Cuando se pierde el amor

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Mario E. Fumero

En nuestra vida cristiana ocurren muchas cosas que nos ponen a pensar, cosas que desde una perspectiva humana pueden ser naturales y aceptable, pero dentro de los caminos del Señor Jesús son inaceptables. Es por ello que nuestro mundo agoniza, y la iglesia cristiana ha perdido el poder para persuadir a los pecadores a buscar a un Jesús que encarna el amor, porque tristemente, éste no se manifiesta en los que dicen ser cristianos.

La necesidad más imperiosa de la humanidad es la sensibilidad hacia la tragedia, y el dolor humano. Vivimos en un mundo deshumanizado, lleno de injusticia y desigualdades, donde el interés domina sobre la entrega y el compromiso. Dentro de este Nuevo Orden Mundial, somos esclavo del sistema, un número, un engranaje, un existir, sin vivir. ¿Y que podemos decir respecto a las llamadas iglesias cristianas? En ellas predomina el dar sobre el darse, el tener sobre el bien común. El “estar” es más importante que el “ser”, el título más importante que la negación, porque todo se ha convertido en cuantitativo y no cualitativo, en distracción y motivación de prosperidad, y no en desprendimiento y sed por buscar a los perdidos. Nadie quiere sufrir, ni ser pobre, ya que para la teología moderna tristemente es maldición (2 Corintios 2:4).

Los llamados cristianos han perdido el corazón del cristianismo, el cual se resume en cuatro letras maravillosas, y que cubre multitud de pecados y defectos, esa letras es “A M O R”. Quitarle al cristianismo el “amor” es dejarlo del espíritu, la esencia, el ser. Es convertir la Biblia en letra muerta, es hacer del culto un espectáculo, y de nuestra fe una farsa.

Reverendo Mario Fumero

¿Qué ocurre cuando el amor se pierde? Aparece la ambición, la división, la indiferencia, la falta de entrega a los demás. La falta de amor en las iglesias, hogares, y relaciones personales produce la terrible tragedia llamada “deshumanización”. Lo primero que produce la falta de amor es perder el interés por lo demás, acentuándose cada vez un egoísmo destructivo. Cuando se pierde el amor desaparecer la solidaridad, y no nos importa lo que a los demás le pase, ya que cada uno busca lo suyo propio (Filipenses 2:21), y no lo que es de Cristo. Cuando desaparece el amor, se entroniza el interés. Valemos por lo que tenemos, y no por lo que somos. Cuando desaparece el amor, se acaba la misericordia, y entonces usamos los parámetros del mundo para hacer la justicia conforme a los deseos de la carne, de acuerdo a los caprichos humanos. Cuando se pierde el amor, buscamos protagonismo, hacemos las cosas para exhibirnos (Mateo 6:3), y obtener reconocimiento y títulos, y en los eventos públicos, buscamos los primeros puestos (Mateo 23:5-7). Cuando se pierde el amor, se pierde el espíritu de sacrificio, de entrega, de respeto por la vida, del deseo de buscar a los perdidos, y se extingue la visión misionera y evangelistica. Es entonces que para acallar nuestra actitud conformista, buscamos falsas emociones, distracciones, motivaciones fundadas en la imitación a los esquemas del mundo, convirtiendo la iglesia no en un centro de acogida al desvalido, sino de diversión para los perdidos, que se creen salvos, pero no viven el amor y en una doble vida. Es ahí cuando convertimos el evangelio en un negocio, mercadeando con la Palabra de Dios (2 Corintios 2:17), y adoptando un estilo de vida presuntuosa, y no de entrega y sacrificio.

¿Qué es andar en amor? (Efesios 5:2) Es identificarme con la necesidad del hermano que está mi lado (1 Juan 3:17). Es ir más allá de la milla que me piden (Mateo 5:41). Es no mirar el reloj, ni reclamar mis derechos laborales, sino actuar con el corazón, y dar más de lo que debo o me piden. Es compartir los bienes no por obligación, sino por convicción. Es sentir mía la carga de otros. Es compartir los momentos de alegrías y tristezas con los que están cerca de mí.

Es sentirme amado y ser amado. Es tomar como mío el dolor de los demás. Es no pensar en lo que soy, y remediar la necesidad de otros. Es desvelarme en la noche cuando pienso en una persona que está al borde del abismo, y sentir angustia y tristeza cuando alguien se pierde (Gálatas 4:19). Es llorar y sufrir ante la injusticia (Hechos 20:19).
El verdadero amor nos desvela, nos deprime, nos angustia. Bien lo describe el apóstol Pablo en 1 de Corintios capítulo 13: “el amor todo lo sufre, lo espera, lo soporta, no busca lo suyo (nuestro)” pero más que nada, Jesucristo lo patentiza en un solo texto, en el cual describe, en pocas palabras, el amor más grande que un ser humano puede tener por el prójimo, es el de aquel; “que da su vida por otro” (Juan 15:13).

El amor produce pasión. La pasión engendra compasión (Mateo 9:36). La compasión produce misericordia (Colosenses 3:12, Santiago 2:3). La misericordia engendra la piedad (Tito 2:12). Y la piedad es la expresión máxima del amor de Dios en nuestras vidas. Entonces conocerán que somos hijos de Dios, “ porque nos amamos los unos a los otros” (1 Juan 3:14, 4:12).

mariofumero@hotmail.com

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