“Migración mexicana: urge encontrar soluciones”, periodista hondureño Vladimir Recinos

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Tegucigalpa, Honduras

El periodista hondureño Vladimir Recinos, criticó las políticas migratorias de los Estados Unidos, ligadas al comportamiento de los gobierno de México, sumado a las problemáticas de los países centroamericanos, donde a los migrantes “unos la ven como distractor y una oportunidad que debe explotarse al máximo en vista a la reelección presidencial; y otros, los utilizan como moneda de cambio para ratificar pactos comerciales o lograr beneficios y apoyos con algunos acuerdos bilaterales”.

Lo anterior se colige en una entrevista a Recinos, publicada en la Revista “SIEMPRE”, digital de México, bajo la redacción de Armando Reyes, que textualmente se reproduce, por su incidencia del tema en Honduras.

Vladimir López Recinos, investigador de la migración hondureña en tránsito por México hacia Estados Unidos de América, quien actualmente investiga sobre los migrantes desaparecidos y la violencia en el corredor Centroamérica-México-EUA, considera que Donald Trump le ha tomado la medida al gobierno mexicano, el cual no tiene un verdadero conocimiento de la problemática de la región, pese a sus propuesta de desarrollo para desincentivar la migración.

En entrevista con Siempre! Explica que los gobiernos de la zona no tienen diálogo con la Unión Americana, en un contexto en el que la migración se está viendo como un activo electoral.

 ¿Qué opinión le merece el mensaje que vía Twitter envío Trump exigiendo que se detenga la migración o, de lo contrario, impondrá aranceles las exportaciones mexicanas?

Creo que el mensaje vía Twitter que envío el presidente Donald Trump de imponer un arancel sobre los bienes importados desde México en caso de no frenarse el tránsito de centroamericanos y drogas hacia la frontera norte, es una amenaza o una propuesta muy particular del mandatario, y no de todos los estadounidenses, que de efectuarse causaría pérdidas a las economías de ambos países, ya que hoy más que nunca, están muy interrelacionadas.

Es algo difícil de concretizarse, aunque no imposible, y en caso de efectuarse sería más desfavorable para México. Eso lo sabe bien el presidente Donald Trump, por eso la amenaza y el ultimátum al gobierno mexicano, en el sentido, de controlar la migración ilegal, pero también el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

Es lamentable que, ambos gobiernos, tanto Estados Unidos y México, estén politizando y discutiendo de manera equivocada una problemática compleja y sensible como es la migración más forzada de centenares de personas que huyen de sus países por diversas causas: desempleo, bajos salarios, violencia, corrupción e impunidad entre otros factores.

Unos la ven como distractor y una oportunidad que debe explotarse al máximo en vista a la reelección presidencial; y otros, utilizan a los migrantes como moneda de cambio para ratificar pactos comerciales o lograr beneficios y apoyos con algunos acuerdos bilaterales.

Por no atenderse bien, hoy se tiene un problema grave de derechos humanos. Actualmente, hay miles de migrantes desaparecidos o enterrados en fosas clandestinas por todo México.

Así, es precisamente cómo no debe atenderse y buscársele solución a un problema muy complejo. Porque ahora, no sólo es un asunto de derechos humanos, también es un tema de seguridad internacional. Hoy la migración ilegal ha mutado, y está íntimamente vinculada al tráfico de personas y de drogas transnacional. Ahora, no se trata de pequeños grupos de migrantes guiados por uno o dos sujetos como lo fue en el siglo pasado, ahora vemos centenares de personas, niños, mujeres y hombres centroamericanos, cubanos, haitianos, africanos y algunos sudamericanos desplazándose por el territorio mexicano. Su traslado y explotación implican jugosas ganancias para grupos delincuenciales muy bien constituidos.

El presidente Donald Trump, ya midió, al gobierno de México. No es casual lo que exige.

De hecho, el gobierno mexicano ha dado pie para que así sea esa relación y así continuará. Un ejemplo son las acciones recientes como la deportación vía área de migrantes principalmente hondureños y también cubanos algo inédito en la historia de la política migratoria mexicana. Así el gobierno trata de rectificar su postura inicial de ser un albergue y protector de los migrantes y ahora asume una nueva postura: la de gendarme “bueno”.

Sin embargo, el daño ya está hecho, desde años atrás, y más actualmente, existe una anarquía migratoria difícil de controlar, porque las rutas del tráfico de personas y de drogas son compatibles y controladas por la delincuencia organizada en complicidad con algunos funcionarios del Instituto Nacional de Migración y de algunos miembros de seguridad de la policía municipal y federal. Esto no es nuevo, tampoco es ningún secreto, pues organismos de seguridad de Estados Unidos lo saben bien, y desde la puesta en marcha del Plan Mérida han estado insistiendo mucho en los procesos de depuración, capacitación y transparencia.

En resumen, el presidente Donald Trump ahora propone como política dura un muro comercial a México, y a éste le quedan pocas opciones: gendarme “bueno” o lidiar con una disputa comercial. Con las capturas y deportaciones vía aérea del Instituto Nacional de Migración en conjunto con fuerzas federales, se dio señales de querer hacerles bien el trabajo de policía. Sólo les restaría ajustar y recorrer el perímetro de seguridad hasta Tapachula y la frontera con Guatemala, pues allí llegarán en los próximos días oficiales de la Patrulla Fronteriza estadounidense a dar instrucciones y capacitación sobre cómo desarticular las redes de tráfico de personas. ¿Cuál es el problemas? Creo que el problema está en que el gobierno mexicano está manejando un doble discurso y eso genera confusión.

