Compromisos del Convenio de Ramsar, sin efecto en una Honduras ecocida

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***El mundo celebra en febrero el mes de los humedales, ecosistemas ricos en biodiversidad y claves ante la venidera crisis por el cambio climático

 

Josué Quintana Gómez                                                                                                                               Periodista ambiental

Desde el 02 de febrero de 1997, se celebra el Día Mundial de los Humedales en conmemoración a la firma del acuerdo para su conservación y uso racional, esto fue en la ciudad de Ramsar, Irán, en el año de 1971.

El Convenio de Ramsar fue el primer tratado del planeta para la protección y aprovechamiento controlado de estos maravillosos ecosistemas; Honduras tiene adscritos 11 sitios y para nuestro infortunio están bastante impactados.

El Estado hondureño no han honrado a cabalidad tales compromisos y tenemos que decirlo, además, el Comité Nacional de Humedales (CNH) nunca ha sido insiste y beligerante en sus propuestas para frenar la destrucción de estos santuarios ricos en biodiversidad.

Científicos han indicado, en múltiples ocasiones, que los mayores problemas son el relleno y drenado para actividades como la agricultura expansiva, ganadería, la construcción de instalaciones turísticas y asentamientos humanos.

El problema parece agudizarse cada vez más y aunque los humedales hondureños son opulentos en flora y fauna, no hay mucho que celebrar este mes debido a su destrucción sin cuarentena o tregua alguna.

En 2020, mediante HONDUDIARIO.COM, el primer periódico digital de Honduras, informamos sobre la devastación en el Parque Nacional Punta Izopo, que es el Sitio Ramsar 812, donde los monocultivos y zonas de pastoreo ganan terreno y para ello se drenan los canales, pantanos, manglares y ciénagas.

En otros santuarios como el Parque Nacional Jeannette Kawas (Sitio 722), el Sistema de Humedales de Zambuco (2.189) y el Refugio de Vida Silvestre Cuero y Salado (619), atraviesan retos parecidos a Punta Izopo, todos en el departamento de Atlántida. Lo más lamentable es que el ecocidio no se detiene, pese al conocimiento de las autoridades centrales, municipales y comunales que comanejan estas joyas ambientales.

Como prensa informamos casi nada sobre la compleja situación de los humedales en el Lago de Yojoa (Sitio 1.467); nos encanta destacar su belleza y potencial turístico, pero no ponemos en la agenda aquellas propuestas para frenar el daño, principalmente contaminación.

“Lago de Yojoa, me conmueve tu belleza: homenaje a la naturaleza es tu hermosura. Eres el aroma de café, eres la grandeza, eres de tus frutos el sabor y la dulzura. ¡Tanta belleza me hace ilusión!”, elogiaba el extinto músico de La Ceiba, Guillermo Anderson, y con toda razón. Así reza su canción Lago de Yojoa, corazón de Honduras.

En el Golfo de Fonseca, está el Sistema de Humedales del Sur de Honduras, que tiene retos como la deforestación de sus manglares y el impacto de una creciente acuicultura, muy necesaria para ofrecer puestos de trabajo.

El último compromiso de Honduras con la Convención Ramsar es la Laguna de Alvarado (Sitio 2418), que fue designado como tal hace dos años, el 02 de febrero de 2019. El Departamento Municipal de Medio Ambiente (DEMA), en Puerto Cortés, deberá salir de la “indisposición” y así informar con detalles al pueblo hondureño sobre los proyectos que planean ejecutar bajo la declaratoria.

En los departamentos de Islas de La Bahía, Cortés y Gracias a Dios hay más sitios que merecen atención, pero reconocemos que hay algunas iniciativas para la reforestación de sus manglares.

Todos los municipios donde hay Sitios Ramsar, mediante sus dependencias, gerencias o unidades de medio ambiente, deberían ser proactivos y trabajar con mayor compromiso para frenar la destrucción de los humedales.

En 2019, el puerto de Tela (Atlántida) se declaró como una “Ciudad Verde” pero desde el año pasado su vivero municipal está abandonado y sin operar. Esta instalación está cerrada, descuidada y sin mantenimiento; algo lamentable porque en 2018 y 2019 presumía de ser uno de los mejores viveros del Litoral Atlántico.

Todos, desde cualquiera sea nuestra trinchera podemos apoyar a la recuperación de los humedales en Honduras, hasta los periodistas. En un par de ocasiones he escuchado a colegas decir que los pantanos son asquerosos, esto me causa preocupación y afirmo que ellos no tienen ni la mínima idea de su valor natural. Todos podemos aprender.

Ya es momento para que las cabezas de la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (Mi Ambiente), el Instituto Nacional de Conservación Forestal (ICF), la Oficina Presidente de Economía Verde y sus similares para Asuntos de Cambio Climático, se pongan a trabajar y den resultados visibles, medibles y tangibles.

Que todos hagan equipo de una buena vez con las universidades y organizaciones ambientales sino el ecocidio seguirá y los humedales en Honduras se perderán.

Naturalmente, los humedales son importantes para recibir el agua que dejan las tormentas, pero históricamente han sido rellenados para ser habitados y muchas colonias, barrios, caseríos y aldeas son vulnerables a las inundaciones porque están sobre antiguos pantanos y ciénagas.

Pese a lo expuesto antes, felicito a todos los científicos y educadores ambientales que luchan para que todos comprendamos la importancia de los humedales, tan vitales para la purificación natural del agua, la producción de oxígeno, el equilibrio climático, que además son refugio para diversas especies de aves, peces, reptiles, mamíferos, anfibios e invertebrados.

URL Corta: https://bit.ly/3tlEkkP
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