Doña Desideria Pérez y su manos marcadas por el barro desde hace 55 años

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***La comunidad Lenca, que a lo largo de los años ha visto su lengua extinguirse y su cultura debilitarse, ha conseguido revivir a través de la alfarería, un arte en el que las protagonistas son las mujeres.

Por: Gabriel Ortiz
Tegucigalpa, Honduras

Lempira es uno de los departamentos de Honduras que cuenta con infinidad de lugares y personas que hacen que su riqueza sea invaluable; lista y dispuesta a ser conocida y apreciada por nacionales y extranjeros.

Uno de sus municipios, La Campa, a unos 16 kilómetros de la Ciudad de Gracias, es cuna de hondureños llenos de talento y riqueza histórica, que gracias a una gira preparada por el Instituto Hondureño de Turismo (IHT), Hondudiario pudo conocer un poco más para exponerlo a través de este artículo.

La Campa es uno de los municipios lempirences con un gran potencial turístico. Los hermosos y originales tallados en barro son un centro de especial atracción al turista.

Y precisamente, esas bellas obras de barro, que muchas veces salen del municipio hacia varias zonas del país, e incluso, trascendiendo fuera de las fronteras; tienen también una historia detrás.

La comunidad Lenca, que a lo largo de los años ha visto su lengua extinguirse y su cultura debilitarse, ha conseguido revivir a través de la alfarería, un arte en el que las protagonistas son las mujeres.

Doña Desideria Pérez, residente y originaria del municipio de La Campa, es una de las artistas que están detrás de muchas de estas hermosas piezas, ya que a través de sus manos se ha encargado de hacer de este oficio, una verdadera historia de vida con 55 años dedicándose a ello.

Hondudiario fue testigo de cómo de manera sencilla, pero con pasión, dedicación y delicadeza, doña Desideria se encarga de darle forma a muchas piezas de alfarería hechas con sus propias manos, de manera artesanal y utilizando únicamente materiales totalmente naturales.

La extraordinaria técnica de fabricar objetos de barro mantiene viva su esencia, ya que, desde pequeña, creció entre la alfarería, por lo que, 55 años después, la sigue manteniendo activa y poniendo a volar su creatividad.

“A mí me gustó desde pequeña, porque de ahí, cuando yo empecé a hacer mis primeras piezas, mi papá las vendía y me compraba mis cositas con ese dinero, mis juguetes, de ahí me nació que podía vivir de eso”, contó la experimentada mujer a este medio de comunicación.

Mencionó que, con este oficio, logró sacar adelante a sus 10 hijos, dándoles alimento, vestimenta, educación y lo que necesitaron en el transcurso de su crecimiento.

“Mis 10 hijos de ahí los eduqué, con barro, no hice otra actividad, entonces a mí por eso me gusta trabajar el barro”, mencionó.

Y es que, esa dedicación y crianza, llevó a que uno de sus hijos, Roberto Santos, sea en la actualidad el alcalde de La Campa, mientras que los demás, también lograron profesionalizarse.

La destacada mujer que cuenta con un taller de alfarería modesto, pero capaz de crear extraordinarias piezas, no escondió su alegría cada vez que los clientes adquieren sus productos, ya que aparte que son la fuente para subsistir, le llena el saber que aprecian su trabajo.

“Me siento contenta porque de ahí compro mis frijolitos y, además, porque sé que les ha gustado lo que he hecho con gran amor”, añadió.

Sus manos, su principal utensilio

El utensilio principal que doña Desideria emplea para crear sus extraordinarios trabajos son sus manos, preparando y amasando el barro y todo lo que necesita para darle forma a sus piezas; ya que no utiliza ninguna maquina o torniquete para ello.

Pero también, hace uso de olotes, algunos fragmentos de jícaro y un par de piedras extraídas de un pequeño río de la zona, como parte de sus herramientas.

Para darle el color rojizo a sus obras, no usa pintura o algún otro producto químico, sino, tierra que también prepara de forma manual, con procedimientos que requieren paciencia, pero que han sido base de su gran éxito.

No es un trabajo sencillo. El proceso de elaboración de esta alfarería es largo y laborioso con varias etapas de tratamiento de la arcilla, secado y moldeado. Es un proceso que conlleva días y métodos específicos, pero que una vez finalizados, dejan obras dignas de ser expuestas en cualquier rincón.

De esta forma, doña Desideria es uno de los ejemplos de las mujeres que, con esfuerzo y dedicación, son capaces de que el arte hondureño trascienda a través de manos marcadas por el barro, pero con una riqueza que merece que los hondureños y el mundo conozcan.

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