Científicos hondureños estudian al «manatí antillano» con nuevas tecnologías

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*** Se estima que el país habitan un millar de “vacas marinas”; según informes de los científicos en Atlántida que lideran el monitoreo con drones, hidrófonos y sonares

Por: Josué Quintana Gómez
Tegucigalpa, Honduras

Para actualizar censos de individuos y documentar toda la biología del manatí antillano (Trichechus manatus manatus), que va desde su distribución, reproducción, comportamiento, alimentación y cambios en el hábitat, el Comité Nacional del Manatí Antillano (CNMA) planifica para este año 2022 nuevos estudios en el norte de Honduras, con apoyo de dispositivos tecnológicos.

Pese a las limitaciones por la pandemia COVID-19, la Fundación Cuero y Salado (FUCSA) no se detuvo en el monitoreo del manatí antillano en el Corredor Biológico del Caribe Hondureño, especialmente en su área de acción, el Refugio de Vida Silvestre Barras de Cuero y Salado (RVSBCS), en el departamento de Atlántida.

El biólogo Arles García, coordinador de investigación en FUCSA, calcula que hay casi una cuarentena de manatíes en el refugio, por lo que este año se podrían expandirán los estudios en todo el Corredor Biológico del Caribe Hondureño, que es su zona de distribución.

“Actualmente se han reforzado estudios relacionados al hábitat, principalmente para caracterizar las especies vegetales de las que el manatí se alimenta, estos son esfuerzos dentro de nuestra área protegida. Igualmente, a través del CNMA, se espera colectar más datos en toda Honduras. Todos podemos generar información como país, para darle datos más puntuales a los entes que se encargan de la protección del animal”, manifiesta.

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científico insiste que la tecnología les permitirá estudiar mejor al manatí antillano, tanto bajo el agua como desde el cielo, algo motivante porque para proteger a este animal deben entender cómo se desplaza, además sus susceptibilidades, qué comen y en general todo sobre ellos.

“¡Estamos en un mundo cambiante! Hemos iniciado monitoreo a través de hidrófonos, son aparatos que trabajan con sonido del organismo y así es posible generar datos de densidad poblacional. Además, se hacen monitoreos a través de drones, también, empleamos sonares que permitirán estudios más estructurados, hemos comenzado y ya tenemos algunos resultados”, cuenta.

Agrega, que, con apoyo de drones encontraron lugares donde había indicios de alimentación del animal, pues “el

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manatí es una especie bastante resiliente, que se adapta muy bien, a pesar de todas las presiones que enfrenta y amenazan su hábitat”.

La Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), mediante el Centro Regional del Litoral Atlántico (CURLA), apoya estudios relacionados con la calidad del agua en el RVSBCS, uno de los principales hábitats de las “vacas marinas” en el país.

“Hemos hecho diferentes monitoreos, definiendo un índice de calidad de agua. Con el tiempo hemos visto cómo se ha deteriorado un poco la calidad y esto también se vuelve importante, tanto para los peces como para el manatí. Hubo un levantamiento de información base con las comunidades, para ver qué sabían ellos del manatí, su percepción y los avistamientos, eso se une con el trabajo que hacemos por parte de la UNAH para apoyar, el hábitat del manatí es el agua”, explica Emilia Cruz, docente del CURLA.

La académica recomienda al CNMA que siempre “es necesario platicar con las personas locales, socializar más sobre el manatí como una riqueza de la zona”, además, “fortalecer la educación ambiental con los niños, ir formando esa esa cultura de protección”.

Herbívoro clave en el Caribe

El manatí antillano dedica la mayor parte de su tiempo a alimentarse, descansar y viajar. Se puede encontrar en aguas caribeñas desde México hasta Guyana Francesa (parte continental) y desde las Bahamas hasta Trinidad y Tobago (parte insular).

En Honduras, se distribuye en zonas marino-costeras en los departamentos de Cortés, Atlántida, Colón y Gracias a Dios, ilustran estudios conjuntos de FUCSA, CURLA, Instituto de Conservación Forestal (ICF) y el Centro de Documentación e Interpretación Ambiental (CREDIA). Se documentó que hay entre 250 y 400 individuos, específicamente para el RVSBCS unos 40 ejemplares.

