Frenar deforestación y sanear territorio, urgencias para salvar a Biosfera Río Plátano

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***En dicha reserva, declarada como patrimonio mundial natural de la humanidad, se construye una carretera con financiamiento dudoso, además, se arrasa el bosque, crían ganado, los cazadores depredan a sus anchas y se sustraen piezas arqueológicas, alertan ambientalistas de Honduras

Por: Josué Quintana Gómez
Tegucigalpa, Honduras

Frenar la devastación forestal, cumplir con el proceso de saneamiento de los territorios y recuperar la gobernabilidad, de la mano de los pueblos autóctonos, son las acciones más urgentes para rescatar a la Biosfera de Río Plátano y que la totalidad de su bosque húmedo tropical no se pierda en menos de una década, alertaron ambientalistas de Honduras.

Para Jorge Salaverri, un ingeniero forestal que brinda expediciones científicas y de aventura desde hace 30 años en La Mosquitia, se deben ejecutar acciones cuanto antes para frenar todos los impactos, incluso en la zona núcleo, del área protegida más grande de Honduras.

“Hay que poner puntos de control por donde ingresan las personas, eso es urgente para parar la deforestación. Si las autoridades no frenan los descombros y seguimos a este paso, de cinco a ocho años perderemos toda la reserva y otros territorios prístinos de La Mosquitia. Al perder los territorios se pierde todo, sin territorio no hay cultura”, opinó Salaverri.

Añadió que un indígena sin bosque pierde su cultura y así la misma posibilidad de vivir dignamente, por lo que es necesario “darle seguimiento a una carta que se enviará a la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), en París (Francia), para que no nos dejen solos o únicamente nos pongan como sitio en peligro y aún peor quitarnos la categoría como sitio de patrimonio mundial. Lo que queremos es que la Biosfera sigua existiendo”.

De acuerdo al Instituto de Conservación Forestal (ICF) la Biosfera de Río Plátano (Gracias a Dios, Olancho y Colón) tiene una extensión de 8,323 kilómetros cuadrados y un 48 por ciento del área está titulada a nombre de los pueblos misquitos, pech, tawahkas y garífunas (4,005.7 km²).

Salaverri señala que la división de liderazgos le pasa una alta factura a la reserva porque esto impide que las comunidades autóctonas trabajen en equipo para conservar los recursos naturales. Además, señala que las autoridades no fomentan la unidad.

“Hay una gran amenaza con los Consejos Territoriales paralelos, en la Gobernación Departamental (Gracias a Dios) generan divisionismo al aceptar esas paralelas y esto debe investigarse, la mayoría de líderes de La Mosquitia son auténticos y no se han vendido, pero hay una minoría de pseudolíderes que generan división y hablan en nombre de los pueblos”, advirtió.

En la zona hay 12 Consejos Territoriales que son: Rayaka, Diunat, Batiasta, Bamiasta, Bakinasta, Katainasta, Auhya Yari, Finzmos, Truktsinasta, Wamakklisinasta, Lainasta y Watiasta; otro de la Tribu Pech de Las Marías, el Consejo de Desarrollo Territorial Barauda y la Federación Indígena Tawahka de Honduras, aglutinados todos en la Unidad de Pueblos Indígenas y Negros de La Mosquitia Hondureña (UPINMH).

Uno de los acontecimientos que recientemente expuso la división de liderazgos fue la construcción de una carretera ilegal y con financiamiento dudoso, que uniría a Dulce Nombre de Culmí (Olancho) con Wampusirpi (Gracias a Dios).

Salaverri aseguró que las consecuencias ambientales por la apertura de esta vía clandestina son grandes porque facilitarán la ganadería, cacería y tráfico de piezas arqueológicas, pero Mirna Wood, vicepresidenta de la Asociación Moskitia Asla Takanka (MASTA) la construcción tiene razones de interés colectivo.

“No es una narcocarretera, esto lo está haciendo el pueblo para no morir de hambre y que no perezcan nuestras embarazadas, ancianos y niños. Para que nuestros jóvenes puedan salir a estudiar a las ciudades. No es posible que venga un grupo y desprestigie este trabajo de los pueblos, son ellos los que han puesto la plata”, aseguró esta semana a los medios la dirigente.

“Nosotros como pueblos originarios tenemos el derecho de planificar nuestra propia política y desarrollo, de acuerdo a nuestra cosmovisión. Hemos determinado hacer nuestra carretera y solo Dios lo va a parar”, añadió Wood.

