Apuntes sobre la educación superior en Honduras

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Por Jesús de las Heras Ochoa

La UNAH conmemora el 19 de septiembre de 2020 el 173 aniversario de la fundación de nuestra universidad (que data desde el 19 de septiembre de 1847); a continuación se presentan algunos apuntes sobre la educación superior durante el periodo colonial y siglo XIX en Honduras y Centroamérica, con el fin de evidenciar parte del contexto educativo regional.

Como antesala a la creación de universidades en la región centroamericana, podemos evidenciar en materia educativa de nivel superior que estas fueron el resultado de la evolución de algunos centros de estudios asociados a seminarios, colegios y casas de enseñanza existentes desde el período hispánico colonial bajo la dirección de la iglesia; como parte de la necesidad por elevar el conocimiento mediante una superior cultura.

Antes de la creación de la Universidad de San Carlos en Guatemala (1676) los estudios superiores solo podían haberse realizado en España y México. San Carlos se constituyó como la primera y única universidad de la Capitanía General de Guatemala (entonces capital política y cultural de la región centroamericana) durante 136 años; hasta que las Cortes de Cádiz confirieron la autorización en enero de 1812 para el establecimiento de la Universidad de León, en Nicaragua. Esta era una institución con experiencia educativa previa, que se estableció a partir de la existencia del antiguo Seminario de San Ramón (establecido en 1680) y que arribaba en ese momento a los 132 años de existencia.

Durante el siglo XIX, a dos décadas del proceso de independencia, el primer centro de educación superior que se estableció fue la Universidad de El Salvador (16 de febrero de 1841), por decreto de la Asamblea Constituyente; siendo Jefe Supremo del Estado de El Salvador Juan Nepomuceno Fernández Lindo (Juan Lindo). Esta universidad ocupó el Convento San Francisco, siendo su primer rector el presbítero Crisanto Salazar.

En 1843 se estableció la Universidad de Santo Tomás de Costa Rica (9 de mayo de 1843), creada a partir de la antigua casa de enseñanza de Santo Tomás; cuya existencia se remontaba desde 1814. Fue su primer rector, el sacerdote, político y educador Juan de los Santos Madriz y Cervantes (1844-1849).

Esfuerzos educativos similares pueden ser rastreados en Honduras desde 1679, año en que se estableció el Colegio Seminario de San Agustín en la capital de la Provincia (Comayagua) y que fue fundado por el Obispado Fray Alonso de Vargas y Abarca. Este centro posteriormente pasó a llamarse Colegio Tridentino.

Fue, sin embargo, a la ciudad de Tegucigalpa que recayó el mérito de creación de la primera universidad de Honduras; sin duda debido al valioso apoyo y esfuerzo decidido del padre José Trinidad Reyes Sevilla y la integración posterior de un grupo de jóvenes precursores del conocimiento. Los primeros pasos en pro de la educación se registran en 1832 ,cuando el padre Reyes aperturó una clase de Gramática Latina (con los alumnos Máximo Soto y Alejandro Flores).

Posteriormente, el 14 de diciembre de 1845 hizo su aparición en Tegucigalpa, la Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto, misma que había sido concebida por los estudiantes Máximo Soto, Alejandro Flores, Miguel Antonio Rovelo, Yanuario Jirón (no Girón) y Pedro Chirinos, hecho plenamente conocido por nuestra comunidad universitaria.

Esta sociedad paso a conocerse a partir del 10 de marzo de 1846 como Academia Literaria de Tegucigalpa, donde el padre Reyes asumió el cargo de rector interino. La municipalidad de Tegucigalpa solicitó a la Cámara de Representantes apoyar y brindar autenticidad a la Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto.

Resulta conocido el hecho de que fue el 19 de septiembre de 1847, la fecha en que se llevó a cabo la inauguración solemne de la Universidad y que ocupó la edificación colonial del Convento San Francisco. En dicho acto de inauguración se contó con la participación de las máximas autoridades del país, quienes se hicieron presentes desde la capital de Honduras en Comayagua. En tal sentido, el gobernante Juan Nepomuceno Fernández Lindo (tercer presidente constitucional de Honduras), el Obispo Francisco de Paula Campoy y Pérez, el presidente del Congreso Francisco Zelaya y el padre José Trinidad Reyes atestiguaron la inauguración de dicho centro con la concurrencia de catedráticos y algunos vecinos de Tegucigalpa, convirtiéndose así en universidad pública y centro de aprendizaje profesional.

Tras el fallecimiento del padre Reyes en Tegucigalpa, quien aún se desempeñaba como primer rector (el 20 de septiembre de 1855); asumió tan importante cargo como segundo rector de nuestra universidad el doctor Hipólito Casiano Matute.

Entre las fuentes documentales que nos permiten conocer nuestro legado patrimonial nacional e institucional, contamos con el amplio fondo bibliográfico documental atesorado por Archivo Nacional de Honduras en Tegucigalpa. Personalmente, he tenido la oportunidad de investigar y revisar documentos asociados a la fundación y primeros años de funcionamiento de nuestra universidad, que evidencian sus aportes a la sociedad y obtención de financiamiento; donde el apoyo de la imprenta de la universidad posibilitó parte de su desarrollo “como herramienta que contribuye a la ilustración y es imperiosa necesidad de un país libre”.

En la documentación revisada e investigada pude encontrar que los primeros benefactores de este centro de estudios gozaron del título como “Amigos de la ilustración del país”.

Si analizamos el contexto histórico, social y cultural previo al surgimiento de nuestra universidad podemos entender que la educación en nuestro país nunca ha sido una tarea fácil, de allí el mérito de estos primeros ilustrados que sentaron las bases de su creación y para que nuestra universidad haya podido transitar a lo largo de tres siglos, desde su inauguración solemne un 19 de septiembre de 1847 (a mediados del siglo XIX hasta la segunda década del siglo XXI) y se posicione en la actualidad como una de las megauniversidades de Centroamérica con una población estudiantil que supera los noventa mil estudiantes.

El legado del padre Reyes continúa vigente en el sistema educativo nacional así como universitario, y la fecha de su nacimiento conmemora el Día del Estudiante Hondureño cada 11 de junio, validando su importante trayectoria en favor de la educación hondureña. El “padre Trino” vincula a todas las generaciones universitarias, siendo un estímulo para la superación permanente de nuestra universidad y nación.

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