“Más de 100 días de encierro rutinas y temores” por el Covid-19

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*** El confinamiento obligado para prevenir el contagio del covid-19 ha provocado el cambio de rutinas y conductas, hasta pensar en eventos trágicos como “si algún día le faltara el padre”  y pensar en hipotecar la casa si fuera necesario para atender la emergencia familiar.

Por Flor Agüero

Santa Lucia, Honduras.- Se cumplió el día 100 del confinamiento por la pandemia de coronavirus. En su habitación, Rolo; al borde de la cama se prepara dormir, en sus conversaciones mentales y con sus prácticas de respiración busca conciliar el sueño, cumpliendo las rutinas del día a día.

Llegó el día 101, en el reloj despertador se marcan las 4:50 de la mañana, la oscuridad en el dormitorio empieza a desaparecer por la tenue luz del resplandor de un nuevo amanecer que se filtra por la ventana y las rendijas de la puerta y el techo la casa.

En el tradicional silencio de las madrugadas, a la distancia se escucha el canto de los pájaros en los árboles del patio que con el viento parecen que avivaran el frio húmedo que con las gruesas cobijas se busca evitar que llegue hasta los huesos, porque aquí, las bajas temperaturas de hasta 10 grados por las mañanas, caracterizan el ambiente del pueblo de Santa Lucia, que está ubicado a unos 12 kilómetros de la capital hondureña.

Rolo es un joven que tiene dos hermanos que viven allí junto a sus padres, “Flor y Rodri” que desde el 16 de marzo se encuentran en auto aislamiento familiar para evitar el contagio del coronavirus, sometido a diferentes rutinas y a la redundancia de actividades dentro de su casa, por el confinamiento.

En el día 101, son las 5:00 de la mañana y cómo ha sido una costumbre en los últimos meses, el silencio es interrumpido por el llanto de “Rodri”, el niño “tierno” que se escucha por toda la casa llamando su atención, pero casi al instante, en medio de la tenue oscuridad del amanecer, se escucha el arrullo y los mimos de su mamá “Paula” que se levantó para calmarlo y que también enciende la radio y sintoniza música suave para distraerlo y/o como una manera de calmarle para conciliar el sueño nuevamente.

Sin duda, las cinco personas que integran la familia Agüero, coinciden en despertarse casi a la misma hora, pero no en levantarse, porque algunos se quedan en sus camas esperando que el día caliente un poco más, pero sería Paula la primera en levantarse para atender a “Rodri” que con su llanto busca abrigo y el arrullo.

Aunque todo parece tranquilo, entre las 6:00 y 7:00 de la mañana, el “lloriqueo” de la inquieta Athenea (3), la mascota, un pastor alemán llama su atención para salir de la casa, pero esta vez, es Rolando (papá) el jefe del hogar quien se levanta para sacarla al patio, dando paso a la monotonía que desde hace cinco meses renovó, debido a la cuarentena por la pandemia del covid-19.

Todos a realizar sus tareas, antes de las 7:00 am, también llegó a la casa Kathy, una joven que apoya con los quehaceres de la casa y atiende al bebe, pero para el jefe del hogar, ya no es tiempo de descansar y hay que trabajar. Rolando es un afortunado porque sus obligaciones laborales las puede hacer desde su casa.

El coronavirus no solo está enfermando a las personas, está provocando incontables muertes, desempleo e incertidumbre entre los hondureños, además problemas económicos para miles de personas y familias.

Para Rolando, las rutinas de salir a su centro de trabajo se han terminado, pero el horario de su trabajo inicia a las 8:00 de la mañana y tiene que cumplir su agenda desde su casa. “La primera llamada del día para discutir cotizaciones y ventas, como también tratar los distintos problemas”, desde su nueva e improvisada área de trabajo, “la mesa del comedor familiar, donde ya le espera una taza de café y bocadillos, hasta su desayuno”.

En otra habitación de la casa, Flor la hija mayor, quién desde el inicio de la cuarentena ha experimentado crisis ansiosa debido a las preocupaciones por la pandemia, universidad y familia, ya comenzó su día, aunque no hay prisa para salir, debe estar lista a las 9:00 de la mañana para su primera clase, con tan solo instalar una aplicación de llamadas en su celular.

Aunque pareciera que todo se hace desde la comodidad de su habitación, la rutina de hacerlo desde su encierro no siempre es motivador y se liga con algún nivel de flojera, pero ésta convencida que aun estando en su casa y en su dormitorio, “afuera hay múltiples distracciones, las llamadas de trabajo de su padre, las atenciones que deben darle de manera permanente al niño (9 meses) y por los demás quehaceres de la casa.