Aseguró que los Consejos Territoriales han sido tolerantes y permisivos con el incumplimiento del gobierno, por lo que no pueden esperar hasta que los burócratas lleguen.

En 2019, el Poder Ejecutivo conformó la “Comisión Mosquitia” (Decreto PCM  35-2019) para que se encargada de la titulación, ampliación, saneamiento y protección de los territorios y recursos naturales de esa región al nororiente hondureño.

La disposición acuerda que la Comisión se encargaría de “recibir, canalizar y dar seguimiento a las denuncias interpuestas por las ocupaciones ilegítimas por parte de terceros de mala fe” y a la misma vez “velar por el respeto y cumplimiento de los derechos ancestrales sobre los territorios de las comunidades en La Mosquitia”.

Por su parte, la ambientalista Dina Morel, directora del Comité para la Defensa y Desarrollo de la Flora y Fauna del Golfo de Fonseca (CODDEFFAGOLF), propuso que se haga un llamamiento internacional porque la institucionalidad hondureña no reacciona.

“Hay que hacer un mapeo de actores, me parece que es importante tener a las comunidades locales como una fuerza importante para que defiendan su territorio. También hay que ver que la institucionalidad está fraccionada en contra de los delitos ambientales, a las Fuerzas Armadas (Comando C9) les han delegado cuidar los bosques cuando tienen otra función y el ICF está dormido”, valoró.

Morel agregó que se deben hacer llamamientos internacionales para resolver los problemas de La Mosquitia porque la Fiscalía Especial del Medio Ambiente (FEMA) y las Tribunales no dan el ancho.

“Desgraciadamente son miles de denuncias las que se hacen, pero hay pocas respuestas de los operadores de justicia en Honduras, hay que hacer llamamientos urgentes”, concluyó.

Herencia arqueológica y Biodiversidad bajo amenaza

La Biosfera de Río Plátano posee innumerables sitios arqueológicos entre ellos la mítica Ciudad Blanca o Kaha kamasa, pero de acuerdo a Jorge Salaverri desde hace muchos años llegan extraños al lugar y roban muchas piezas antiguas.

El ICF tiene registro de 1,327 especies de flora y fauna en la reserva. La Mosquitia es la región con la mayor diversidad de aves en Honduras (513 especies de aves registradas) y representa el último y más grande santuario para la guara roja (Ara macao) y la Guara Verde (Ara ambiguus). Además, es el principal hábitat en Honduras del ave rapaz más poderosa del planeta, el águila arpía (Harpia harpyja).

Este santuario, también, viven algunos de los mamíferos más amenazados de Mesoamérica: la jagüilla (Tayassu pecari), el tapir (Tapirus bairdii) y el jaguar (Panthera onca). Es el hogar del místico y raro murciélago blanco hondureño (Ectophylla alba).

En las costas de Río Plátano anidan cuatro de las cinco especies de tortugas marinas que concurren en Honduras: las baula o laúd (Dermochelys coriacea), tortuga caguama o boba (Caretta caretta), tortuga verde (Chelonia mydas) y carey (Eretmochelys imbricata).

En abril de este año, HONDUDIARIO advirtió que la devastación forestal avanzaba en La Mosquitia y que esto afecta a la diversidad de flora y fauna hondureña. “La Biosfera del Río Plátano es considerada patrimonio de la humanidad, el pulmón de Centroamérica, pero durante estos últimos años ha sido devastada y masacrada por la deforestación y las autoridades no hacen nada”, exclamó Alejandro García, un guía turístico ceibeño.

“Nadie habla del tema, durante este año se ha incrementado la tala del bosque, en donde uno vaya caminando lo único que escucha es el motor de una motosierra y los árboles cayendo”, añadió.

Esta semana, el “Movimiento Patria” organizó una conferencia virtual y se conoció que técnicos del ICF fueron invitados, pero “no quisieron participar”. En La Mosquitia hay cuatro oficinas para la protección forestal, ubicadas en Marañones, Sico, Palacios y Wampusirpi.

Según el mismo ICF hay 11 técnicos, cinco guardarecursos y dos motoristas, personal que no es suficiente para manejar la Biosfera de Río Plátano, que mide 8,323 kilómetros cuadrados. Fotos: Alejandro García

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