El COVID-19 sigue siendo un riesgo para la salud

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*** Tedros Ghebreyesus, director de la OMS, decretó el fin de la emergencia por coronavirus en el mundo. Fue por la recomendación de un panel de expertos.

Tegucigalpa, Honduras

El 5 de mayo de 2023, el Comité de Emergencias sobre COVID-19 emitió un comunicado en el que declaró que, según los expertos, la enfermedad ya no es una emergencia de salud pública. El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) tomó la recomendación y la hizo pública.

Sin embargo, este «fin» de la pandemia no significa la desaparición mágica del COVID-19. Al contrario, es la confirmación de que el virus sigue circulando y que, posiblemente, lo haga de manera cíclica entre nosotros, como sucede, por ejemplo, con la gripe.

Sigue matando, sigue cambiando y sigue existiendo el riesgo de que aparezcan variantes que provoquen nuevos repuntes de casos y muertes.

¿Qué significa que el COVID-19 ya no sea una emergencia?

Estas declaraciones, muchas veces parecen estar lejos de la realidad. Hay personas que se preguntan en qué cambiarán sus vidas con este nuevo estatus que recibe la enfermedad.

La mayoría de las fronteras están abiertas, el turismo recupera cifras económicas y de desplazamiento, la mascarilla no se exige casi en ningún lugar… ¿No estaba ya terminada la pandemia?

Lo que sucede es que la OMS tiene diferentes categorías para las patologías. Y estas categorías se determinan para instar a los países y los ministerios de salud a que realicen acciones puntuales. No son las mismas medidas las que se deben tomar ante el resfrío de todos los inviernos que las que fueron necesarias para contener el brote de mpox, por ejemplo.

A finales de enero de 2020, la OMS había establecido que el COVID-19 era una emergencia de salud pública de preocupación internacional. Cuando inició este 2023, la institución sostuvo su decisión y continuó con esta catalogación, aunque había controversia al respecto, según un editorial de la revista especializada British Medical Journal.

El director de la OMS dijo, en ese momento, que la categoría era correcta porque el coronavirus reunía criterios para ser una emergencia mundial, todavía 3 años después. Las tasas de contagio continuaban elevadas, había certificación de contagio entre mamíferos diferentes a los humanos y el virus tenía posibilidades concretas de mutar.


Cuestiones prácticas del fin de la emergencia de COVID-19

No es lo mismo que la OMS declare el final de la emergencia a que lo haga cada país. Así lo deja entrever una nota de opinión de la revista Nature.

Cuando los países determinan que ya no hay emergencia, dejan de hacer algunas cosas:

  • Reducen la cantidad de testeos y cierran algunos centros destinados para tal fin.
  • Disminuyen la intensidad de las campañas de vacunación.
  • No obligan a la declaración de todos los casos sospechosos.
  • Retiran ciertas medidas preventivas, como el uso de las mascarillas en lugares públicos.

Es muy probable que para la mayoría de las personas del planeta, la reciente declaración de la OMS no cambie sus vidas. Sin embargo, sí es probable que algunas regiones geográficas noten que hay menos requerimientos para realizar algunas actividades.PUBLICIDAD

Así también, es posible que en los Estados con menos poder adquisitivo se complique la adquisición de vacunas o la disponibilidad de camas. Es uno de los efectos negativos que, lamentablemente, podemos esperar.


Otras enfermedades que recibieron la categoría de emergencia

De acuerdo con una recapitulación histórica elaborada en la Universidad de Umea (Suecia), otras enfermedades que fueron emergencia mundial declarada por la OMS son las siguientes:

  • H1N1 en 2009. Se decretó su fin como emergencia en agosto de 2010.
  • Poliovirus en 2014 con un final todavía no declarado.
  • Ébola en el oeste de África, entre 2014 y 2016. Luego, en el Congo, del 2019 al 2020.
  • Zika entre el 1 de febrero de 2016 y el 18 de noviembre del mismo año.

La duración es variable porque cada enfermedad se comporta de una manera diferente. El poliovirus continúa como emergencia, aunque no tiene la difusión del COVID-19 en todo el mundo. Por otro lado, el zika estuvo circunscrito a un solo año.

¿Qué hacemos si el COVID-19 ya no es más una emergencia?

En diciembre de 2022, los casos totales acumulados y reportados en el mundo eran 642 millones. La OMS también informaba que, hasta ese momento, las muertes atribuibles al coronavirus eran 6,62 millones.

En la región de las Américas, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) tiene registrados más de 192 millones de casos confirmados al 29 de abril de 2023. Entre ellos, 2 948 903 muertes para la misma fecha.

Por su parte, el Ministerio de Sanidad de España informa 13 845 825 casos acumulados al 5 de mayo de 2023 y 120 964 muertes. Pero más allá de la acumulación en el tiempo, la última semana halló 11 847 casos nuevos en el país. Entre ellos, 7397 fueron en personas mayores de 60 años.

Que el COVID-19 no sea más una emergencia como lo fue entre 2020 y 2022 no significa que lo demos por desaparecido. Los adultos mayores deben prestar especial atención, porque son un grupo vulnerable y las cifras de contagio entre ellos siguen siendo llamativas.

¿Debemos alarmarnos? Claro que no. ¿Mantener medidas preventivas? Claro que sí.

La OMS ha publicado un informe para el manejo a largo plazo del COVID-19. Y si bien es un texto para que los países tomen medidas en los próximos años, también es un recordatorio de que no podemos descuidarnos así porque sí.

El lavado de manos, el aislamiento cuando tenemos síntomas respiratorios, el uso de la mascarilla ante la misma circunstancia y la vacunación son herramientas que tenemos disponibles. Dejar de usarlas, perderlas o «relajarnos» no es la solución para el final de la pandemia. Mejorconsalud

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