Joe Biden: los mitos de la campaña y la nueva política

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Coma

Por: René Raudales

Joe Biden es el nuevo presidente electo nombrado por el apoyo del voto popular que es la esencia de la tradición democrática de los Estados Unidos de Norte América. Su victoria se consolidó mediante un masivo apoyo popular que alcanzó un nivel histórico de 79.2 millones de votos.

Este logro es más significativo dadas las características de una campaña con gran nivel de desinformación especialmente en lo referente a su ideología y pensamiento y que alejó a algunos votantes especialmente en el estado de la Florida.

Entre las acusaciones se mencionan tres publicitadas que sin duda influyó en las decisiones de los votantes:

La primera fue el calificarlo como izquierdista radical, a pesar de que nada entre sus antecedentes o su historial en muchos años como senador no refleja una tendencia política socialista o radical.

En la segunda se le acusó de querer reducir los fondos de la policía y crear inseguridad social, esto también fue y ha resultado falso y como presidente electo ha confirmado que esa reducción no será parte de su gestión.

La tercera tergiversación publicitada era la relativa a que gran cantidad de migrantes iban a invadir toda la nación, eso nunca fue afirmado por el entonces candidato Biden y era una afirmación derivada de la campaña y con un matiz sesgado de lo que puede y no puede hacer el presidente.

No obstante que su nueva política deriva de sus compromisos adquiridos ante sus votantes es evidente que como presidente no podrá ignorar los 73 millones de votos de su oponente, y que conlleva un gobierno de evitar el odio entre los diferentes actores de la sociedad norteamericana y considerar los deseos y opiniones que conllevan esos millones de norteamericanos que votaron dentro de la bandera del Partido Republicano.

Para enfocarnos en lo que les espera a los inmigrantes y sus efectos en Latinoamérica veamos por partes que podrá hacer a corto plazo y que no podrá hacer sin el concurso del congreso y del senado’

  1. Para los efectos inmediatas relacionados con el programa TPS, instaurado por el Congreso de USAen 1990 que ampara a más de 44 mil hondureños y otros miles de otras nacionalidades, la llegada del nuevo presidente era su última esperanza pues la orden de salida o incluso deportación estaba fijada para el de enero del 2020 por decisión del presidente Donald Trump. Todo indica que el nuevo presidente revocará la decisión tomada lo cual es vital especialmente para los países de la región centroamericana dados los efectos devastadores de la pandemia y los huracanes. Lo más irónico es el apoyo de muchos compatriotas en apoyo al candidato que ha revocado el TPS, apoyo mostrado en opiniones y la difusión profusa en las redes sociales de falsos argumentos y teorías conspirativas y eso a pesar de que no tienen voto en esas elecciones. ¨Cosas veredes Sancho amigo¨.
  2. No se duda de que, al menos en el corto plazo, el programa DACA será puesto en vigencia de nuevo amparando a más de 600 mil soñadores que han estado en medio de gran sufrimiento dado que pende sobre ellos la eliminación del programa lo que representaba su salida del país. Estos jóvenes no conocen ningún ambiente o sociedad mas que la de los Estados Unidos. Una solución definitiva hacia la residencia y ciudadanía depende de las fuerzas legislativas. Algunos de ellos son hondureños.
  3. El camino a residencia y ciudadanía para mas de 10 millones de inmigrantes (también en ese grupo hay muchos hondureños) es una promesa del nuevo presidente de someter esa propuesta y sus condicionantes al congreso de los Estado Unidos de Norte América y ese resultado no depende enteramente del presidente. Ya ha habido intentos anteriores para legalizar esos millones de indocumentados que no se han podido concretar..

Esas son las tres prioridades básicas del nuevo presidente relacionadas con el tema migratorio. Es de esperar que será menos duro con las condiciones migratorias pero también no es de esperar que tendrá fronteras abiertas ni mucho menos, no buscará incrementar la presión social en una sociedad ya polarizada. Por otra parte existen regulaciones migratorias establecidas en las leyes federales que no pudo evadirlas el presidente saliente y tampoco podrá evadirlas el nuevo presidente.

Como antecedente muchos congresistas especialmente del Partido Republicano han estado anuentes a solventar el problema de los indocumentados residiendo por muchos años en USA bajo ciertas condiciones y una de esas ha sido asegurar la frontera y cambios en las leyes migratorias.

Por lo menos esperemos que se mejoren las condiciones humanitaria en el tema de los migrantes hacia los Estados Unidos y especialmente para bien de los cientos de niños que se encuentran bajo un concepto de detención y hasta ahora sin saber el paradero de sus padres lo cual se derivó de la separación de hijos y padres cuando se produjeron las detenciones.

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