ATAUD

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José Víctor Agüero Aguilar

Un día todos sin excepción alguna estaremos dentro de un ataúd, el día, la hora, mes, año y las circunstancias de nuestra partida de este mundo terrenal, seguirá siendo una incógnita, pero de algo si podemos estar seguros, nadie podrá eludir este crucial paso.

 

Sin duda en algún momento de nuestra vida, en más de alguna oportunidad, hemos asistido a un funeral, para darle el ultimo adiós a un familiar cercano o de alguna amistad, si de algo debemos estar seguro es que las personas fallecidas simple y sencillamente se nos han adelantado a un hecho que nadie podrá evadir,  es cuestión de tiempo para que nuestro cuerpo sea depositado en un ataúd, para luego ser enterrado a varios metros de profundidad.

 

Muy pocas veces el ser humano se detiene a meditar, que todos/as estamos de paso por esta  vida, que nadie es eterno, con el paso de los años irreversiblemente envejecemos, se profundizan las arrugas, el cabello se cubre de canas, la vitalidad física disminuye y cuando menos pensamos nos acercamos al destino final la muerte física.

 

Vivimos tiempos de confusión, la maldad en el mundo cubre matices alarmantes, la violencia, el odio, pleitos, iras y contiendas, son el común denominador que caracteriza a la raza humana de hoy en día. La inseguridad, la avaricia y un deseó desbordado por atesorar bienes materiales transitorios, están llevando a la perdición a una generación que se hunde en los placeres carnales: Sexo, drogas, lujuria, corrupción, en una palabra PECADO.

 

El pecado tiene consecuencias fatales, es sinónimo de muerte eterna. Es preocupante saber la ligereza en que viven en la actualidad miles de personas, reflejan un estilo de vida irreal, superfluo, vacío, cosmético, pero detrás de ello se esconden sentimientos de soledad, temor, angustia, desesperanza, miedo e inseguridad, tornándose una existencia desdichada y frustrante.

 

En esta vida todo queda, nada de lo atesorado en este mundo nos lo llevaremos a la tumba, aquí quedaran los títulos, diplomas, vehículos, joyas, vestuario, lociones, relojes, terrenos y todo bien material, sin duda, una característica común que prevalece en muchas personas es su arrogancia y la prepotencia en que actúan en los diferentes ambientes en que se desenvuelven, sea en el hogar, trabajo, y comunidad, etc.

 

No se han puesto a pensar estos individuos que la vida es más que acumular dinero y posesiones, es servir al prójimo, es asumir una actitud de humildad y sencillez en su actuar diario, muchas personas han tenido la oportunidad de haber desempeñado cargos relevantes en la administración pública, pero su paso fue sin pena ni gloria, su principal preocupación se centró en satisfacer sus propios intereses en perjuicio de las grandes mayorías, atesorando fortunas mal habidas.

 

Pero cuando el ser humano toca fondo, ya sea por el diagnóstico de una enfermedad terminal, una debacle financiera o una ruptura matrimonial,  se da cuenta que el tiempo invertido en su vida fue un fracaso, ver un hogar destrozado, hijos conflictuados, no hace más que evidenciar que las prioridades de vida estaban equivocadas.

 

A propósito le preguntó ¿Cuál es la prioridad en su vida? ¿Hacia dónde enfoca sus esfuerzos? ¿Qué lugar ocupa en la actualidad la persona de Jesucristo?, ¿Que tanto valor le da a su familia?,  este tipo de interrogantes solo usted las pueda contestar en su fuero interno.

 

Todos un día rendiremos cuenta ante el Señor Jesucristo, de lo que hicimos en este mundo, el será el principal juez, que decidirá el destino final de nuestra existencia. Hay dos escenarios puntuales: heredar una vida eterna para todos aquellos que confesaron con su boca al hijo de Dios, como su Señor y Salvador personal y el otro el infierno, la condenación eterna, para todos aquellos que vivieron de espaldas al redentor del mundo.

 

Mientas Dios nos preste vida es imperativo aprovechar cada instante, para honrar al Señor Jesucristo, siendo un buen testimonio, testificando de su amor y llevando frutos dignos de arrepentimiento, una oportunidad única, que se nos presenta a todos, mientras Dios en su amor y misericordia nos tiene en este mundo.

 

Llegará un día en que todos/as estaremos dentro de un ataúd, ahí se pudrirá nuestro cuerpo hasta que se convierta en polvo, indistintamente si el ataúd que ha seleccionado está fabricado con los mejores materiales o se trata de una caja rustica esto resulta irrelevante, lo importante es que mientras nos llega ese día, estemos a cuentas con el Señor Jesucristo, agradándole en todo, siendo obedientes y sobre todo cumpliendo con su palabra, lo demás es secundario incluyendo el ataúd que probablemente ya compró o lo está pagando a plazos en una funeraria.

 

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