Las chiribiscas, nostalgia y tradición con un lugar especial en la Navidad

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*** Las chiribiscas, así como el nacatamal y el rompopo, siempre tendrán un lugar especial en el corazón navideño de los hondureños. 

Por Oscar Banegas

Tegucigalpa, Honduras

Los tiempos cambian, generaciones que pasan y con ellas tradiciones que poco a poco se quedan en el  camino.

Ya es una evidencia en estos días, la perdida de las tradiciones navideñas de antaño.

Nuestros hogares ya lucen invadidos por el plástico verde, el señor de la barba blanca y traje rojo, más todo tipo de adornos, que, si bien podría no estar mal, es algo que no es propiamente hondureño.

Si bien es cierto que el árbol de navidad se hace llenar de luces, adornos navideños, y una estrella que indica la llegada de la temporada, a medida que el tiempo paso, se fue optando por los ya conocidos pinos artificiales hechos con materiales sintéticos.

Otra opción son las chiribiscas, tradición que aún se aferra a no ser olvidada ya que algunas familias todavía prefieren decorar su hogar de esta manera y no con los presuntuosos arboles de las tiendas.

Desde ya hace muchos años, las chiribiscas guardan un lugar especial dentro de la Navidad, consisten en pequeñas ramas secas puestas sobre una base para luego ser pintadas a mano.

Para la comerciante del Mercado Jacaleapa, María Teresa Molina la tradición de las chiribiscas se ha perdido.

Nos explicó que una de las razones es porque está prohibido cortar los árboles, “recuérdese que no toda la chiribisca sirve para hacer árboles de Navidad y los que se hacían antes, se hacía de uno que le decían “Quebracho”, entonces ese prácticamente lo tienen cuidado”.

Añadió que la tradición aún se mantiene de cierta manera, ya que la gente arma con pequeñas ramas secas recolectadas en los cerros las chiribiscas.

“La chiribisca se perdió a raíz de lo que los árboles de la China entraron y allí ya la gente ya era más programable un árbol de Navidad allá de la China y no de nosotros”, indicó la señora Teresa Molina.

Manifestó que, por su parte, tiene como 16 años de no vender chiribiscas y que empezó desde hace 40 años a la orilla del bulevar Centroamérica, frente al Mercado Jacaleapa exactamente en la parte donde hoy esta ubicado Elektra.

“Se vendían esos que decían de nieve, que era con corcho y siempre la ramita verdad y los pintados con plateado que se pintaban con pintura”, agregó.

Actualmente las chiribiscas aún pueden ser encontradas, se arman con pequeñas ramas, se pintan de un color café o caoba, si la gente las pide plateadas, también hay, y luego de ser adornadas con luces y arreglos son una belleza.

Recordó que en sus tiempos las chiribiscas se vendían entre 50, 80 y 90 lempiras, “un árbol que era el más grande que a la gente le gustaba ponerlo en el comedor o en algún lado, 250, pero un árbol que le estoy hablando yo que pegaba acá arriba (refiriéndose a algo muy alto) porque tenían que buscarle”.

“Y la cargada, que la cargaban en el ´lomo´, porque nos íbamos para acá a la Sula, todavía no estaba la colonia Honduras, todos esos predios de Tito eran totalmente chiribiscas, entonces era allí donde nosotros nos salvábamos”, dijo la señora.

“Comenzamos 8 ´arboleros´ y de 8 de allí solo quedaron 3, creo que solo hay como 2 vivos, yo les ayudaba a ellos, mi enfoque era los pichingitos, nacimientos y el monte (lama) y así, esa es la historia de nosotros”, complementó.

No sería justo acusar a la juventud de que las tradiciones no se mantengan, pero no esta de más decir que las personas muy fácilmente se emocionan con algo nuevo y adoptan las culturas de otros países.

Las chiribiscas, así como el nacatamal y el rompopo, siempre tendrán un lugar especial en el corazón navideño de los hondureños. OB/Hondudiario 

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