Migración climática, un punto de agenda pendiente

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Migración climática, un punto de agenda pendiente

Por: Christian Nájera

Aprender de las experiencias es una condición que los humanos han desarrollado a lo largo de su historia, y si se trata de resiliencia tras desastres provocados por fenómenos naturales, aún más.

Pero ello no se aplica en todos lados, ya que la humanidad ha afrontado los fenómenos meteorológicos desde diferentes realidades y con variación en sus posibilidades para reponerse.

Esto da paso al fenómeno de movilidad humana por temas climatológicos, junto con los problemas que este acarrea.

La movilidad humana por causas climáticas no es otra cosa mas que el movimiento de personas de un sitio a otro por la imposibilidad de habitarlo temporal o definitivamente.

Un ejemplo de ello, ha sido la gran migración de ciudadanos hondureños hacia diversos países, principalmente Estados Unidos, después de la catástrofe nacional provocada por el Huracán Mitch en 1998, evento que ocasionó la muerte de cerca de seis mil personas.

Para los entendidos en la materia, el término “refugiado climático” debiera ser una categoría bajo la que, aquellos que han abandonado su entorno para habitar por destrucción del mismo tras causas climatológicas, puedan ampararse, pero la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aun no lo acepta.

Para Erika Pires, fundadora de la Red Sudamericana para Las Migraciones Ambientales (RESAMA), la respuesta depende mucho de los sitios en los que un fenómeno natural genere consecuencias.

“Dependiendo de la capacidad o inversión estatal en resiliencia, un evento puede convertirse o provocar un desastre, por ende, los desastres naturales no existen por sí solos”, aclara Pires.

Pensando en esta circunstancia, los expertos han coincidido en que, desde Mitch, Honduras “tiró a la basura” 22 años para preparase en prevención, respuesta y mitigación de eventos como los huracanes Eta y Iota, que han devastado la zona norte, principalmente, con las sendas inundaciones que aun no merman en algunos municipios.

“Un evento puede convertirse en un desastre natural por el impacto social que provoque y las condiciones de vulnerabilidad ya existentes”, añade Pires, por lo que es fácil concluir que las consecuencias de las crecidas de los ríos en el norte hondureño son un desastre natural.

Falta hablar del futuro

La reconstrucción del país es tema que está en boga, pero no se están viendo algunas secuelas que podrían venir para Honduras en el futuro.

Un desastre natural, además de la posible migración de ciudadanos, deja cambios en el uso de la tierra, que podría no ser apta para cultivar por los constantes riesgos.

Además de ello, una larga lista de efectos resalta, comenzando por la reducción de recursos marinos, de la biodiversidad, merma en reservas de agua potable, inseguridad alimentaria e incluso un impacto significativo en la salud mental y física de las personas, especialmente si hablamos de niños.

Este problema debe convertirse en un punto prioritario a resolver en la agenda de los gobiernos del mundo, y principalmente latinoamericanos, ya que las condiciones de fragilidad de territorios como el corredor seco centroamericano son altas.

Para comparar magnitudes, el Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno de la ONU (IDMC por sus siglas en ingles), reportó en 2019 24.9 millones de personas desplazadas por desastres naturales, a la par de 8.5 millones por conflictos bélicos. La problemática es real.

El Salvador es la nación de América Latina que más presentó desplazados por efectos del clima el año anterior, con 455,900 personas, según el IDMC.

Existen soluciones

Para mejorar este problema en los países como Honduras que actualmente es uno de los tres más vulnerables del mundo por desastres naturales.

El primer paso es invertir en prevención, para lo que los Estados deben readecuar presupuestos, ya que cada vez más se descuida el tema del cambio climático en las agendas nacionales.

Como parte de un plan estratégico, se debe plantear la creación de mecanismos nacionales, bilaterales y/o regionales para dar acogida a los desplazados mientras sus territorios originarios pueden ser habitables nuevamente.

De hecho, residencias temporales en países vecinos, puede ser una medida que, aunque no es nueva, trae soluciones, tal y como ocurrió con el Estatus de Protección Temporal (TPS) para los migrantes del Mitch.

“Hay que conectar la migración ambiental con las agendas y políticas que impactan en la permanencia y la movilidad de las personas; así como el origen, transito y destino de las personas”, sentencia la investigadora brasileña.

Pero la recomendación principal, y quizá de las más difíciles en dar resultados palpables a corto plazo, es la de regular los indicadores de pobreza, desigualdad de genero y otros problemas sociales que aquejan a países como Honduras, que lleva décadas batallando con ellos sin mejoras significativas. Por. Christian Nájera

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