Al final es mejor quedarse allí, al terminar la clase y esperar la otra, no está mal dormir un poco más y “recuperar el sueño interrumpido o que no logró finalizar”.

Por otro lado, en su habitación, simultáneamente, Rolo hace lo mismo que Flor, también recibe clases en línea, ambos se cruzaron en la cocina a la hora del desayuno, luego cada quien en su cuarto a cumplir sus obligaciones.

Es casi lo mismo de lunes a viernes, las rutinas producto del confinamiento no perdonan, las medidas aplicadas por la pandemia por el covid-19 trajo cambios hasta de conducta y el comportamiento de cada persona, en este caso de Rolo y Flor, que reciben sus clases universitarias virtualmente y en horarios a la discreción del docente y acuerdos con los alumnos o compañeros.

Llegó la hora del almuerzo, el encuentro en el comedor, a unos pasos de las habitaciones, es la oficina improvisada de Rolando que deberá parar sus tareas y compartir en familia, hablar sobre los efectos del coronavirus, como una enfermedad que puede prevenirse con varias medidas de bioseguridad.

Es que, como una familia integrada, todos entienden que las medidas se deben cumplir con dedicación y esmero, considerando que el jefe de familia (Rolando) padece de asma e hipertensión, enfermedades denominadas base y de alto riesgo para quienes se contagian.

En tal sentido, respetar el confinamiento y dialogar una posible emergencia, es normal e importante porque el riesgo en la casa se extiende hasta el niño “Rodri” de 9 meses con el problema hereditario.

Entonces, no está demás, tratar el caso de una emergencia hipotéticamente, donde se incluyen las diversas opiniones y los riesgos financieros, al extremo de pensar que para atenderla sería hasta hipotecando la casa que no sería recomendable, dice Paula.

Por su lado Flor sugiere prepararse con la compra de “un tanque de oxígeno y obteniendo el tratamiento MAIZ que el gobierno ésta promoviendo”.

En resumen, todos coinciden que hay que comprar el tanque de oxígeno y tener a mano al tratamiento MAIZ, aunque no confían mucho en su efectividad, pero que no está de más tenerlo a la mano y estar preparados.

No hay para donde ir ni salir, más que retomar sus actividades, se terminó el almuerzo y cada quién lava su plato, cubiertos y vaso que utilizó.

Rolando reinicia su videoconferencia de trabajo, Paula retoma el cuidado de Rodrigo, Flor entra en el dilema de hacer un momento de ejercicios o avanza en trabajos de la universidad, mientras Rolo otra vez a conectarse al sistema de internet para recibir clases.

El tiempo pasa, son casi las 4:00 de la tarde, todos paran sus actividades y ahora el encuentro es la sala para compartir galletas y café, donde aprovechan para contar anécdotas de sus vidas cuando salían de la casa.

Rolando compara la reunión familiar como las “oficinas del Gobierno, tomando café en la mañana y en la tarde”.

Se fue la tarde y nuevamente la luz solar desaparece y cada uno procede a realizar la actividad encomendada, según lo establecido en un horario decorado a colores que se encuentra en el refrigerador, el turno es que uno de los cuatro deberá hacer la cena del día.

Le tocó a Rolo, que inició los preparativos de la cena, Flor le ayuda con un arroz; bromean y escuchan música mientras se cocinan los alimentos. Sirven la cena y cada quien come por su lado, unos viendo televisión en la sala, otros videos o una película en la computadora.

El día está finalizando, después de la media noche solo Rolo y Flor siguen despiertos y descansando si se quiere de la rutina del día cada quien, a su manera, pasan las horas las puertas de las diferentes habitaciones ya están cerradas, las luces apagadas y vuelve el silencio y el sonido del viento que mueve las hojas de los árboles.

Flor, se mantiene despierta reviviendo el plan de acción del cual hablaron en caso de que alguien se infecte, cuestionándose si funcionara y que haría si algún día le falta su padre, el miedo la invade e intenta no visualizar la situación, poco a poco se distrae con videos y logra quedarse dormida.

Por su parte, Rolo con sus conversaciones mentales consigo mismo, sus prácticas de respiración y pensando en el siguiente día en confinamiento.

A la fecha, casi 40 mil personas están contagiadas a nivel nacional y casi mil 500 muertos por el covid-19, en una errática administración de la pandemia a nivel nacional. FA/hondudiario

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