Vladimir López Recinos.

México ha propuesto un plan, que para muchos es parecido al Plan Marshall, con una inversión para evitar la migración, ¿será la solución a la situación o será necesario tomar otro tipo de medidas?

La propuesta más que del gobierno de México, al parecer surgió en el seno de la Cepal, quizá con buenas intenciones. Toda iniciativa sensata y orientada a atender una problemática es válida. Puede ser que, mediante una inyección de recursos destinados a promover la inversión se puedan paliar algunas de las causas de la migración (desempleo, bajos salarios etc.). Sin embargo, la generación de un desarrollo estable para Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, no se puede lograr de la noche a la mañana, mucho menos se puede asegurar que con ello se podrá evitar o frenar la migración; eso es una falacia. Cuando algunos funcionarios mexicanos dicen y reiteran con toda seguridad que así ocurrirá están mintiendo.

Eso nos indica que no tienen un conocimiento de la realidad social, política y económica de una compleja zona de Centroamérica. Y sí se desconoce lo que se pretende atender y corregir, muy difícilmente el resultado será positivo. Al norte de Costa Rica, hay cinco países, que con la excepción de Belice, cuatro de ellos (Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua) aunque tienen algunos rasgos comunes determinados en su estructura social, económica y política como ser: marginalidad y pobreza, altos índices de corrupción e impunidad, violencia y criminalidad, un narco gobierno autoritario y una dictadura (caso Honduras y caso Nicaragua), son también heterogéneos en muchos aspectos, por ejemplo en lo étnico y lo cultural, sólo para mencionar algunos elementos.

Así que no hay recetas mágicas. Si existieran, esas naciones ya hubiesen despegado desde hace décadas atrás. Actualmente, esas cuatro naciones viven momentos y situaciones difíciles y muy particulares. Consecuentemente, su análisis y las posibles soluciones a sus particulares problemáticas tienen que ser desde una perspectiva integral atendiendo las causas estructurales, pero también los múltiples efectos. Es un escenario complicado. De entrada, se prevé que el compulsivo flujo migratorio de los hondureños continuará, es algo difícil de contener mientras no se atienda las condiciones de vida de la población y se restablezca una convivencia pacífica y una gobernabilidad con un régimen democrático.

¿Realmente, como lo da a entender el presidente Trump, la migración centroamericana representa un peligro para Estados Unidos?

Si el presidente Donald Trump fuera como algunos politiqueros centroamericanos, realmente sería un peligro para el pueblo norteamericano. Es decir, los pueblos de Centroamérica, no son un peligro como tal para Estados Unidos. El problema está en la clase de políticos que han gobernado nuestros países y se han robado los dineros que deberían haberse destinado para el desarrollo, la salud y educación de la población. En algunos casos son los que han utilizado junto con la delincuencia organizada transnacional las estructuras de poder para enviar droga a Estados Unidos. El caso de Honduras es un ejemplo de cómo funcionarios y familiares de los últimos tres ex presidentes (Manuel Zelaya Rosales, Porfirio Lobo Sosa y Juan Orlando Hernández Alvarado (2006- a la fecha) han sido extraditados o arrestados por la justicia estadounidense por tener nexos con el narcotráfico y el lavado de dinero proveniente de acciones ilícitas. Ese sí es el peligro real para Estados Unidos. El ciudadano común quiere un trabajo y un salario justo para tener acceso a una vida digna.

Se ha escuchado poco a los gobiernos de la región centroamericana en este tema, ¿qué sucede en la región respecto a los mensaje de Trump y las presiones hacia México?

Sí, los gobiernos de esa región de Centroamérica tienen poca interlocución con el gobierno de Estados Unidos. En el caso de Honduras no tiene canales oficiales de diálogo, pues todavía no se ha nombrado un embajador estadounidense, y es lógico ¿Cómo se va establecer negociaciones con un gobierno vinculado con el narcotráfico? ¿Cómo se van a buscar acuerdos formales con un presidente que está siendo investigado por la Administración para el Control de Drogas (DEA)?. Por otra parte, los migrantes no son de interés fundamental para los gobiernos y el sector empresarial hondureño, lo que sí les interesa son las remesas monetarias que mensualmente envían para mantener activa la economía. Honduras se ha convertido en una maquina expulsora de personas y resulta redituable que anualmente los migrantes generen casi un 20 % del PIB, es decir, 4 mil 400 millones de dólares según cifras del Banco Central de Honduras. Un gran negocio ser un país expulsor de personas.

Finalmente, ¿cuál es el verdadero aporte de los centroamericanos en la economía de la Unión Americana, en contraste con la imagen que Trump quiere promover ligada a delincuencia y otros temas?

Así como aportan millones de remesas monetarias para mantener a flote la economía de sus países de origen, asimismo, de igual manera, contribuyen a la economía de Estados Unidos. Los migrantes trabajan y consumen, y pagan impuestos, quizás menos que un ciudadano norteamericano promedio, pero igual, cuando compran un refresco, un agua, un perro caliente en las calles de New York pagan impuestos.

Los y las migrantes de Centroamérica tienen un gran potencial, son una fuerza de trabajo joven que debería capacitarse y emplearse en diversas labores para el desarrollo y la productividad. “SIEMPRE. México.

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