Sin embargo, se estima que la población de este mamífero ronda los 1.000 individuos en el país, pero son datos por verificar, debido la gran distribución que tienen y a su conducta migratoria.

“Están muy bien adaptados al ambiente marino y acuático; pueden movilizarse en el agua a velocidades promedio de 5 y 8 km/h, aunque puede llegar hasta 30 km/h en situaciones de peligro”, explica el biólogo García.

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“Son mamíferos y no respiran bajo el agua, necesitan salir cada 3-5 minutos, incluso pueden quedarse en el fondo hasta 20 minutos cuando están en situaciones tensas y lo logran por una adaptación que les permite retardar su metabolismo. Pueden alcanzar tamaños de hasta de cuatro metros y pesar más de 1.300 libras, con una densa capa de grasa, que les permite regular las temperaturas”, añade el científico.

En el RVSBCS, Atlántida, se detectaron unos 14 puntos de alimentación, otros dos donde toman de agua y se caracterizó a 25 especies de plantas que conforman el menú del manatí en el ambiente acuático, “aún falta colectar información del ambiente marino”, admiten técnicos de FUCSA.

Entre las especies base en la dieta del manatí están el berro (Ludwigia helminthorrhiza); la orejona (Eichhornia crassipes), el mangle rojo (Rhizophora mangle), zacate (Echinochloa crus-pavonis) y la lechuga de agua (Pistia stratiotes).

“Claramente son herbívoros, sin embargo, de forma oportunista pueden ingerir pequeños peces e invertebrados que están aferrados a la vegetación. Comen una gran variedad de plantas emergentes, sumergidas y flotantes y pueden consumir entre el 10 y 20% de su peso corporal a diario”, concluye Arles García, encargado de investigación en la FUCSA.

Mamífero pacífico e incomprendido

Justo Herrera (70 años), un morador en Salado Barra (El Porvenir, Atlántida), asegura que como lugareños deben contribuir para no alterar el crecimiento de las plantas en la ribera de los ríos y así coadyuvar con la conservación del manatí antillano, un animal símbolo de su comunidad.

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“Tengo 70 años de vivir aquí y desde los siete años comencé a mirar al manatí en esta comunidad de Salado Barra, siempre los he visto cuando buscan su comida, cuando juegan y andan en celo, son pacíficos. Aquí vienen a comer a la orilla de mi parcela, uno los cuida. No hay que destruir las orillas de los ríos y tampoco cortar el zacate”, manifiesta.

Agrega, qué, “cuando operó la Standar Fruit Company (Siglo XX) en esta zona, había gente que los cazaba, les gustaba esa carne, pero ahora tienen un provecho turístico porque en este lugar es donde más se les mira en Honduras. Desde que vino la Fundación (FUCSA) y se declaró esta zona como Refugio, bajó la cacería”.

Los manatíes no tienen enemigos naturales y se cree que pueden vivir hasta 60 años o más, pero la mayoría de sus muertes están relacionadas con el humano, una causa son colisiones con embarcaciones. Además, el ahogamiento

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por quedar enredados en redes de pesca (principalmente las crías), además de la pérdida del hábitat asociado al cambio climático y la deforestación en la ribera de los ríos.

En Honduras, se sabe que su época de celo es entre septiembre y noviembre; alcanzan la madurez sexual hasta cumplir los cinco años. Se cree que las hembras dan a luz a una cría cada dos o cinco años, y los gemelos son poco frecuentes.

“El período de gestación es de 13 meses. Las madres amamantan a sus cachorros durante 12 o 24 meses, lo que representa una tasa de reproducción baja y es esta la razón por la cual se encuentran bajo peligro de extinción”, detallan documentos del CNMA y de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, siglas en inglés).

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Simultáneamente, durante los últimos monitoreos biológicos, se llevaron a cabo actividades de educación ambiental para que las nuevas generaciones comprendan el valor del manatí antillano, para toda Honduras y la región, destacan comanejadores del RVSBCS.

Este santuario fue declarado como tal en 1987 (Decreto Legislativo 99-87) y el manatí antillano es uno de sus principales objetos de conservación. Además, fue adscrito en 1993 a la Convención de Ramsar que tiene como fin proteger a los humedales más importantes del mundo, es el Sitio 619 y fue el primero que comprometió el país bajo dicho tratado. Fotos: Jorge Vásquez

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