Una enfermedad que los Libertarios hemos denominamos como: “El síndrome monárquico socialista”

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*** Todo gobierno de izquierda que llega al poder y lo hace mediante la vía democrática dicen respetar la voluntad del pueblo Pero en el fondo, como un animal que parece haber sido domesticado pero tiene sus garras ocultas, prestas para atacar.

Tegucigalpa, Honduras

Hace unos días en Honduras, y a propósito de las paralizadas negociaciones para elegir al Fiscal General de la República, Sergio Castellanos, uno de los “honorables” miembros del Congreso de la República, quien milita en el partido gobernante propuso la peregrina idea de llamar a una consulta popular para disolver dicha institución y reemplazarla con algún otro organismo.

Por supuesto un organismo hecho a medida de su gusto y conveniencia donde Libre pueda hacer y deshacer a sus anchas sin verse limitados por ese obstáculo ineludible con el que se han topado que se llama democracia y debido proceso.

Esta inusitada propuesta, junto con mostrar un completo irrespeto a la Constitución y las leyes muestra un síntoma del que lamentablemente sufre este gobierno y es la incapacidad para lograr acuerdos y el poco entendimiento de lo que significa tener un gobierno en minoría, así mismo la soberbia de creer que por tener el Ejecutivo en sus manos los demás poderes del Estado deben plegarse a ellos como lacayos.

Así mismo el día lunes en una conferencia de prensa penosa, a las que nos tiene acostumbrados lamentablemente Luis Redondo, el autoimpuesto Presidente del Congreso, hizo un llamado a Daniel Sibrián, para que deje el cargo acusándolo de estar haciéndolo de manera ilegal, lo que en una condición como la de Luis Redondo quien está ejerciendo su cargo de facto y con una de las elecciones más vergonzosas que se ha visto en los últimos años es de una hipocresía casi risible.

Todo esto en Redondo es síntoma de la otra cara de este gobierno la soberbia y la autocomplacencia que ha reinado desde que Libre asumió el poder. Todos estos síntomas, tanto los de Sergio Castellanos como los de Luis Redondo, sumados a otros como la impulsividad de Marlon Ochoa, la paranoia de Mel Zelaya reflejada en los discursos que le escribe al títere que tiene en Casa Presidencial que es Xiomara Castro o la irrealidad en la que vive Rasel Tomé quien al parecer no distingue lo que significa la palabra minoría, son síntomas de una enfermedad mucho más que grande que un tumor canceroso y purulento quiere infectar todas la áreas de la República y destruirlas hasta convertirlas en algo irreconocible.

Todo gobierno de izquierda que llega al poder y lo hace mediante la vía democrática (porque los regímenes comunistas que lo han hecho bajo la vía armada son otra cosa muy distinta ya que muestran inmediatamente el esqueleto del que están conformado), parecen respetar en un primer momento los procedimientos democráticos, dicen respetar la voluntad del pueblo y están agradecidos que sean ellos los que los han elegido y prometen hasta por los codos trabajar con el resto para poder sacar adelante el país.

Pero en el fondo, como un animal que parece haber sido domesticado pero tiene sus garras ocultas, prestas para atacar, sus intenciones a largo plazo son controlar por todos los medios que sean necesarios todos los estamentos del Estado, irrespetando la separación de poderes que corresponde a todo Estado Republicano.

A través de corruptelas, de muestras de fuerza o simplemente desconociendo todo fallo existente los gobiernos socialistas ocupan todos los cargos relevantes del Estado muchas veces repartidos entre sus propias familias constituyendo verdaderas monarquías que a veces se vuelven incluso heredables.

Claros son los casos de Hugo Chavez y de su sucesor Nicolás Maduro en Venezuela, quien tiene a su familia y amigos en altos cargos del gobierno, así como también el de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo en Nicaragua que forman una mancuerna que oprime al país vecino con mano de hierro. Claro caso también es el de Nestor Kirchner y su esposa Cristina Fernandez en Argentina quienes solos crearon una nueva vertiente del socialismo en la Argentina: el kirchnerismo. Demás está hablar de Cuba y de cómo Fidel Castro heredó su cargo en manos de su hermano Raúl y este en un hombre de su confianza como el mejor aprendiz de los tiempos de la Unión Soviética.

Así mismo, como todos los ejemplos mencionados anteriormente la familia Zelaya Castro desde su regreso al poder ha logrado posicionarse como un aspirante a monarca dentro de la política hondureña, incontables son los ejemplos de familiares que han sido repartidos en varias dependencias, secretarias, alcaldías a lo largo y ancho del país. Así mismo la presidenta Xiomara Castro quien es por todos sabido no es más que un títere de su esposo, quien se guarda para poder saltar al ruedo en el momento en que se lo permita, ha estado extendiendo sus garras por todos los Estamentos de la Republica Hondureña desafiando abiertamente a la Constitución y las Leyes.

A través de su títere, Luis Redondo, ha logrado hacerse con el control relativo del Congreso, lo que afortunadamente ha logrado frenar en cierta medida una oposición que ha sabido plantarle cara a la Presidenta y su séquito de lamebotas. Así mismo logró forzar la elección de la Corte Suprema de Justicia haciéndola esta un instrumento más en manos del gobierno.

El siguiente paso, en el sueño húmedo de los Zelaya es por supuesto la instalación de una Constituyente que les permita hacerse con el control total del país. Pretender reinar como reyes sobre las cenizas de un país que se desmigaja ante sus ojos, pretenden estableces leyes lesivas contra el pueblo que ellos mismos alegan defender en una mentira que ellos mismos han logrado creerse. ¿Hasta donde llegará la ambición de esta familia, de la presidenta, de su esposo y de toda su familia?

Debemos recordarles a la Señora Presidenta, a su esposo y a todos sus lacayos, que la monarquía no reina en Honduras desde hace más de doscientos años. ¿Seremos capaces como pueblo de defender nuestras democracias y la tradición Republicana que esta lleva consigo? ¿O dejaremos que los idiotas reinen a sus anchas llevándonos a todos hacia el abismo más profundo del que va a ser sumamente difícil salir?

La libertad es un derecho irrenunciable.

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