Bush siempre con Puerto Rico

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Por Jorge Colberg Toro

El pasado viernes nos enteramos del fallecimiento del expresidente, George H.W. Bush. Usualmente, cuando fallece un exmandatario de ese nivel, los puertorriqueños expresamos nuestra solidaridad y recordamos los datos sobre las veces que  visitaron o participaron de alguna forma en los asuntos de Puerto Rico.

Los presidentes John F. Kennedy y George Bush padre, probablemente, fueron los dos mandatarios que demostraron un mayor conocimiento, cercanía e interés sobre los asuntos de Puerto Rico.

En el caso de Kennedy, la amistad personal del exgobernador Luis Muñoz Marín con el inquilino de la Casa Blanca, abrió las puertas para que el gobierno federal le otorgara una atención especial a los asuntos de Puerto Rico formalizada a través del famoso “Memorando Kennedy” que se extendió hasta el momento de la muerte del carismático presidente en 1963.

Esa misma cercanía, la logró el exgobernador Luis A. Ferré con el expresidente Bush y toda su familia. Amistad, que llegó a cultivarse a un nivel personal y afectivo, trascendiendo el plano político.

 El escritor Guillermo Baralt, en su libro: “La Razón del Equilibrio: La Vida de Luis A. Ferré”  (Tomo II-1968-1998) narra que los primeros vínculos de Bush con Puerto Rico se remontan a las décadas de 1970 y 1980, época en que el exgobernador Ferré ya conocía a James Baker III, estrecho colaborador de Bush y quien, eventualmente, fuera nombrado jefe de Personal de la Casa Blanca.

 Ferré logró que Bush le prestara atención a los asuntos de la isla y, como resultado de esos esfuerzos, se convirtieron en muy buenos amigos. Esa relación continuó desarrollándose al punto en que Bush recibía a Ferré periódicamente como vicepresidente y, además, en 1985, Ferré consiguió una audiencia para el gobernador Rafael Hernández Colon con Bush para discutir el proyecto de plantas gemelas del Caribe, que al aprobarse, generó empleos e inversión.

En 1988, Bush nombró a Ferré director de su campaña en la isla, cuando decidió aspirar a la presidencia y en su programa de gobierno, titulado “An American Vision”  incluyó una parte relativa a los temas locales; además, respaldó la estadidad y se comprometió a revisar los fondos federales.

Una vez electo presidente, incrementó fondos en áreas de salud, educación e infraestructura; emitió un memorándum que requería a todas las agencias que trataran a la isla bajo las mismas condiciones que a los estados; y el 9 de febrero de 1987, en su Mensaje de Estado ante el Congreso, les requirió a los congresistas que legislaran sobre el estatus político de la isla, ofreciendo todas las alternativas políticas posibles. Esos fueron los primeros pasos de lo que eventualmente se retomara bajo el proceso plebiscitario de 1989-91.

Después de su salida de la Casa Blanca en enero de 1993, Bush mantuvo lazos de amistad con los puertorriqueños y estuvo muy atento a los temas locales. Su última visita a la isla ocurrió en 2003, precisamente para asistir a una misa de recordación del exgobernador Ferré.

Su última expresión pública sobre asuntos de Puerto Rico fue el 25 de septiembre de 2017, cinco días después del huracán María, cuando unió su voz al resto de los expresidentes de los Estados Unidos: Jimmy Carter, Bill Clinton, Barack Obama y su hijo George W. Bush, para solicitar donativos para la recuperación de Puerto Rico y las Islas Vírgenes.

Con su partida, los estadistas pierden un importante aliado y, aunque nunca logró la estadidad como se anticipaba, al examinar su historial como miembro del Congreso, embajador, vicepresidente y presidente, deja otras aportaciones ante la historia.

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