Julio “Capullo”, el apodo singular para alguien especial

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**** En las historias y cuentos de los pueblos, los apodos forman parte de su folclor, a muchas personas sólo se les conoce por el sobre nombre un “bautizo” popular, producto de una ocurrencia jocosa entre amigos y hasta familiar que con el paso de los años son generacionales.

Tegucigalpa, Honduras

Otra vez, el escritor y poeta, Oscar Amaya, en una demostración de su amor a su pueblo Talanga y a sus habitantes, en su cuenta de Facebook, resaltó las virtudes de un personaje popular, “un amigo” que con el paso de los años a logrado la admiración de las nuevas generaciones y de sus contemporáneos, que solo le conocen por el sobrenombre de Capullo.

Esta iniciativa de Amaya, de recordar, resaltar y escribir sobre Julio “Capullo”, motivó a hondudiario.com a revelar o completar otra parte de esta historia, con motivo de la celebración de su cumpleaños.

Julio Daniel Romero Rivera, es un prodigio; alguien genial, le clavó el apodo más angelical de Talanga: Julio Capullo. Digo que es un prodigio porque nunca pisó un aula de la Escuela Nacional de Música y, sin embargo, ejecuta una gran cantidad de instrumentos musicales y, sin haber cruzado completamente la escuela primaria, compone y escribe las letras de sus propias canciones.

En Costa Rica lo elevaron al nivel de la fama con sus pegagosas salsas caribeñas. Julio Rivera nació en las riberas del rio Cuyametepe, a la sombra de un carao milenario y un higuerón antediluviano, al final de la calle empedrada de mi barrio. Nació en el seno de una familia de músicos.

Alegre, humorista de primera, franco, amoroso, por allí se la lleva inundando de acordes a las poblaciones de Honduras, con su banda Capullos’Bands.

Hoy Julio Capullo, cumple un abril de primavera más, en medio de la caña, la cal, la cachaza y la cususa salsera. Un homenaje a mi entrañable AMIGO. Publicó en su facebook Oscar Amaya.

Entonces, considerando la descripción del apodo o sobrenombre de Julio, se remonta a las vivencias de niños en el barrio Arriba, de Talanga, en la década de los 60, cuando la enseñanza y aprendizaje en la escuela República del Ecuador, para el primer y segundo grado se hacía acompañar con las historias y fabulas del libro “Capullo y Colita”, que se personificaba las historias y diálogos de un conejo y otros animales.

Es así, que podemos empezar a ligar que Julio Daniel Romero, cuando estaba en la escuela, entre los siete y 0cho años, de temperamento inquieto, juguetón y de artista, memorizando las fabulas del libro Capullo y Colita, que para facilitar el aprendizaje se les incluía ritmos musicales, las cuales en el barrio y en la misma escuela, él los repetía y cantaba a cada momento.

Una fuente oficial, recordó que los compañeros de escuela y hasta los mayores, de la época en el barrio, casi siempre escuchaban que Julio, el cipote alegre, el juguetón y bromista, siempre cantaba en los actos cívicos, en las presentaciones de grado y en las reuniones o tardeadas de niños, cantaba y tarareaba; “Capullo y Colita van a la escuela, Capullo y Colita van al campo a jugar, salta salta, ta ta ta ta”, con la gracia y el entusiasmo que se popularizo, terminando siendo identificado como Capullo, el conejo.

Aunque en aquel tiempo el decirle capullo y no, su nombre, podría ser el “bullying” de ahora, jamás frenó o cambio la forma de actuar y de convivir del cipote del barrio, que ahora con mas de medio centenar de años, aún canta el “capullo y colita, van al campo y saltan salta, salta”, con gracia y muchos recuerdos. Sin olvidar como dice Oscar, que muchos de sus parientes cercanos eran y son músicos de tradición, tocando marimba, guitarras, el saxófon  y el acordeón. Que igual que él se les recuerda por sus apodos. MO/hondudiario 

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