Violencia Familiar

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Por: José Victor Agüero Aguilar

Para muchas familias el hogar es un campo de batalla, donde el común denominador son los gritos, las ofensas, amenazas, reclamos, el enojo, la ira desmedida, la rabia, los golpes, los comentarios despectivos, es una atmosfera tan áspera que lo que se respira es una intranquilidad que asfixia y que consume física, emocional y espiritualmente a los integrantes del hogar.

Frente a este perturbador escenario urge un cambio de actitud en cónyuges, padres e hijos; no es saludable que al interior de los hogares se respire odio, críticas y ofensas, que lo único que provoca es fomentar el distanciamiento y profundizar el resentimiento, las raíces de amargura y la falta de perdón, entre sus integrantes.

La toxicidad en que viven muchas familias alcanza matices alarmantes  cuando en el seno del hogar, se cometen atroces crímenes, padres que matan  a sus hijos e hijos  que liquidan a sus progenitores, un cuadro dantesco que cada vez es más frecuente en Honduras.

 Sin duda cultivar relaciones interpersonales saludables basadas en el respeto, la comprensión y la tolerancia no es nada fácil, es un camino que para muchos se torna tortuoso y cuesta arriba, y esto queda evidenciado cuando una pareja decide formar un hogar, son dos personas que provienen de entornos diferentes, con costumbres, actitudes, formas de actuar, pensar y reaccionar, muy particulares, el gran reto es buscar un punto de equilibrio que permita aceptarse mutuamente con sus virtudes y defectos.

Gran parte de lo que somos hoy en día es producto del hogar en que crecimos, lamentablemente cuando los hijos crecen y llegan a formar su propia familia, replican comportamientos y actitudes equivocadas producto del mal ejemplo que vieron en sus padres, como ser: Gritos, ofensas, reclamos, golpes y frases hirientes que dejan cicatrices imborrables, en su mente y corazón.

Tipos de violencia

Hay violencia física y emocional que derivan en resultados catastróficos, piense por un instante en la siguiente escena. Un padre de familia llega a casa, ingerido de bebidas alcohólicas, furioso, tirando objetos, agarrando del pelo a su cónyuge, pegándole patadas y golpes en la cara, frente a sus hijos menores, que lloran desconsolados, viendo a un papá enloquecido, que descarga todo su odio, ira, enojo, furia y resentimiento, en su entorno más cercano.

Por otro lado está la violencia emocional cuando el hombre o la mujer se recriminan mutuamente, expresando frases groseras y ofensivas: “Vos no sirves para nada”; “sos un don nadie “eres un mantenido”, “te odio”, no sé porque me case contigo, fue mi peor error”.

También los hijos/as no escapan a toda esta vorágine descontrolada que se respira en el hogar, cuando sus progenitores de manera grosera y ofensiva  se dirigen a ellos expresándoles palabras demoledoras que dañan su integridad emocional y física.

Todo este patético escenario no se hace más que retratar cuan enfermos está las personas en su interior; producto de esta complejidad es que llegan a cometer vergonzosos actos que dejen cicatrices profundas de dolor y sufrimiento en sus hijos y pareja, generando con ello relaciones tensas, ásperas y cortantes.

Especialistas en la conducta humana refieren que muchos padres de familia actúan con tal salvajismo, porque en su infancia fueron abusados física y emocionalmente, crecieron en hogares disfuncionales, donde lo que permeo fue el irrespeto, las agresiones verbales y los golpes desmedidos, toda esta conflictividad la trasladan de manera negativa cuando llegan a formar su propia familia, siendo su esposa/o, e hijos/as, los que sufren estos comportamientos salvajes.

¿Qué hacer?

 

Ante un ambiente tan hostil y agresivo los resultados son catastróficos. Los hijos crecen con mucho temor, inseguridad, sentimientos de inferioridad, resentimiento y amargura, hay una ira reprimida peligrosa que al explotar acarreara más dolor y profundizará el distanciamiento con sus progenitores.

 

En primer lugar los padres de familia deben admitir que hay áreas de su vida que no están bien, que precisan de un cambio urgente, si es adicto al alcoholismo o al consumo de otro tipo de drogas, o si tiene un temperamento explosivo, impaciente, debe reconocerlo y no justificarse.

 

Busque ayuda con un consejero espiritual o familiar que le oriente a modificar ciertos patrones de conducta que por años lo han tenido esclavizado, pero por sobre todas las cosas su principal ayuda la va encontrar en Jesucristo, el conoce con exactitud todas aquellas grandes batallas que se libran en su interior, deposite en las manos del Hijo de Dios, todas sus cargas, aflicciones, ansiedades y temores, solo en el tendrá el verdadero descanso.

 

Pida perdón a su cónyuge e hijos por los daños cometidos, busque reconciliarse, comience de nuevo con una actitud diferente, reconozca las virtudes y cualidades de sus seres más cercanos, modere su carácter, pídale a Jesucristo que le de paciencia y serenidad para afrontar las pruebas de la vida, con una actitud diferente.

 

Y para todas aquellas personas que han sido víctimas de la violencia familiar, si no ve un cambio en la conducta de su agresor, lo mejor es apartarse y denunciarlo ante las instancias respectivas, al Ministerio Público (MP) o llamando al 911, usted es una persona muy valiosa, para no seguir soportando el comportamiento enajenado de hombres y mujeres que han vulnerado su integridad física, emocional y espiritual.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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