buen cristiano fuera de la política, cuanto más difícil será serlo dentro de este esquema, debido a la corrupción existente, ¿Cómo se podrá ser fiel al Evangelio cuando el ministro se inmiscuya en los asuntos terrenales? (2 Timoteo 2:4) Esto es semejante a tratar de caminar vestido de blanco en medio de un pantano lodoso, sin mancharse.

¿Qué mueve a algunos pastores a tratar de inmiscuirse en política? A algunos de ellos alientan la utópica esperanza de creer que, desde la plataforma política, podrán detener la corrupción. Pero pregunto; ¿Podemos cambiar un sistema podrido desde una perspectiva legal, sin cambiar primero al hombre por dentro? A lo largo de la historia de la humanidad hemos visto el fracaso de la religión cuando ha ostentado el poder político. En la Edad Media, la iglesia Católica Romana impuso su religión en toda la Europa occidental, y en el nombre de Dios hicieron cruzadas para matar a todos aquellos que no se sometieran a los designios de la iglesia, combatiendo a los musulmanes, judíos y personas que no se sometían al papa de Roma. Después, en el renacimiento, la iglesia de Roma, en el nombre de Dios, estableció la Santa Inquisición, impuesta por el Estado Religiosos, y eliminó a todos los que se oponían a la dictadura del Papado.  En Honduras un líder católico, previsor de la Iglesia, llamado Nicolás Irías, promovió una insurrección clerical motivando a Justo Milla a derrocar en el 1827 al gobernante de Honduras Dionisio Herrera, padre de la primera constitución. En nuestros tiempos, vemos como los Estados Islámicos, persiguen y asesinan a los cristianos, y a todos los que no se someten a la ley del Corán.

La única garantía de la libertad individual y religiosa es tener un estado laico, en donde no se imponga por la fuerza, lo que tiene que nacer por convicción y conversión. Dentro de un estado, todos debemos tener los mismos derechos, y no podemos prohibir el pecado por ley, siempre y cuando el mismo no proceda por convicción, y debemos, respetar a los demás, aunque no piensen como nosotros.

¿Se imaginan ustedes

Reverendo Mario Fumero

a un Estado dominado por los evangélicos, o católicos o cualquier otro grupo religioso, que trate de imponer a los que no son de su grupo, sus principios? Quizás alguno promoverá la persecución a los homosexuales. Esto no quiere decir que vamos a aprobar lo que no es natural, ni permitir que nos imponga una ideología de género, pero tampoco podemos inhibir al que quiere pecar y vivir desordenadamente, que se ajuste a mis principios, sin primeros experimentar una genuina conversión con Dios.

La iglesia es un reino dentro de otro reino (Juan 18:36). En el nuevo testamento la iglesia no luchó contra la injusticia del imperio romano, porque su objetivo principal era la transformación del hombre dentro de un sistema que era corrupto. No existe un gobierno perfecto, ni políticos honestos a lo largo de la historia de la humanidad. Es una utopía creer que desde la plataforma política podemos cambiar el corazón del hombre, y el sistema, sin primero transformar al hombre mediante una verdadera conversión.

La propuesta sería el caos y descrédito para las iglesias evangélicas. Respecto a la iglesia Católica Apostólica y Romana, no tienen problema al respecto, porque el derecho canónico no les permite a sus religiosos actuar en política, a menos que renuncien al sacerdocio.

Respetemos el estado laico, porque es una garantía para nuestras libertades, y el pastor o líder religioso que quiera ser político, que renuncie al ministerio porque como digo Jesucristo, no se puede servir a dos Señores (Mateo 6:24), ni podemos mesclar el aceite con el vinagre.

mariofumero@hotmail.com

www.contralaapostasia.com

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